You are beautiful

lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo 6

4 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Trafalgar Square.
Eran ya las nueve, la hora a la que había quedado con él en esa plaza y seguía sin aparecer. Lana llevaba unos pantalones cortos de un rosa muy saturado, atados con un cinturón que parece una cadena y termina en dos plumas. En la parte de arriba se había puesto una camiseta, no muy larga, en color gris oscuro, ancha y de manga de tirantes sin escote ninguno. Para quitar el frío se había puesto una rebeca bastante larga de encaje, con un forro debajo que no dejaba pasar para nada la temperatura del ambiente. En los pies llevaba unas Vans en color negro y el pelo, como siempre, suelto, liso y con el flequillo hacia abajo. Se sentó en uno de los escalones de la plaza, observando como los turistas se subían a los leones y se hacían fotos encima de ellos. Recordó entonces una foto de ella de pequeña, antes de que sus padres se separara, con apenas un año, subida encima de uno de ellos junto a su madre. Pero esa foto siempre la entristecía, no porque fuera un mal momento, ambas sonreían aunque ella fuera muy pequeña, sino por el hecho de que al fondo de la foto se podían ver a los paparazzis. Ellos habían hecho que sus padres se separaran al difundir cada día rumores absurdos sobre infidelidades. Mientras pensaba en lo agobiante que sería para ella si supiera todo el mundo de quién es hija, un chico que conocía apareció por la esquina.
Llevaba el pelo completamente tapado con un gorro de lana gris y unas gafas negras cubrían sus ojos. Se había puesto un jersey azul marino, unos vaqueros blancos y unas Converse en el mismo color que la parte de arriba. Andaba de forma acelerada y mirando a todas partes, por si alguien lo reconocía. Inmediatamente, desde que cruzó la esquina de la plaza, una sonrisa apareció en sus labios al ver el pelo rubio muy claro de una chica en las escaleras. Se olvidó entonces de ir casi corriendo y empezó a avanzar con tranquilidad y muy feliz. Al acercarse más, la chica lo vio a él y se levantó para acercarse, lo que le sacó una sonrisa.
-¿Por qué sonríes tú? - Se paró antes de llegar a él y le devolvió la mirada.
-¿De verdad crees que alguien puede no sonreír a tu  lado? - Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, cogiéndola por la cintura.
-Por supuesto. - Mientras decía ésto se separaba de él y lo cogía del brazo. -¿Por qué llevas este gorro tan horrible?
Levantó el brazo que le quedaba libre y se lo quitó, dejando a la luz sus preciosos rizos todos aplastados. Inmediatamente giró la cabeza y se los arregló, quedándoles igual de perfectos que siempre. Entonces se acordó por qué lo llevaba e intentó quitarle el gorro a Lana, la cual lo ponía fuera de su alcance.
-Porque me gusta llevarlo. Dámelo, venga. - Ahora le ponía cara de cachorrito mientras ella lo miraba con una sonrisa de satisfacción.
-Oh, no, ni hablar. Primero que no me gusta. Segundo que es horrible. Tercero que te tapa tus rizos y, la verdad, me encantan. Así que de ponértelo de nuevo, nada de nada. - Cerró los ojos y puso la cara más dulce que podía, haciendo el papel de niña buena que la había ayudado tantas veces a conseguir lo que quería y obligando a lanzar un suspiro a Harry.
-Al menos devuélvemelo, ¿no? - Seguía estirando el brazo, con la esperanza de conseguir alcanzarlo en algún momento.
-Mmmm.... - Lo miró de arriba a abajo, como evaluando la situación. - Tal vez, pero solo tal vez, podamos hacer un trato. Bueno, más bien un intercambio. ¿Qué te parece?
Lo miraba expectante, esperando que aceptara para iniciarlo en su juego. Ahora conseguiré que me diga quién es. Al ver que tardaba mucho en decidirse volvió a hablar.
-Espero que sepas que si no aceptas no vas a volver a tener ni tu gorro ni tu jersey, el cual sigue en mi posesión... - Dejó el tema en el aire, girando la cabeza y dejando de mirar a su compañero para observar la calle por la que andaban.
-¿Me vas a obligar a darte algo a cambio de mis cosas? - Dijo mirándola con la sorpresa reflejada en sus ojos y enfatizando mucho el adjetivo posesivo.
-Eso es. - Se separó de él y se alejó corriendo un poco, mientras le enseñaba el gorro y sacaba el jersey de su bolso.
-¡Vale, intercambiamos, pero ven! - Se revolvió en el sitio en el que estaba, nervioso, sabiendo que si alguien lo reconocía tendría que irse de allí y no quería separarse de Lana.
-Así me gusta. - Dijo volviendo a su lado y sonriendo con satisfacción. -Tienes que decirme la verdad, y te devuelvo ambas cosas.
-¿La verdad sobre qué? - La miró con el ceño fruncido y sin saber a qué se refería.
-Sobre quién eres. - Ya no sonreía y se le veía en la mirada que quería saber todo lo que tuviera relación con eso, y él supo verlo, suspirando y armándose de fuerza para hablar.
-Soy Harry Edward Styles, tengo 19 años. - La miró con la esperanza de que eso fuera suficiente, pero ella quería más. - Soy... cantante. Mundialmente conocido y con dos discos grabados. Y ahora estoy de gira dando conciertos en Reino Unido e Irlanda, ahora en Londres, igual que el día que nos conocimos en Cardiff.
Suspiró entre aliviado y cansado de recordar todo lo que eso significaba. Como tenía los ojos cerrados nos vio como la chica que iba a su lado se acercaba lentamente a sus labios hasta rozarlos con ternura y delicadeza.
-No solo te has ganado la ropa. - Ambos abrieron los ojos y sonreían. -¿Seguimos?
Harry asintió con la cabeza y movió las piernas para empezar a avanzar, pero su mente estaba mucho más lejos. Lo sabe, lo sabe y no le importa. Algo dentro de él le decía que eso era importante, pero otra parte se moría de ganas por preguntar cómo lo había averiguado. ¿Y si no quiere hablar del tema? Se mordió el labio en señal de preocupación y frunció el entrecejo, como llevaba haciendo bastantes veces desde hacía un tiempo.
-¿Harry, estás ahí? - Lana lo miraba expectante, con la curiosidad reflejada en su mirada; al ver que asentía con la cabeza, continuó hablando. -Que digo que si quieres ir a una cafetería normal o te llevo a un sitio especial.
-No hace falta que me lo piense dos veces, a donde tú quieras. - Volvió a sonreír y a mirar hacia delante, aunque ahora ambos andaban callados; se armó de valor para preguntárselo. -Lana...
-Dime. - En ese momento se puso delante suya para andar por una acera estrecha por la que solo cabía una persona y lo cogió de  la mano para no tener que separarse de él.
-Ya sabías quién era. - No era una pregunta, sino una afirmación y Lana asintió con la cabeza dándole la razón. -¿Cómo lo supiste?
Empezó a reírse suavemente, como tratando de ocultar que lo estaba haciendo, mientras sorteaba los obstáculos como farolas o postes de luz de la acera de una forma muy ágil y rápida, a Harry le recordó a una bailarina.
-Así. - Entonces se paró sonriendo y miró a su derecha, dónde había una pared llena de carteles enormes de conciertos.
Harry agachó la cabeza con una sonrisa que expresaba muchas cosas. Entre ellas sorpresa, porque no se esperaba que lo hubiese descubierto así, también había ironía porque había tratado de ocultarle algo que estaba delante de sus ojos y por último, pero no menos importante, una sonrisa que tapaba el momento de preguntarle qué le parecía su música. Estuvieron un rato en silencio, yendo por esa calle sin apenas acera y casi muriendo cada vez que pasaba un coche, cuando Lana habló de nuevo.
-¿No quieres saber qué me parece tu música? - No lo miraba y tampoco sonreía, pero en sus ojos había un brillo de felicidad.
-No me atrevía a preguntar. - En un arrebato de sinceridad, le dijo lo que en ese momento pensaba.
-Pues no deberías de tenerlo, me encantan todas. - Se giró para que viera como sonreía y se diera cuenta de que estaba siendo sincera.
-¿De verdad? - Su mirada se iluminó y una gran sonrisa apareció en sus labios. -¿Cuál es tu canción favorita?
Habían vuelto a andar, aunque ahora habían girado y estaban en una calle un poco más ancha, por lo que ya estaban de nuevo cogidos del brazo y el uno al lado del otro.
-She. Definitivamente, She es mi canción favorita. - Se paró unos segundos para recordar el resto de canciones que no le habían llamado tanto la atención. -Y, creo que del primer disco, las que más me gustan son Moments More Than This. Soy mucho de canciones lentas, por si no te habías fijado.
Le sacó una sonrisa y ella lo miró, contagiándose de ésta. Segundos después, bajó sus ojos y miró hacia el suelo.
-Y me identifico bastante con Same Mistakes. - Lo dijo suavemente, como si no quisiera que su interlocutor se enterara, pero éste estaba tan pendiente de ella que le fue imposible no escucharlo.
Entonces a Harry se le escapó una pequeña lágrima, de la que Lana no se dio cuenta. Se la quitó rápidamente y la abrazó fuertemente. Ella se dejó y no dijo nada ni hizo nada por apartarse. Que bien huele. Era lo único en lo que podía pensar, en eso y en la letra de la canción que había compuesto él, tanto letra como música. She trataba de una chica, una chica que conoció por casualidad y que lo volvía loco. Jugaba con él y se había vuelto adicto a ella, mostrando lo doloroso que puede ser amar y no ser amado. Era una canción lenta, cantada entera por él y que se encontraba en un pack especial lanzado hacía pocos días con cinco canciones cantadas enteras por cada uno de los miembros de la banda, que ella ya la hubiera escuchado le llegó al corazón. Y más aún sabiendo que She, era ella. La chica rubia que tenía entre sus brazos era la misma que protagonizaba su canción favorita.
-¿Y la tuya? - Aún seguían juntos, disfrutando de la seguridad que le daba estar en los brazos del otro.
-La mía está entre mis brazos. - Se separó de ella y con una mano empezó a acariciarle la mejilla.
Ella cerró los ojos y disfrutó del tacto suave de las preciosas manos de Harry, que la transportaban a un lugar muy alejado de allí. Poco a poco, él se acercó más, cerrando los ojos y poniendo sus labios en los de ella. Lentamente, tras varios segundos así, el beso se hizo más intenso. Cuando pararon a respirar, ambos sonreían y empezaron a avanzar tranquilamente, hablando con felicidad en sus voces de cualquier tema. Ninguno quería pensar en lo que tenían. ¿Qué es lo que pasa entre nosotros? Ambos querían la respuesta a esa pregunta, pero no la formulaban en alto. Les gustaba la relación que tenían ahora, ese juego de niños que incluía cosas de adultos. Sin compromiso, sin celos, sin presiones, sin etiquetas, sin fechas. Sin problemas, ¿o tal vez sí que los hubiera?
Dicen que los corazones rebeldes no pueden romperse, pero ¿quién dice que dos personas con esa mentalidad no pueden destrozarse la una a la otra?
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Hoy nuestro fandom se viste de negro, la muerte de dos Directioners marca el día de hoy. Manon y Lydia, siempre seréis recordadas. xx

2 comentarios:

  1. No recuerdo cómo he encontrado tu blog, pero me encanta lo que escribes, así que no me arrepiento :3
    Me gusta mucho!! No tardes en subir el siguiente xx

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  2. brbrbrbrb que perfffffffff que es tu fanfic.

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No me importa lo que digas, siempre es bien recibida una buena crítica, pero lo que sea, desde el respeto por favor. Gracias, eres hamor ^^.