You are beautiful

viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 16

6 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. 10:37 am, casa de Louis y Harry.
Miraba el reloj a cada segundo después de haberse ido Louis. Tal vez lleve razón y oculte algo... Ladeó la cabeza y se colocó el pelo bien de nuevo. En ese momento bajó la vista y observó cómo iba vestido: una simple camiseta blanca con las costuras en azul, vaqueros oscuros y converse blanca; algo sencillo, al fin y al cabo, ¿iba a acabar sin ella? Puso los ojos en blanco y dibujó una sonrisa, pero la quiero. 
Se levantó y fue al frigorífico para ver qué cupcakes había comprado su amigo y se sorprendió. Allí, en los pastelitos, había un mensaje escrito en glasé rojo: no duermo en casa. Su sonrisa se ensanchó y no pudo evitar una carcajada. Entonces, sin previo aviso, empezó a desternillarse sin control, pero antes de querer darse cuenta escuchó levemente el sonido de la puerta. ¿Qué se abrá dejado Louis? Se preguntaba vagamente, sin darse cuenta de que si fuera él, hubiera abierto con sus llaves.
Cogió el móvil de su bolsillo derecho y se acercó a la puerta sin mirar por donde iba, sin despegar los ojos de la luminosa pantalla. Dando pasos inconscientemente, llegó y abrió. No se atrevía a pensar en los número que veía que le decían que ella ya llegaba 20 minutos tarde e ignoraba el sentimiento que lo recorría por dentro de que no aparecería. Unos pies pasaron bajo su descentrada mirada, pero no fue la visión lo que le hizo levantar la cabeza, sino el ruido de tacones. ¿Qué hace Louis con... Y al levantar sus preciosos ojos verdes la encontró a ella, sonriéndole pícaramente. 
Al principio se quedó parado, creyendo que tal vez fuera la vecina del tercero, que estaba constantemente subiendo a su casa pidiendo sal, y cada vez con menos tela recubriendo su cuerpo... Pero no, allí estaba ella, y él apenas se lo podía creer. ¿Por qué no puedo pensar que sea real? ¿Qué me está pasando? Pero sí que sabía la respuesta a esa pregunta, se llamaba enamorarse y ya lo había sentido antes. 
-Bueno... - empezó a decir Lana, ya que veía que Harry no iba a hacer nada-, supongo que el beso te lo tendré que dar... yo.
Rápidamente se acercó a sus finos labios y los presionó, al principio con dulzura, con la suavidad típica de una niña que acaricia el rubio cabello de su muñeco, pero después la pasión llegó a ellos. Lentamente acompasaban sus respiraciones, las manos de ella se entrelazaban con los suaves rizos de él, cuyas manos recorrían la espalda de la chica que sujetaban.  Con un fuerte y potente movimiento la levantó y ella cruzó sus delgadas piernas alrededor de su cintura. 

La pasión se avivaba entre ellos a cada segundo que sus labios permanecían en contacto, pero el ruido de la puerta al cerrarse por el viento los despertó. ¿Qué está haciendo? Se separó de ella y la dejó caer lenta y suavemente al suelo, como si se fuera a romper. Sus tacones resonaron en el parqué y crearon un silencio desgarrador. El ceño de Lana se encontraba fruncido, así como los labios de Harry, que se morían por hablar.
-¿Qué ha pasado? - El fuego que ardía entre ambos verdes parecía enfriar y calentar al mismo tiempo toda la estancia, que no era para nada pequeña.
-Juegas conmigo. - No era una pregunta, sino una afirmación, que ambos se dieron cuenta de que provenía de lo más profundo del corazón.
Pasó un tiempo que a los dos se les hizo eterno, unos segundos llenos de incertidumbre y tensión, llenos de pensamientos... pero con pocos latidos. Nada parecía tener sentido en ese momento, nada parecía significar lo que significaba segundos antes, nada parecía seguir la misma dirección...
Lana se movió cuidadosamente dentro de la sala, sin mediar palabra con el chico del pelo rizado que lo miraba con expresión indescifrable. Anduvo con tranquilidad hasta el salón, observando detenidamente cada pequeño detalle; las cortinas de un suave dorado que daba calor, las lámparas de diseño con miles de pequeñas lucecitas que parecían estrellas, un gran ventanal que dejaba ver las preciosas vistas de la ciudad. Había visto muchas casas, en los lugares más bonitos del mundo y con los muebles más cuidadosamente elegidos, pero había algo en aquella que la hacía especial. Dio vueltas con los ojos y entonces lo descubrió, era esa pared cubierta de fotos. Había carteles, cartas, todo tipo de recuerdos enviados por fans, peluches en el suelo y cientos de muestras de amor hacia ellos dos. Sonrió con dulzura y se sentó en el sofá de cuero marrón, quitándose los zapatos y cruzando las piernas bajo su cuerpo.
-¿Y tú conmigo no? - Levantó los ojos con una pizca de indiferencia brillando en su  profunda mirada. -Te lanzas desde el principio a decirme lo que sientes, pero no eres si quiera capaz de ver que tienes miedo.
Enderezó la espalda y sonrió débilmente, rozando sus espesas y negras pestañas con algún pelo del flequillo. El chico del pelo rizado frunció el ceño sin entender a qué se refería.
-Todavía tienes a ese gran amor escondido en lo más profundo de tu corazón, y te asusta; - se levantó con sutil elegancia y apoyó sus delicados pies en la suave y clara alfombra que destacaba en la oscura y cálida madera.
Fue andando lentamente con pasos de bailarina mientras movía delicadamente la cadera hasta situarse detrás de Harry, que la observaba moverse con una mirada brillante y los labios fruncidos. Se colocó en su espalda y acercó su boca a la escondida oreja del chico.
-Pero la mejor manera de superar los miedos, - empezó a decir con un susurro que lo hizo estremecerse de arriba a abajo; -es enfrentarse a ellos.
Se adelantó y miró hacia atrás sonriendo con los ojos. Entonces se revolvió el pelo y se alejó de vuelta al sofá andando de la misma forma. Harry se quedó observando con los puños cerrados inconscientemente como se ponía sus botines negros y se miraba las manos con curiosidad, enseñando sus largas uñas pintadas en un rojo pasión. Su casi blanca melena refulgía con la grisácea luz que entraba del gran ventanal y sus negros ojos contrastaban con su blanquecina piel. De pronto algo le trajo a la memoria muchos momentos de su vida en los que nunca creyó que volvería a pensar, pero había algo raro en ellos...
Movió la cabeza de un lado a otro y olvidó completamente esos últimos segundos, justo a tiempo para oler la colonia de jazmines de Lana y verla salir por la puerta con tranquilidad. Oyó tras él el golpe y su corazón se encogió. Igual que la última vez. Los azules ojos de Caroline aparecieron delante suya brillando, el sabor acaramelado de sus labios volvió a su paladar, el sonido de su voz retumbó en sus oídos, fue capaz de sentir el tacto de su suave piel de nuevo bajo sus dedos y el sutil aroma a vainilla que desprendía su pelo lo cautivó de nuevo. Cerró los ojos con un dolor en el corazón que creía desterrado para siempre tras conocer a Lana. Lana...
De pronto sus pies empezaron a moverse más rápido de lo que nunca creyó que lo harían tras una chica en la que su corazón creía. Las imágenes de su anterior novia habían aparecido fuertes y sin avisar, pero las de ella brillaban más que nunca en su interior. Notaba su corazón palpitar a gran velocidad mientras bajaba las escaleras de los quince pisos que lo separaban del suelo. ¿Por qué demonios nunca están los ascensores en la última planta? Llegó a la planta baja sin aliento y apenas aire, pero a tiempo. Las puertas se abrieron tras un 'clic' y ella salió, con la mirada gacha y sin sonreír. Pero antes de que pudiera darse cuenta se lanzó a ella ávido de sus besos.
Los labios de él se encontraron con los de ella, y el impulso los hizo entrar en el ascensor. Harry pulsó el botón del último piso mientras acariciaba su cuello suavemente con dulces besos.
-Ayúdame a superarlo. - Se separó de ella y la miró a los ojos, reteniendo su cara con las manos y frente contra frente. -Déjame demostrarte que el miedo no va a ganar la batalla. Que puedo hacerte feliz, que puedo volver a estar con alguien...
Paró durante un segundo. El tiempo parecía haberse detenido y Lana se dio cuenta de que su sonrisa brillaba más que nunca. ¿Qué está pasando? Tenía la respuesta a esa pregunta, pero no estaba aun preparada para si quiera pensar en ella. Entonces Harry volvió a hablar, haciéndole soñar de nuevo con tener esos labios presionando contra los suyos.
-Déjame demostrarte que te quiero. - Algún día seré capaz de volver a decir yo lo mismo. 
Y con este último pensamiento se lanzó a él, entregándole sus besos, su cuerpo, su tiempo. Y, sin saberlo, su corazón...
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Tamborileaba con los dedos en la pared de aquél gran y brillante ascensor. La espera se le estaba haciendo eterna, y los nervios empezaban a recorrerla. Odio que estas revistas siempre tengan que tener las vistas en lo más alto. Miraba de un lado a otro con los ojos entrecerrados sin parar ni un segundo. De pronto se escuchó un 'clic' y las anchas puertas se abrieron, dando paso a una blanca recepción. La decoración minimalista reflectaba la luz que entraba tras las paredes de cristal y hacía que la estancia pareciera aun más grande de lo que era.
Alexia se acercó con pasos firmes a la mesa de la recepcionista y carraspeó, esperando ser invitada a hablar. Una chica de grandes ojos marrones y el pelo rubio y corto levantó la mirada. La observó durante unos segundos y volvió a bajar la vista, tecleó un par de palabras en el ordenador y marcó el uno en el teléfono. Segundos después se escuchó el sonido de haber descolgado y la recepcionista habló:
-Voy a acompañar a la chica hasta su despacho. -Acto seguido pulsó el botón rojo y se levantó. -Sígame por aquí, por favor.
La chica de los ojos azules avanzó con una sonrisa de superioridad pintada en su suave e infantil rostro. Había algunas personas trabajando con sus ordenadores, imprimiendo fotos o simplemente limándose las uñas, y al final de ese gran piso, estaba la oficina a la que la llevaban. La mujer tocó la puerta con suavidad y se escuchó un grave y profundo 'adelante' proveniente del interior. Le abrió la puerta y pasó, cerrándose tras ella sin ningún ruido.
Por un momento se quedó sin respiración, el hombre que se encontraba en frente suya observándola la miraba amenazante y nunca antes nadie había sido tan imponente. Pero fue solo un pequeño instante tras el que se recompuso y empezó a avanzar con paso firme hasta sentarse en el sillón de cuero que le estaba esperando. Sin mediar palabra, metió la mano en su bolso y sacó el teléfono móvil. Buscó las imágenes y lo bloqueó de nuevo.
-Como ya sabrá, - empezó a decir el hombre con su profunda voz, e hizo que un escalofrío recorriera todo el cuerpo de Alexia, - está usted en una revista en la que trabajan profesionales, entre los que me incluyo yo.  He de aclararle, - continuó mostrando fiereza en el tono de su voz, -que los sábados por la mañana no entran en mi horario de trabajo y que si estoy aquí es por única y exclusiva petición suya. Así que, al menos, podía haber tenido la decencia de una presentación adecuada a la situación.
La chica se quedó de piedra. No recordaba haber tenido más miedo en su vida, de hecho no recordaba tener miedo desde hacía años, pero había algo en el hombre que tenía en frente que parecía intimidarla más que nada en el mundo. Quería hablar,  pero las palabras no salían de su boca. El hombre, suspirando y mostrando una sonrisa de impaciencia en su cara, habló de nuevo.
-Pero muéstreme, vamos, - empezó a decir con un cierto tono de burla, -no sea tímida y ya que me ha hecho perder el tiempo, que al menos haya valido la  pena.
Sin ser capaz de decir nada desbloqueó el teléfono, marcó la contraseña y le enseñó la primera foto del beso . Algo en su mente se activó cuando vio que el hombre parecía bastante interesado en ellas, así que rápidamente apartó el aparato de cerca suya.
-Como verá, -Empezó a decir intentando parecer calmada, -su tiempo ya ha sido pagado con la primera de las fotos. Ahora, - una sonrisa con una pizca de malicia apareció en su rostro, -yo también tengo que ser recompensada. -Cogió el móvil y pasó a la siguiente de las imágenes. -Y estoy segura de que el dinero a cambio será mucho mayor con... esto.
La foto de la cara de Lana apareció delante del hombre, que se quedó atónito. Le sonaban ese verde, esa sonrisa, ese achinamiento de ojos en las fotos... La hija de Donahue. Inmediatamente bajó el teléfono, sabiendo que esa fotos no podían salir a la luz.
-Seis mil libras. -Dijo con potencia y determinación en su voz. Los ojos de Alexia se abrieron de par en par, nunca habría sido capaz de esperar tantísmo dinero, -y la exclusividad de que nunca nadie más verá esas fotos.
-Trato hecho. -Dijo con la voz más firme que pudo, pero en su interior la felicidad la embriagaba.
¿Cuánto dinero más me vas a dar, eh, Lana? 
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IMPORTANTE: he perdido la lista en la que tengo apuntada a la gente que aviso, así que si me lo decís de nuevo pues... mejor. De todas formas yo apuntaré de nuevo a la que avisé la última vez. Y si no quieres que te avise más me lo dices y listo:)
Mes y medio y aquí estoy de nuevo. Juju. Espero que os haya gustado al menos, voy a ver si puedo subir más a menudo pero no creo, porque apenas escribo ya y tengo más proyectos en mente y pfpfpfpfpfpfpfpf. Y nada eso, que felices fiestas a todas y que espero que estéis pasando unas buenas y merecidas vacaciones:). Por cierto, ¿qué pasará con las fotos de Lana y Harry? Porque recordemos que ella es una persona anónima y que él está acostumbrado, pero ¿cómo afectará esto en la forma en la que Lana actúa junto a Harry? Lalalalalala.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Capítulo 15

6 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Trafalgar Square. 
Ya era la hora, se iba a encontrar con ella de un instante a otro. Tocaba su bolso de vez en cuando, comprobando que aun seguían ahí todos los billetes. Pues sí que le costó la entrada... Empezaba a arrepentirse de su decisión, pero en ese momento le pareció la más correcta; una pobre chica que solo quería cumplir su sueño... no podía dejarla tirada. Y la forma de llorar. Le había llegado a lo más profundo del corazón.
Poco a poco fue apareciendo, con la melena rubia recogida en una coleta alta. Llevaba rimmel y la raya negra, además de una sencilla camiseta de manga larga blanca con coderas oscuras y unos vaqueros. Pensó que esa chica era brillante, que era especial, que había algo en ella que la hacía única... pero no supo decir el qué; como un aura distinta.
Llevaba una dulce sonrisa dibujada en sus rosados labios y en sus ojos se reflejaba felicidad. Andaba tranquila, apoyando con fuerza el suelo bajo sus converse y daba la sensación de que el mundo temblaba a su alrededor.
Una sensación de miedo la recorrió y un mal presentimiento la hizo fruncir el ceño. Qué extraño... Hasta hacía segundos la había visto perfecta, y ahora le parecía... escalofriante, capaz de todo y de pasar por encima de cualquiera que se interpusiera en su camino. Y temió haberse equivocado con ella. Giró la cabeza de un lado a otro, eliminando todas las tonterías que en ese momento pasaban por ella.
Se acercó a ella, ya sonriendo, y la abrazó. Fue débil, suave, con miedo a romperla, pero ella se lo devolvió con fuerza e ímpetu.
-Gracias, - empezó a decir en voz medio baja, procurando que solo Lana la escuchara -, de verdad, me has salvado. - Una lágrima descendió por su blanquecina mejilla. - Mi madre ya se ha dado cuenta de todo el dinero que le falta, está fatal, no sabe qué vamos a hacer este mes...
Su mentón tembló y empezó a llorar desconsoladamente, sin poder parar. Respirando con fuerza y sorbiendo por la nariz. Estuvo minutos así, encerrada en los brazos de la chica rubia que tenía delante y tratando de recuperar fuerzas. Definitivamente me había equivocado con ella. 
Suspiró pesadamente y miró fijamente al suelo, dándose palabras de ánimo.
-Vamos Alexia, no seas niña chica. - Aumentó de tamaño su pecho y fijó sus azulados ojos en los verdosos de Lana. - Lo siento... Todavía no se lo he dicho y... no sé cómo agradecértelo.
Y la rodeó con sus delicados brazos de nuevo, reteniéndola con más fuerza aun. Entonces la más alta se separó un poco y sacó de dentro de su bolso una cajita de metal de promoción de CocaCola de hacía bastantes años. Se la entregó y la vió sorprenderse.
-Ahí está todo. - Le dedicó una dulce sonrisa y añadió. -Me quedaría encantada el resto del día contigo, pero tengo que irme. -Tocó de nuevo la caja, que yacía en las finas y delicadas manos de Alexia. -Dentro está mi teléfono, llámame para lo que sea.
Le guiñó un ojo y le dio un abrazo, para luego alejarse entre la multitud. La pequeña chica rubia se quedó allí, observando a las personas de su alrededor y en como ninguna podría sospechar lo que había dentro de esa caja; y mucho menos lo que haría a continuación. Enarcó las cejas y avanzó con paso ligero hasta la estación de taxis. Próxima parada: miles de libras más y tal vez, a arruinar la vida de esa chica. Soltó una de sus frías carcajadas y entró por la negra puerta del coche que la llevaría a la redacción de la revista.
Casa de Harry y Louis.
-¿Cómo de tarde llega? - La dulce voz de un chico de ojos azules salía de la cocina.
El del pelo rizado suspiró mirando el reloj. Las diez y media. Se quedó unos segundos con la vista fija en la esfera numérica cuando se acordó de que no estaba solo. Levantó la cabeza y se encontró con Louis, que lo observaba con una cerveza en la mano desde la puerta de la cocina.
Le iba a contestar que había quedado justo ahora cuando se escuchó el timbre del portero. Rápidamente, Harry se levantó bajo la inquisitiva mirada de su compañero y fue a cogerlo. Descolgó e, inconscientemente, una sonrisa apareció en sus labios al pensar que volvería a ver a Lana. Tío, estás loco, ¡la viste ayer! Pero ni diciéndose eso a él mismo consiguió acallar los latidos de su corazón, que ahora estaban acelerados.
-¿Si? - Preguntó pulsando el botón que lo comunicaba con el portero.
-Señor, el repartido de The Hummingbird Bakery está aquí. - Su entrecejo se frunció en un gesto de sorpresa.
-¿Pasteles? Pero si yo no he... - Soltó el botón y miró a su derecha.
Y ahí estaba, Louis tirado en el suelo muerto de la risa con la cerveza sujetada por dos débiles dedos. Le lanzó una última mirada de odio y se volvió a comunicar.
-Sí, dígale que suba. - Bajó el mango de la puerta y la dejó entreabierta.
Avanzó hasta Louis que le tendió una mano pidiéndole ayuda para levantarse mientras seguía sin parar de reír en el suelo. Harry lo levantó y, en cuanto estuvo en el aire, le pegó en la nuca.
-¡Eh! - Se quejó el agredido. - Me despiertas a las diez un sábado, y encima que hago que te traigan el desayuno, me lo devuelves así. Además, te lo debía por lo de ayer... - El chico del pelo rizado le lanzó una mirada de odio y empezó a andar hacia las escaleras.- ¡No sé cómo seguimos siendo amigos!
Chilló mientras Harry subía las escaleras al piso en el que se encontraban las habitaciones. Entonces se dio cuenta de que ya estaba vestido y preparado para la visita que venía, y que estuviera en esa parte de la casa no podía significar nada bueno.
Echó a correr subiendo los escalones de dos en dos y se encontró lo que más temía.
-No, Harry, eso sí que no. - Levantó las manos en señal de rendición, de una paz que no aventuraba nada bueno entre esos dos individuos. - Deja las tijeras donde yo pueda verlas...
Pero el delincuente las cerró alrededor de la prenda que sostenía entre sus manos. Los ojos de Louis se salieron de sus órbitas y se lanzó hacia su amigo, que apretó más fuerte la tijera para pararlo.
-¿Has quedado ya con Eleanor? - Preguntó sin separar ni un milímetro el afilado metal, que rozaba peligrosamente la delicada tela.
-S...sí. - Intentó acercarse lentamente pero su amigo frunció con más fuerza el arma entre sus manos, lo que hizo que se separara y mantuviera su gesto pacifista. - Vamos Harold, la camiseta del partido no... por favor...
Pero el del pelo rizado no se apiadó de él. Con una mirada que exigía respuestas rápidas, habló como él siempre hacía, lento y grave.
-¿Te vas a ir ya? - En los ojos del preguntado apareció un débil brillo.
-Sí. - Se atrevió un poco más, deseando que su tortura tocara a su fin. -Vamos, H, que sabes que esa camiseta es importante...
El nombrado con una sola letra enarcó una ceja y dibujó una sonrisa con un deje infantil y un débil brillo de superioridad.
-Entonces ya sabes qué hacer... - Pero el que llevaba unos pantalones rojos no se movió ni un ápice, así que   volvió a hablar con su profunda voz: - Y no vuelvas hasta mañana.
Su compañero suspiró cerrando los ojos. Se dio la vuelta lentamente y, tras dos pasos, giró la cabeza y dijo con pesadez en su voz:
-Ya sabes que esa chica... - Pero no puedo terminar la frase cuando el timbre de la puerta sonó.
Harry bajó las tijeras y la importante camiseta suspirando y poniendo los ojos en blanco, mientras Louis respiraba aliviado. El de los ojos azules bajó lentamente las escaleras mientras el del pelo rizado entraba de nuevo en la habitación de su amigo y colocaba con cuidado la tela en el armario. Después fue a su propio cuarto y vio los cojines perfectamente colocados, la colcha estirada y completamente lisa, las suaves cortinas recogidas en unos preciosos lazos de tonos ocre... Nadie pensaría que era el lugar donde duerme un chico normal de 19 años; aunque claro, él no era normal.
Suspiró pensando en todo lo que había cambiado su vida, y sin darse cuenta sonrió. No sería un chico cualquiera que va a la universidad cada día, pero tenía la vida de sus sueños; y había conocido a una chica especial. Escuchó vagamente la conversación entre Louis y el repartidor y salió, cerrando con cuidado la clara puerta. Descendió con una sonrisa dibujada en sus finos labios.
-He pedido todos los que te gustan, - retumbó la voz dulce voz de su amigo en el piso de abajo, -hasta los caros esos, los que tienen animalitos de glasé...
Ambas miradas se encontraron y el del extraño peinado puso cara de burla mientras entraba a la cocina.
-Para que luego me abandones por una chica... -Paró durante un segundo mientras se volvía a asomar, ya sin la bandeja en la mano y observaba la cara divertida de Harry con una ceja levantada. - Y encima como ella... ¡Y no me defiendes!
El benjamín continuó con su expresión mientras hablaba, pero por alguna razón no perdía la felicidad, se sentía tan afortunado en ese momento...
-¿Qué pasa con ella? - Se apoyó en la blanca pared de su amplia y luminosa cocina. -¿Por qué no te gusta, Louis?
El aludido se quedó parado durante un segundo sujetando el pomo de la gran y metálica puerta del frigorífico; acto seguido lo apretó con fuerza y la abrió, haciendo retumbar las botellas de cristal del interior. Con cuidado, y aun ignorando a su amigo colocó la bandeja de cupcakes en la tercera balda y dobló más la espalda hasta llegar al cajón de las verduras. Entonces cogió un manojo de zanahorias y se acercó a la mesa.
Miró a Harry, que seguía en la pared apoyado y se sentó en uno de los oscuros taburetes. Bajó la cabeza haciéndole un gesto de que fuera, al cual obedeció sin problemas.
-¿Y bien? - Su grave y modulada voz dio paso a que su compañero empezara la explicación.
-Veamos, - separó cinco zanahorias y las puso todas juntas encima de un bote decorativo. -Supongamos que estos somos nosotros en el coche la noche que la conocimos.
Cogió a dos de ellas y las levantó, empezando a hablar con voz aguda.
-¡Oh Louis, eres el mejor! Te quiero mucho, eres mi vida, ¡no me dejes nunca! - Al que representaba el vegetal empezó a reír descontroladamente encima de la clara encimera mientras que el de los pantalones rojos lo acercaba al muñeco que era él. - No, Harry, no puedo. ¡Tengo novia! Pero te amo igual, no me dejes nunca.
Las lágrimas por la risa descendía por las mejillas del chico de los hoyuelos, que no podía más que ver la parte divertida de la vida, además, ¿qué era lo más difícil de ella aparte de andar por la calle sin echarse fotos?
-¿Ese es el problema, -respiraba entrecortadamente mientras que a su amigo se le escapaba alguna que otra carcajada y hacía como que daba pequeños besos con sus representaciones; - que nosotros zanahoria nos queremos mucho?
Puso los ojos en blanco y sacó su BlackBerry con una sonrisa dibujada en su rostro. Bajo la atenta mirada de su compañero, que escondía el resto de su cara en sus brazos, la colocó delante de "ellos".
-No, Hazz, éste es el problema. - El aludido frunció el entrecejo, aun con la húmeda marca de la risa. - Que a simple vista parece lo mejor de lo mejor, - entonces sacó la batería del móvil y cerró de nuevo la tapa, -pero no hace falta mucho para darse cuenta de que falla algo.
Levantó la mano con el negro aparato, que ahora apenas pesaba, dando a demostrar que ese era el evidente fallo.
-¿Lo peor? - Dejó la BlackBerry cerca de la batería y juntó ambas manos, apoyándose en sus codos y mirando directamente a los verdes ojos de su amigo. - Hay algunos señoritos de pelo rizado que solo son capaces de ver lo bonito que es el recubrimiento brillante de la funda.
Durante cerca de un minuto permaneció todo congelado: la conversación, la cocina, el reloj del móvil.
-Así que por eso no me gusta Lana. - Se levantó y guardó de nuevo las zanahorias, mientras que Harry no se movió ni un milímetro. - Esconde algo... y no es bueno.
Y lo averiguaré por ti. Se prometió a sí mismo mientras cogía las llaves de su coche y salía sin mirar atrás por la pesada puerta de su casa.
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HOLA HOLAAAAAA hoy no ha pasado un mes, eso es "bueno" aunque el capítulo es caca. Y nada, eso, que este capítulo lleva escrito muuucho tiempo, y da la casualidad que decido publicarlo cuando todo lo de Larry y tal... y es que además trata muchos de los temas que se están discutiendo pero bah, en el anterior estaban enfadados y en este están perfectamente, y así espero que sea todo con ellos siempre:) Por cierto, ¿qué es lo que creéis que hará Louis para averiguar cosas sobre Lana? Y el principio del capítulo, la revista a la que va Alexia, ¿qué pasará cuando las fotos salgan a la luz? JUJU
P.D.: quiero tantos coments como en el otro, porfis :')

lunes, 29 de octubre de 2012

Capítulo 14

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, backstage.
Una chica de larga y castaña melena se deslizaba por ese pasillo laberíntico en busca y captura de su amiga. Increíble. Se iba repitiendo una y otra vez a sí misma. En la misma noche la habían dejado sola en medio de una multitud de fans, todas pertenecientes a la misma familia que ella, para después entrar a una sala cuadrada donde se realizarían los M&G y que, mientras esperaba nerviosa en ella, la llamara seguridad para acudir y encontrarse de vuelta a Lana y  Harry. Después, la chica en cuestión había desaparecido y, los chicos de su grupo favorito habían ido a hablar con ella. Más tarde, en el camerino de dos de ellos, le habían pedido que les contara la historia de su amiga, y ella, guiada por su instinto, lo había hecho. A pesar de que me advirtió que no sabían nada de su vida...
Pero la noche no había concluido ahí. El chico del pelo rizado, el que hacía que los ojos de Lana brillaran de una forma especial, lo había escuchado todo, o eso parecía; y sin previo aviso había salido corriendo. Supongo que para buscarla... Y en ese momento supo que ya no hacía nada allí, y salió tranquilamente. Pero, cuando parecía que se iba a librar de más líos en tan pocas horas, sintió que la llamaban y se giró. Y allí, a metros de ella, estaba el chico misterioso, con sus ojos caramelo. Este le había pedido una cita, con una rosa, sin ni si quiera saber su nombre... Y ella lo había rechazado. ¡Qué absurdo! Y se echó a reír.
Sin poder parar, carcajada tras carcajada. Se estaba quedando sin aire y sin fuerzas. Se deslizó por la pared hasta quedar en el suelo. Pasaron varios minutos, se daba cuenta, pero el oxígeno seguía abandonando sus pulmones sin piedad. La barriga le dolía, mucho. No recordaba la última vez que se había reído de aquella forma... tal vez fuera esa tarde de un mes atrás con Lana. Sí, esa fue. 
Ya había vuelto a la normalidad, aunque estaba segura de que en el momento en el que algo le pareciera divertido volvería a su estado anterior... Se lo tengo que contar a David. Eso sí, omitiendo la última parte... Y lanzó una última carcajada. Mejor me voy ya a casa.
Sacó su móvil y le tecleó un mensaje a su amiga, ya tendría tiempo de hablar con ella de esa noche. Ahora se iba a su hogar, a disfrutar de los labios de su novio, de las rosas que sabía que le tenía preparadas, de un regalo sorpresa que Sarah no había querido desvelarle... Le quiero. Y una sonrisa apareció en su preciosa cara mientras pensaba en esa noche.
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El silencio se había apoderado de la habitación. Si una mariposa hubiera suspirado, las ventanas habrían retumbado con el sonido de su dulce desprender de aire. Una chica de clara melena y ojos verdes y profundos como la selva miraban a los de un chico de pelo rizado; a unos pocos pasos tras él, el hielo del azul de su mejor amigo.
¿Realmente ha sido tan estúpido como para decirle te quiero? No podía creerse lo que acababa de hacer. ¡Qué se acostaron la primera vez que se vieron, a saber con cuántos lo habrá hecho! La fiereza de sus pensamientos se reflejaba en su mirada. Con los ojos entornados, quemando a su amigo por la espalda, intentaba que rectificara sus palabras, que rehiciera ese momento, que recapacitara de sus acciones. Pero no lo consiguió. Seguían allí, diciéndose tanto sin decir, y sintiendo que Louis sobraba.
¿Qué coño hace? ¿Por qué no se va? Se preguntaba Harry. Pero no podía hacer nada. No quería que ningún sonido más saliera de su boca. Tenía la extraña sensación de que cualquier movimiento que hiciera espantaría a la chica que tenía delante, con un brillo indescifrable en sus ojos y las lágrimas secándose en ellos.
-Louis, - se armó de valor la preciosa chica, y con una voz gutural que le salió de algún lugar que Lana desconocía, habló -, vete, por favor.
No había cambiado ni un ápice la dirección de su mirada, seguía fija en él.
¡¿Cómo se atreve...?! Esperaba que Harry lo defendiera, que le pidiera quedarse, estar a su lado, que lo necesitaba, pero ese momento no llegó. Con aun más odio se fue de esa habitación, cerrando la puerta con más ruido del necesario y descargando así parte de su furia con la pobre madera que tan poca culpa tenía.
Ahora sí podía hablar. No hubiera sido capaz de hablar con él si había algún desconocido cerca. Será su compañero, pero a mi no me aguanta y mucho menos voy a tener esta conversación delante suya... Ahora no era el momento de eso. Bajó lentamente los párpados y movió la cabeza de un lado a otro para eliminar todos esos pensamientos absurdos; era el momento del corazón.
-Harry, - volvió a fijar su verde selva en sus claras esmeraldas y mantuvo la voz firme, decidida, real -, no estoy preparada. - Esperó unos segundos para que él pudiera asimilarlo.
 No quería, no podía soportar, que se fuera de nuevo. Tenía que escucharla, conocerla, al fin y al cabo, ¿qué sabemos el uno del otro? Nada. Y era verdad. Tendría que pasar tiempo, muchos momentos, miradas, sonrisas, abrazos, caricias, cariño... Demasiadas cosas que aun no habían tenido lugar en el poco tiempo que habían estado juntos.
-Si sabes la historia, mi historia, lo entenderás. - Volvió a detenerse. Al menos no está tenso, no como antes. Pensó, y la alivió por dentro.
Estaba sobrellevando un peso demasiado fuerte en su corazón en ese instante. Tarde o temprano se derrumbaría, lo sabía, estaba segura, pero si él aguantaba a su lado, tal vez... Ladeó la cabeza de nuevo y se levantó, quedando a la altura de sus ojos. Lo miró directamente a ellos, con una pasión extraña reflejada en los suyos. Acarició sus rizos con suavidad, como si fuera un hilo de seda apunto de romperse. Pero las telas de araña son resistentes, pensó en un ataque de ironía.
-Si... - tragó saliva inconsciente y casi inperceptiblemente -, si me quieres tanto como dices, ¿esperarás?
Realmente en ese momento no quería ninguna respuesta, con los ojos se lo podía decir todo. Pero una barrera de plomo apareció en ellos. Empezaba a preocuparse cuando esta desapareció y un brillo empezó a centellear.
Tiene que ser mía. No podía dejar de sentir dentro de su interior. Como un tesoro, un pequeño diamante, mi pequeño diamente, mi niña... Hacía tanto tiempo que no tenía a nadie a quien llamar así. La melancolía lo recorrió por dentro y lo sumergió en sus recuerdos, y allí estaba Caroline, sonriéndole en la cama bajo esas sábanas blancas que tan bien conocía... Pero ahora no era el momento de recordar, sino de actuar. Y se lanzó a los brazos de ella.
Quedaron sumergidos entonces en un abrazo eterno, único, diferente, suyo y de nadie más... Pero él necesitaba del dulce sabor de sus besos, y se separó de ella, para coger su suave cara entre sus grandes manos, y lentamente acercarla. Poco a poco la atrajo hacia sí, cerrando con cuidado los ojos.
Para cuando sus labios se rozaron, parecía haber pasado una eternidad entre la última vez que lo hicieron. Las chispas volvieron a saltar entre ellos, refulgiendo en sus estómagos y desatando un torrente de sensaciones.
Y, cuando se alejaron de nuevo para descansar ella en el hombro de él, Harry le susurró a Lana al oído:
-Te quiero, no lo olvides princesa. - Y le dedicó un suave beso en la oreja.
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Mismo tiempo, Londres, afueras de The O2 Arena. 
Una chica de melena rubia y ojos azules caminaba tranquila por las calles de alrededor del lugar en el que había terminado hacía poco uno de los mejores conciertos de su vida. Iba pensando en sus cosas, en la carrera que se había tenido que dar esta tarde, ¡pues sí que eran pesado los dos con el teléfono! Soltó una risita por lo bajo. ¡Y se creen que no he visto lo que escondían! Volvió a lanzar una carcajada a la nada mientras se subía a un taxi. Que tendré catorce años, pero sé usar un teléfono... ilusos. 
-Vaya a St. Thomas, en Southwark. - Empezó a buscar algo dentro de su bolso. - Y rápido.
Sacó entonces su teléfono y tecleó una larga y difícil clave. Muy concentrada en lo que estaba haciendo y disfrutando bien poco de la ciudad iluminada revisaba todos los archivos del aparato. Y ahí estaban, las imágenes de Harry Styles besándose con la chica que mañana le daría 600 libras por una mentira que se había inventado... Que bien me vino que esa vecina comprara entradas... Pobre. Y empezó a reír fuertemente. ¿Desde cuándo ella sentía pena por nadie? Desde nunca. 
Delante de ella, con preocupación por lo extraña que era su clienta, el taxista la observaba por el cristal. Le había pedido ir bastante lejos y la cuenta ascendía a más de veinticinco libras ya... ¿Tendrá dinero esta chiquilla? No le dio tiempo a pensarlo más cuando, parado en un semáforo, escuchó la puerta abrirse y a ella salir. Mierda, se maldijo sabiendo que no podía hacer nada.
Pero en ese instante ella no pensaba en el pobre hombre, sino en marcar correctamente el número de teléfono. Avanzaba tranquila por esas calles oscuras, sin preocuparse  por nada más que por todo el dinero que iba a ganar. Un pitido, dos, tres, y alguien lo cogió. Era la voz de una mujer, bastante áspera y amargada. Necesita una noche loca... Rió y el sonido del otro lado volvió a retumbar en su oreja.
-¿Hola?
-Sí, - por supuesto, en sus planes no entraba el pedirle perdón por reírse de ella... -, soy Alexia Ivanov. No escucho el bolígrafo, ¿lo estás escribiendo?
Estaba empezando a enfadarse, ¿cómo se le ocurría a esa don nadie no apuntar su perfecto y precioso nombre? Pero la mujer no encontró motivo para pelear con ella, al fin y al cabo, eran más de las doce y solo estaba allí por si aparecía alguna noticia de última hora, y si esto no era una broma, parecía que su trabajo por fin iba a dar algún fruto.
-Ya está. - Soltó un suspiro que exasperó aun más a la chica, ya de por sí bastante alterada. - ¿Cuál es el motivo de su llamada?
-A las doce estoy en sus oficinas, procure que el director de la revista tenga una buena oferta de dinero y esté disponible para hablar conmigo. - De nuevo no se escuchaba el rasgueo de la tinta sobre el papel. - ¿Me escucha? ¡Le he dicho que apunte las cosas!
La mujer, completamente fuera de sus casillas, empezó a chillar.
-¡¿Pero quién se cree que es?! ¡Es mi trabajo y yo sé cómo hacerlo! ¡El director no viene a trabajar los sábados! ¡Si no quiere nada, déjeme en paz! - No estoy para bromas.
-Cállese, mañana a esa hora estoy allí. - La mujer estaba aturdida, sorprendida de la frialdad que había adquirido el tono de la supuesta Alexia. - Tengo fotos de Harry Styles besando a una chica, apúntelo.
Y colgó sin dar más tiempo a nada. Que de gente estúpida hay trabajando en las revistas del corazón... Levantó las cejas y bajó los párpados con resignación mientras abría una desvencijada puerta verde. Mañana se avecinaba un gran día y el principio de su nueva vida, en la que estaba segura, le iba a ir mejor.
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¡¡¡¡¡¡¡¡LITTLE THINGS ES PERFECCIÓN, Y VOY AL TMH TOUR!!!!!!!! Y, tras la euforia, ¿qué os ha parecido? He tardado un mes en subir... lo sé, pero me da la impresión de que cada vez me lee menos gente y me comenta aun menos :( Y bueno, que este se lo dedico a todas las directioners que vayan a cumplir su sueño el 31 o en Mayo, no importa, pero que los vayan a ver. Y nada, quiero opiniones. ¿Cómo creéis que reaccionará Louis cuando esté a solas con Harry y lo puedan hablar? ¿Tiene algún futuro esa chispa que se ha encendido entre Zayn y Nie? Y la joven y dulce Alexia, ¿conseguirá su nueva vida pisoteando al ricitos y a la chica de las fotos? Y la pregunta clave, ¿estará alguna vez preparada Lana para volver a amar?

domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 13

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, backstage.
El aire de la habitación quedó congelado. Liam se encontraba aguantando la respiración. Él había sufrido mucho en su vida hasta realizar su sueño, y podía entenderla. Lana nunca le había trasmitido el ser como Nie la había descrito. La había conocido como una chica borde, en muchas ocasiones con prontos antipáticos y parecía que solo quería hacer daño a Harry... cuando ella era a la que más le habían hecho. Simpatizó completamente con ella y miró a Niall, que parecía perdido en los ojos de la chica.
Wow. No solía importarle demasiado la vida del resto de las personas, ya  que nunca se había considerado a sí mismo alguien cotilla, pero ella... simplemente wow. Nunca se hubiera imaginado que podría haber pasado por todo aquello, quedarse sola de esa forma y más tarde tener un problema de salud tan grave. Yo no podría vivir sin comer. Y mientras su mente jugueteaba con esos pensamientos, no podía apartar sus ojos de los grisáceos de la chica que tenía en frente. En su mirada veía a una princesa, no a una simple adolescente escondida tras una larga melena. Y en ese instante supo que quien la tuviera para siempre, sería el hombre más afortunado del mundo.
En el mismo instante, un chico con camiseta de rayas miraba hacia el sofá, en el que se encontraba el cuerpo tenso de su mejor amigo. No sabía qué hacía ahí, pero intuía que nada bueno. La noche se había presentado con muchas sorpresas; primero su desaparición, tras una reaparición minutos antes del concierto y, con él, dos chicas, de las cuales una de ellas era Lana. Y se estaban mirando, de una forma especial, única. No quiero verlo sufrir. Es lo único en lo que podía pensar. Lo observaba detenidamente, como no recordaba haber hecho antes y lo vio mover los dedos. Y entonces se dio cuenta.
Se acercó lentamente bajo la atenta mirada de los otros tres y con el ceño fruncido, sin hacer ruido. Cuando lo tuvo justo debajo lo vio cerrar los ojos bruscamente y lo supo. Supo que había escuchado toda la historia, toda la vida de Lana, y ahora sería imposible alejarla de él, porque no se lo permitiría. Aunque si tal vez ella fuera como Nie decía que era... Movió la cabeza de un lado a otro, y abrió los labios para hablar.
-Harry, sé que estás despierto. - En cuanto pronunció las palabras, el aludido se levantó y salió por la puerta  murmurando por lo bajo.
Louis lo siguió, saliendo justo detrás suya y dando un portazo. El corazón de Nie estaba paralizado y su mirada permanecía gacha, pero en cuanto el fuerte sonido de la puerta llegó a sus oídos, supo que era el momento de irse y se levantó. Sin darle un último vistazo a los dos chicos que tenía a ambos lados, atravesó la puerta y la cerró con cuidado.
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¿Qué ha sido eso? Se preguntaba con los ojos cerrados mientras se encontraba tumbado en ese sofá azul. El teléfono seguía sonando: llamadas, mensajes, PINGS, WhatsApp's; y todos los ignoraba. No quería saber nada más del mundo, pero ese ruido había despertado su curiosidad. Salió sigilosamente y cerró con cuidado la puerta. Cuando levantó la vista del pomo la vio allí, alejándose tranquilamente. Su larga melena se movía de un lado a otro a cada paso que ella daba, y en su interior algo se activó. Tenía que verla, hablar con ella, escuchar su voz... algo le decía que sería más que mágica.
-¡Eh! - No llegó a moverse, pero el silencio del pasillo hizo que ella lo escuchara y se girara, sorprendida a verlo.
No puede ser. Zayn Malik la acababa de llamar. Creo que estoy muerta. Tenía la boca entreabierta y los ojos desorbitados. Era él, en persona. El primero en el que ella se fijaba siempre era Liam, con su increíble corazón y su preciosa sonrisa, pero había algo en el chico moreno que no la dejaba respirar. Su halo de misterio, su sonrisa ladeada, sus penetrantes ojos, su perfecta voz... Era él, y ahora lo tenía a menos de cuatro metros de distancia.
Es preciosa. Pensó inconscientemente. Giró la cabeza y eliminó esos pensamientos de ella, tengo novia, se recordó a sí mismo. Pero de su mente se borraron por completo esos pensamientos; ahora una pregunta lo recorría por dentro, y tenía que saber la respuesta.
-¿Puedo preguntarte una cosa? - Nunca se había caracterizado por ser el más lanzado y el menos vergonzoso, y mucho menos por preguntar cualquier cosa a cualquier desconocido que pasara cerca de él, así que fue con cuidado.
Tal vez no sea Directioner, sino alguien que trabaja aquí. Y no le gustaba nada tratar mal a los empleados sin los cuales no se podría realizar su sueño. Aunque debería de realizarlo en solitario. Se asustó de sus propios pensamientos. Lo recorrían y aparecían en su mente como como ráfagas repentinas de viento, o pequeñas tormentas de verano que vienen y van, que te empapan y dejan el recuerdo de su presencia en el frío de tus huesos y en la humedad del ambiente... Ladeó de nuevo la cabeza y le sonrió, como si no hubiera pasado nada.
-Claro Zayn, lo que sea. - Contrólate. 
No podía permitirse parecer infantil, ni lanzarse a chillarle, ni correr a sus brazos a pedirle una foto y un autógrafo. Inconscientemente se llevó la mano al bolso y agarró con fuerza sus discos, que parecían vibrar con la impaciencia de ser firmados. Mantenía la mirada en un punto fijo, alejado completamente de los ojos caramelos del chico, pero sin que él se pudiera llegar a dar cuenta de esto; no estaba entre sus posibilidades el derrumbarse y dejar salir a la luz todos los sentimientos que la recorrían por dentro en ese momento.
Adelante, se dijo a sí mismo. Sin que se llegara a dar cuenta, tomó aire y la miró directamente a esas preciosas piedras grises que brillaban en esa luz artificial del pasillo, las cuales parecían perdidas en algún sitio alejado.
-¿Saldrías con un desconocido? - Le sonrió de forma elocuente, dando a entender el significado de su pregunta.
Pero ella no necesitaba ese pequeño gesto, esa sutil invitación; lo había captado a la primera. Sabía ya la respuesta de antemano, pero decidió jugar un poco; al fin y al cabo, su timidez había quedado olvidada varios minutos atrás.
-Depende de cómo me la pidiera. - Le dedicó el dulce detalle de elevar la comisura de sus labios con delicadeza, y levantando su mano derecha se llevó parte de su larga melena tras la oreja. Él, en cambio, pensó rápido y se acordó de esas flores que tenía dentro del camerino.
Bajo la atenta y sorprendida mirada de Nie, entró de nuevo en la habitación y se fue directamente al final, con decisión en sus pasos. Extendió el brazo y cogió una rosa, rojo pasión, como a ella le gustaban; con ese olor tan parecido a su perfume, que hacían que cuando moviera su claro cabello la habitación pareciera el jardín más bello... Levantó sus ardientes ojos y se observó en el espejo. ¿Qué estoy haciendo? Y sin quererlo las perlas grises que refulgían metros más atrás se vieron reflejadas en el espejo. Estaba allí, en la puerta, dubitativa, preguntándose qué haría él.
Se giró rápidamente, pero no la vio en el lugar en el que creía. Tembló la cabeza por un segundo y la sonrisa volvió a brillar en su cara. Salió con tranquilidad, sin realmente pararse a pensar en lo que estaba haciendo. Y allí sí se encontraba.
Lentamente, se fue acercando a ella, que reía descontroladamente y sin poder parar. Le puso la rosa delante suya y se lo volvió a preguntar.
-¿Si lo hace de esta forma? - Las carcajadas de ella habían dejado de sonar y ahora se mordía el labio, divertida.
Pero un brillo especial en su mirada le advirtió de que algo iba mal. No puede ser. Tras todo lo que había ignorado por ella, por esa completa desconocida de la que ni si quiera sabía el nombre, no sería capaz de admitir su derrota.
-Lo siento Zayn... pero no. - Ahora sus párpados habían descendido, dejando una mirada triste en sus ojos. -Tú y yo, ambos tenemos pareja. - Con cuidado, casi con miedo, le acarició la zona de la barbilla, donde su fuerte vello asomaba oscureciendo aun más su tez. - No creo que a ninguno les haga mucha gracia.
La rosa descendió rápidamente de la mano del chico, que la mantenía en alto aun con la esperanza de conseguir lo que se  proponía. Pero no había remedio, en este caso, el corazón había perdido la batalla al cerebro, que siempre había insistido en que eso era una mala idea y había quedado acallado por los estruendosos latidos del corazón.
Su desilusión era casi palpable, sus brazos permanecían lánguidos y caídos sin fuerza ni para levantar esa rosa, que cayó al suelo sin ruido alguno, sin dejar rastro de su presencia, sin dejar cicatrices de su encuentro.  Ambos se miraban a los ojos. El uno pensando en Perrie, la otra pensando en el chico que, al llegar a casa, la esperaría con un ramo de rosas al completo para celebrar su medio año juntos. Él no sabía que ella estaba al corriente de sus planes, pero la pequeña Sarah, con su rubia melena, había delatado a su hermano tiempo atrás; a veces es una mala idea llevar a las hermanas pequeñas a comprar el regalo de las novias.
Se miraban, intensamente, aunque con los pensamientos flotando en una nube de personas y recuerdos cada uno distintos. Entonces se acordó de Lana, y después de Harry, y el haber contado su historia se le vino encima, y la reacción de él... Ha sido mi culpa, se decía a sí misma. Y decidió buscarla.
Sonrió débilmente, con miedo nuevamente. Había conocido a su ídolo, el cual le había pedido una cita y la había rechazado... Nunca se hubiera imaginado capaz de ello. Pero la vida sigue su curso y ella ahora tenía que ayudar a una amiga a la que, estaba segura, había metido en un buen lío.
-Bueno... creo que debería irme.- Le dio unos segundos a Zayn para que reaccionara, pero no obtuvo respuesta alguna; supuso que estaría pensando en otras cosas, como por ejemplo en las pocas chicas que, aparte de ella, lo había rechazado. -¿Hasta otra?
Bajo la sorpresa de ambos, se sonrieron sinceramente, dejando como marca de aquel encuentro ese recuerdo.
-Claro. - Las miradas refulgían más intensamente ahora, y entonces se acordó. -Pero... no sé tu nombre.
Claro, nadie se lo ha dicho. Se rió exageradamente, sin llegar a entender muy bien el por qué, pero no podía parar. Cuando su respiración se lo permitió, le respondió lo primero que se pasó por su mente.
-Si realmente quieres saberlo, lo averiguarás.- Y sin darle tiempo a contestar se dio la vuelta y empezó a andar, yendo a buscar a una amiga que podía estar en cualquier lugar.
-¡Eh! - La llamó a lo lejos, necesitaba saber su nombre, pero esta vez ella no se giró.
Levantó la mano e hizo un gesto de despedida, dando por finalizado aquel encuentro. En sus labios una sonrisa dibujada, en sus ojos un nuevo brillo, su pelo yendo de lado a lado, en sus caderas un movimiento insinuante.
No me equivocaba, su voz es mágica. Y se marchó por donde había venido, intranquilo, con el recuerdo de una nueva y  preciosa sonrisa, con las señales de esos ojos grises en su precioso caramelo fundido, con una cara conocida sin nombre, y con el corazón a mil.
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En el mismo lugar, a tan solo unos metros, en la primera puerta, minutos antes del encuentro, una chica encogida sobre sí misma y con los ojos cristalizados, se culpaba de ese detalle. No podía permitirse llorar, ser infeliz. Había sufrido, le tocaba ya su turno, ¿no? Debería de ser todo al revés... Era cierto que jugar con los hombres la hacía sentirse poderosa. Dejarlos con ganas, esperando en la puerta a que ella saliera para llevarla a su piso; pero nunca aparecía, y el calentón los acompañaba hasta su hogar, donde harían cosas para hacerlo desaparecer. Era buena, muy buena. Al fin y al cabo, he aprendido de la mejor. Soltó una carcajada gutural, escalofriante, triste, vacía, sucia. Maldita Blair... Ella tendría que estar ahora con Brown, feliz, en casa viendo una película y disfrutando del sabor de sus labios. Pero bueno, ¿desde cuándo no lo llamo yo por su nombre? ¿Tanto he cambiado? Pero no obtuvo respuesta, porque ya la sabía. Sí, había cambiado, por necesidad. Y mientras todos estos pensamientos la bombardeaban, escuchó la puerta abrirse. Pero no levantó la mirada, no quería saber quién estaba ahí, solo quería que se fuera, que la dejara tranquila con sus cosas; ella, su cerebro y su corazón, como tanto tiempo atrás... Pero era su voz, y en ese momento se dio cuenta de que si era él, no quería dejar se que alejara.
-¡Louis, cállate! - Lo miraba directamente a los ojos, desafiante. Verde contra azul, tierra contra mar, elemento contra elemento.
Entonces se giró a Lana, que estaba allí con sus grandes pestañas negras casi empapadas y el ceño fruncido. Volvió a no pensar, ya que no encontraba motivo para ello. Esa chica de delante suya era especial, única, impredecible, divertida; la quería para él. Y si tenía que demostrárselo, lo haría.
-Lana, - el tono de su voz adquirió una nota desafiante, alentadora a cualquiera que se atreviera a tocarla a vérselas con él -, me da igual lo que te haya hecho el cretino ese. Te demostraré que yo soy distinto, y me da igual la forma, porque te quiero.
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LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO DE VERDAD. Prometí subir la semana pasada y al final subo esta cuando ya acaba... pero he estado bastante ocupada con las clases y pffffffff supongo que si no vuelvo a subir la semana que viene, sera la otra ya sabeis:) Al caso. Es largo, infinito, y apenas hay parte de Lana y Harry, y la poca que hay está al final porque me daba cosilla no ponerla... Pero... ¿qué pasará ahora con Lana y Harry? ¿Dejará ella que él se meta en su vida o lo echará para no dejar de sufrir? ¿Le pasará factura alguna vez el jugar con los hombres a la chica de la peluca? ¿Y Nie y Zayn? Ambos con pareja  acaban de tener un momento así... ¿se quedará en solo recuerdos?  Y una pregunta esencial: ¿qué harán los hombres que esperan a Lana sin que ella aparezca? Nah, esa olvidadla. [JAJAJAJAJAJAJAJAJJAJA]
. Y bueno esta frase: "Me encanta tu fanfic, sigue así y me tendrás enamora' de por vida *_* ajajajajaja -Sara. " es @SSaronna9, LEED SU FANFIC ES PERFECTO [en TWITPIC], que leyó los capítulos anteriores y me dejó este en el borrador del 13.

martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 12 [Parte 2]


-Llevábamos dos trimestres en ese colegio, ella y yo apenas había intercambiado unas pocas palabras. Blair la protegía, nadie podía acercarse a ella y los chicos... le tenían miedo. Era como su hermana gemela, jamás se separaban. Por todo el patio del recreo corrían rumores de cualquier clase. Que si Lana y ella habían robado una joyería y por eso tenían un collar nuevo las dos. Que si habían hecho un trío con el director de un banco y les pasaba dinero... - Miró a los chicos con una sonrisa en la cara.
Por supuesto no se creían esos rumores, pero circulaban constantemente y peores por las bocas de sus compañeros. Era la pareja más envidiada de cualquier clase y con el bombón más deseado de todas. Sin poder evitarlo empezó a reír, ahora todo aquello le parecía tan divertido. Los collares eran de un bazar y el director del banco era el tío de Blair. Estuvo durante cerca de un minuto recordando todas las cosas que había escuchado, y mientras, no podía parar de reír.
Harry, al mismo tiempo, escuchaba atento y completamente inmóvil mirando al respaldo del sofá. Nunca se había parado a pensar como había sido la vida de Lana, y nunca la hubiera imaginado. La veía tan madura, tan poco ilusa, tan llamativa... Nunca se le hubiera pasado por la mente que estaba a la sombra de su mejor amiga, y menos que ella sería de esa forma. Aunque claro, ahora que se paraba a pensar de verdad, la habían conocido estando borracha y corriendo por callejones de una ciudad que no era la suya. Todo era demasiado raro. Necesitaba atar cabos, y lo necesitaba ya.
-Dejando aparte todos esos rumores absurdos - prosiguió Nie -, Lana y Brown se empezaron a gustar. Todos sabíamos que entre ellos acabaría por haber algo, solo tenía que fijarte en la forma en la que él la miraba... Sus ojos azules brillaban al verla sonreír y siempre que eso pasaba se acercaba a ella. Mientras hablaban normal, si te fijabas bien, lo podías ver evitando la tentación de besarla. Se unía un poco más cada vez a su cuerpo, en muchas ocasiones sus narices rozaban, y siempre sonaba la campana. Pero ahí estaba ella, Blair, con su larga melena girada en la dirección contraria. Estaba celosa. Su tesoro, su protegida, estaba cayendo poco a poco bajo los encantos de su amigo. No podía permitirlo, pero falló. Empezaron a salir.
>Nunca le he preguntado cómo fue, ya que nunca he sacado el tema, pero un día tras un fin de semana llegaron ambos cogidos de la mano y por fin había besos de verdad. Durante la primera semana Blair no se acercó a ellos, estaba siempre con nosotras. No hablaba, no mandaba, no nos pedía nada; y eso era raro. - Volvió a dejar en el aire sus palabras, intentando recordar aquella conversación. -Todavía pienso muchas veces en lo que me dijo cuando le pregunté qué pasaba. Sus palabras exactas fueron: le estoy dando libertad para que saboree la miel, pero la abeja reina nunca deja que se coman todo lo que produce. Supongo que desde el primer momento había tenido sentimientos contradictorios hacia él; por una parte le gustaba, por la otra lo odiaba por estar con su mejor amiga y habérsela arrebatado.
>Tras esos cinco días, las cosas volvieron a la normalidad. Ellas dos estaban juntas, inseparables, y Brown con sus amigos. Pero salían, solo que habían decidido no pasar más tiempo del debido juntos, ninguno quería perder a las personas que querían por centrarse demasiado en su relación.
> Pasó un año. Ese verano Blair jamás habló con alguna de nosotras, ni se preocupó por llamar, y a la vuelta de las clases nunca nos dirigía la palabra. Había cambiado mucho, estaba más seca, más dura, más letal: algunas de sus miradas mataban. La parejita seguía felizmente unida, y Blair estaba cada vez más dentro. Tanto que los días que Lana no estaba, por cualquier motivo, ella no se separaba de él.
Miró hacia delante, fijándose en Harry, el cual llevaba el mismo nombre del energúmeno del que Lana se había enamorado. Pero ese dato prefirió omitirlo, no era necesario.
-Al principio a Brown se le veía molesto con su presencia; quería a su chica solo para él y no pensaba separarse de ella ni un segundo. La sonrisa de Lana no desaparecía de su cara y el brillo de sus ojos jamás lo he vuelto a ver en ella. Pero después... las cosas cambiaron. Blair no era una Barbie, en cambio él si era un Ken, que cayó en sus redes. Mientras la chica con la que salía era dulce, como una princesa, la otra que podía llegar a tener era sexy, resultona, juguetona. - La típica p**a pensó. -Y no pudo evitarlo.
>Los tres meses de calor Lana se fue a Francia a mejorar el idioma y ellos aprovecharon. No se les veía juntos en las calles como pareja, pero si era costumbre que fueran a casa del uno o del otro. Lo sé porque los vi entrando en ambos portales. El chófer de Brown los llevaba continuamente a su casa en la playa y allí se quedaban solos. Por como se miraban no creo que jugaran al parchís, la verdad.
Rió ante su propia comparación. Harry no podía cerrar los ojos. Tenía la sensación de que si lo hacía se perdería parte de la historia, y no podía permitirlo. No estaba seguro de si su corazón seguía latiendo, pero esperaba poder reponerse de esa historia. No se imaginaba lo duro que podía haber sido que las dos personas a las que ella más quería, y las únicas por lo que sabía hasta ahora, la traicionaran de esa manera. Ahora entendía lo que quería haberle explicado Lana, era esto mismo que ahora escuchaba a escondidas. Nie volvió a hablar y aguzó su oído.
-Y luego ella volvió. Durante todo Septiembre notó algo raro. Los veía diferentes. Yo los observaba desde lejos y me fijé en una escena que jamás olvidaré: Lana se acercaba a los labios de Brown para besarlos y él... se comía a Blair con la mirada. Ya no la quería. Parecía que sus sentimientos por ella iban a ser interminables, pero acabaron bastante pronto. Nadie habría apostado porque no llegarían a los dos años.
>Y entonces en Octubre... Lana se enteró. No sé cómo, la verdad, pero estuvo una semana sin venir en la que ellos dos no paraban de aprovechar para unirse una y otra vez. No me extrañaría que los hubiera pillado , la verdad. Cuando volvió a clase no era capaz de atender. No aprobaba ni un examen, y ella siempre ha sacado las mejores notas de la clase. En medio de una lección se iba a llorar al baño y no volvía. Faltaba días y días seguidos, hasta que un día él desapareció. A mediados de Diciembre, Brown se fue del colegio.
>Todos pensamos que se habría ido de vacaciones antes de lo previsto, pero tras el final de los días libres, no volvió a vérsele el pelo. Y un par de meses después, la que no volvió a aparecer fue Blair.
Bajó los ojos, pensando en lo duro que todo esto había tenido que ser para su amiga, y en cómo había repercutido no solo sobre sus notas, sino sobre su salud.
-Pero entonces ya estaba solucionado el problema, ¿no? - Louis habló y sacó a Nie de sus ensoñaciones, pero lo miró de tal forma que se asustó y explicó inmediatamente sus argumentos. -Quiero decir, se fueron ellos dos, ¿no se pudo olvidar de ambos?
Lo miró fuertemente, no queriendo explicar lo que venía a continuación, pero sabiendo que una vez había empezado, debía seguir.
-Louis, fue más allá de eso. - Dejó de hablar una casi imperceptible milésima de segundo y retomó la historia. -¿No creéis que Lana está demasiado delgada? Porque dejó de comer por completo. Al principio era porque no tenía fuerzas, se sentía débil y apenas hablaba, así que para masticar y hacer la digestión menos todavía. Cuando se fue Brown, que recobró algo de su anterior energía, lo hizo porque se veía gorda, creyendo que la había abandonado por no tener el perfecto cuerpo de Blair. Su padre la mandó casi todo Enero a un centro de rehabilitación especializado.
>Podéis pensar que era una exagerada. ¡Dejar de comer porque tu novio te es infiel con tu única y mejor amiga, qué estupidez! Pero jamás he visto a una persona más enamorada que ella de él. El brillo de sus ojos era único, el más bonito, y se había apagado completamente.
El corazón de Harry latía ahora a mil por hora. Ella lo había querido más que a nada en el mundo y pensaba que Brown a ella igual. ¡Y al tonto de él se le ocurría decírselo! Ahora entendía su reacción. ¿Cómo le habrán dolido mis palabras? No pudo evitar sentirse mal, muy mal, como nunca antes lo había hecho. Pero lo siguiente que escuchó lo dejó sin aire, y estuvo seguro de que su corazón había parado de bombear sangre un segundo.
-Hasta que llegó el fin de semana de su cumpleaños, a principios de Marzo, y por lo que me he enterado, fue cuando conoció a Harry. - Paró de hablar durante un segundo intentando buscar las palabras correctas.- El brillo de sus ojos volvió... y más fuerte que nunca.
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Tres semanas después y subo. Sí, matadme que me lo merezco. Pero es que llevo sin escribir todo ese tiempo y más y pf, me quedo sin caps jo... Bueno, ¿qué os ha parecido el capítulo? Es bastante esperable, la verdad. Pero genera muchas preguntas, ¿cómo empezaron Lana y Brown? ¿Cómo se enteró? ¿Qué ha pasado con ellos dos? CHAN CHAN. Pero la pregunta más importante... ¿qué hará Harry ahora? Porque os recuerdo que se había quedado destrozado... Y nada, que espero que os haya gustado, y también espero llegar a 5 comentarios, que se que puedo y prometo subir la semana que viene:) Por cierto, se lo dedico mi Sara, porque es especial.

domingo, 26 de agosto de 2012

Capítulo 12 [Parte 1]

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, backstage.
-Perrie, cielo, no empieces... -Un chico de pelo negro y piel bronceada hablaba por teléfono.
Hacía semanas que vivía entre una pelea y otra. Se encontraba en su camerino, sin compartirlo con ninguno de sus compañeros; no quería que lo escucharan discutir y chillarle al teléfono como ya hacía tanto tiempo. Venía siendo costumbre estar ausente y no separarse de su BlackBerry, que lo acompañaba hasta el baño, y con la que estaba todo el día dando explicaciones.
La situación había empezado cuando la chica, su chica, había pensado que una carrera en solitario sería mejor para él. Ya había llegado a la fama, sus seguidores en las redes sociales se habían disparado desorbitadamente y se escapaban por varios millones de los de sus compañeros. Su cara, su nombre, su estilo, su sonrisa... estaba en cualquier esquina de Londres. No podía realizar ningún movimiento sin que un flash se disparara a ambos lados de donde él estuviera. En consecuencia, su novia, sufría la misma situación.
En cada portada de cada revista, una foto de Perrie Edwards aparecía. Se había convertido en un referente en cuanto a la moda, gracias a su extraño y llamativo estilo. El canon de belleza de las rubias con los ojos azules pegaba mucho más fuerte y era imitada por miles de mujeres en todo el mundo.
El chico se encontraba tirado en un sofá de color azul, con las lágrimas cristalizando en sus ojos por la presión. La quería, la quería mucho y llevaba haciéndolo más de año y medio; pero ahora... todo había cambiado.
Parecía que ella solo buscaba fama y éxito para él. Pero los otros eran sus hermanos... Pensó que llevaba demasiado tiempo comiéndose la cabeza con este tema. Siempre igual. Tal vez sería más fácil si por fin me fuera de One Direction... Giró la cabeza de un lado a otro y sonó su móvil. Era la primera vez que tenía ese pensamiento, no le había sentado bien y se le había revuelto el estómago. Se empezó a encontrar mal y cerró los ojos, ignorando los continuos pitidos que emitía su aparato y tumbándose. Dejándose llevar por los sueños.
Al mismo tiempo, camerino de Harry y Louis.
La he cagado. Una chica de pelo rubio y blanquecino se lamentaba en una habitación cuadrada. Se encontraba con los ojos caídos, medio cerrados y con las lágrimas acumulándose en ellos. No había tenido fuerzas para seguir sentada en el sofá y se había deslizado al suelo, hasta quedar apoyada en la pared. Todo me sale mal. Se decía una y otra vez, abriendo una brecha en su interior con cada una de las palabras.
El único chico con el que no juego y... se enamora de mi. Pero yo a él no lo quiero de esa forma... ¿verdad? No encontró respuesta.
En su corazón no había ni un no ni un sí. Lo que sentí por Brown era el sentimiento más fuerte, pero con Harry es... Movió la cabeza y la enterró en sus piernas. No quería pensar, no quería sentir, no estaba preparada para volver a pasar por aquello. Y entonces la imagen de una chica de pelo castaño, completamente liso y largo le vino a la mente; pero no estaba sola. A su lado, cogidos de la mano, estaba él.
Camerino de Niall y Liam.
Nie tenía el entrecejo fruncido. Su pecho se levantaba fuerte y lentamente una y otra vez mientras pensaba en cómo contar la historia. Será mejor que empiece desde el principio. La historia no se podía entender si no se conocían algunos detalles. Miró a los ojos a Liam, que era el que más confianza le había transmitido desde que los descubrió y se armó de valor. En ese mismo momento, un chico de pelo rizado abría los ojos pesadamente.
-Brown, el hijo del socio del padre de Lana, siempre había sido amigo suyo. Llevaban años jugando en el parque, o yendo al trabajo de sus padres a hacerse pasar por adultos mientras estaban toda la tarde juntos. Todas crecimos por separado; y entonces llegó el curso en el que nos encontraríamos. - Miró hacia abajo, de repente avergonzada por las miradas fijas de los chicos. -En mi colegio no aceptan chicas hasta que cumplimos los catorce años, y ahí fue cuando nos conocimos, en el mismo sitio en el que estudiaba él. Pero nunca fuimos amigas. Blair era como la reina, igual que en esa serie, Gossip Girl. Ella mandaba sobre todas y si le apetecía algo, tenía siempre a alguna que se lo diera.
Paró durante un segundo, al recordar lo ilusas que habían sido todas sus amigas, y sobretodo Lana, que había vivido engañada.
-No me malinterpretéis, yo también formaba parte de esas chicas que la seguían a cualquier parte. Era guapa, llamativa, con un estilo un tanto peculiar, jugaba con todos los chicos de su alrededor y odiaba las relaciones largas; decía que eran para idiotas. Pero a la vez... era especial. Estar a su lado te hacía sentir poderosa, que cualquiera estaría a tus pies, que eras la reina; aunque en realidad la única era ella. - Suspiró pesadamente y descansó de su historia un instante, para que ellos también respiraran, ya que contenían el aire en sus pulmones desde el principio. -Y era una buena, más que buena, amiga. Siempre estaba dispuesta a ayudar y si nos pillaba a alguna haciendo alguna locura, cargaba con la culpa. Su versión siempre era: yo ya estoy manchada, pero eso no significa que vosotras no vayáis a pasar limpias, es lo mejor, dejádmelo a mi. Y la culpa siempre acababa siendo de ella. Todos los profesores sabían que nos defendía, que ella no había hecho nada, pero aun así seguía insistiendo y al final nosotras salíamos ilesas y ella castigada.
>Desde el principio y hasta el final, fue así. Pero, a pesar de que con todas era igual, siempre se tienen preferencias, ¿sabéis? Y la suya era Lana. Esto nunca lo he sabido, pero siempre he pensado que era porque Lana representaba a su contrario. Blair era como una especie de diablo de la guarda, y Lana era la persona a la que tenía que proteger. Siempre fue débil, inocente, la más pasiva. Y ahora es la persona más fuerte que conozco.
Paró de nuevo, viendo que se estaba andando demasiado por las ramas. Pero Harry no quería que lo hiciera, necesitaba seguir con la historia. No sabía nada de la vida de Lana y ahora se la estaban contando, no podía desperdiciar eso.
-Y bueno, como ya he dicho, Brown y ella eran amigos, por lo que en poco tiempo Blair se unió. Él era el chico del que todas estábamos enamoradas. Pelo rubio y liso, con los ojos azules y una sonrisa hipnotizante. Ninguna se libraba de dejar la baba caer cuando él pasaba a recoger a su amiga... - Soltó una carcajada al recordarlo y al pensar en lo ciega que había estado al no haber descubierto al chico de al lado, al que siempre iba con él, al que ahora formaba parte de su vida. -Y entonces surgió el amor.
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BUUUUU:3 Se supone que tenía que haber subido ayer, pero me daba pereza, porque como habréis notado soy bastante vaga; así que lo hago hoy ^^ Bueno, ¿qué os ha parecido? Es... sinceramente, raro. Aburrido tal vez, pero como desvela tantas cosas pues... no sé, raro. ¿Qué creéis que pasará con Zayn: se va o se queda? Lana... ¿algún día podrá dejar de equivocarse y sufrir? ¿Recuperará a Harry o ya está todo perdido y nada más empezar? Y sobre su historia... ¿entre quién creéis que surgió el amor? Ah, y lo más importante, ¿qué pensáis que pasó después? Espero comentarios por aquí y/o por twitter, y podéis comentar aunque no tengáis blogspot. @livingin1derlan [mal escrito] y hago follow back :) Lots of love xx
LEED ESTE FIC: http://twitpic.com/9qbh7k ES DE @SSARONNA9 Y ES SDFHJK.

sábado, 18 de agosto de 2012

Capítulo 11

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, backstage.

-Lana, te quiero. - Dijo en un susurro que salió directamente de su corazón.
Al principio estaba paralizada. Llevaba sin escuchar esas palabras tanto tiempo que no se acordaba de como eran, y mucho menos del efecto que producían en ella. Suspiró fuertemente y lo miró a los ojos al mismo tiempo que se separaban.
-Harry, yo... - Tenía el ceño fruncido y la mirada triste y húmeda, solo le había pasado esto una vez y no había acabado bien, nada bien; se decidió en ese momento por contárselo, al fin y al cabo, los sentimientos que él sentía no podía ignorarlos. -Enciende la luz y siéntate, te tengo que contar una cosa.
Algo dentro de él se hizo mil pedazos. Se le había roto el corazón. Su interior le decía que ella podía llegar a sentir lo mismo, que estarían juntos en una relación de verdad, que sería tan especial para ella como para él; pero se equivocaba. Ella le acariciaba el brazo, esperando que la mirara, pero Harry se alejó lentamente, reacio a recibir ningún contacto más de ella.
En ese momento los invadió el silencio. El ambiente de la habitación se congeló y la tensión era palpable. Ambos se miraban a los ojos fuertemente, él esperando que ella empezara, ella esperando que él estuviera preparado para escucharla. Pero ese instante no llegó.
-Harry, necesito que me escuches.... - Dijo Lana lentamente, con la voz temblorosa por el miedo de estropear más la situación.
Sus músculos se tensaron y sus ojos se achinaron, reflejando un creciente remordimiento con él mismo y con la chica que se encontraba en frente suya. Entonces la rabia empezó a recorrer sus venas, llenándolo de un sentimiento desagradable y mareante.
Ahora quería hablar, pero Harry no tenía intención de quedarse allí y escucharla. Salió por la puerta corriendo mientras Lana, que se había levantado, le gritaba.
-¡HARRY, POR FAVOR, NO TE COMPORTES COMO UN NIÑO PEQUEÑO!
El comentario lo hizo enrojecer, si había algo que él odiaba era que lo llamaran niño pequeño, y se quedó un segundo quieto. Pero no se paró a escucharla, la ignoró por completo y entró en la puerta de al lado. Si volvía, sabía que Niall y Liam no lo delatarían y no le dirían a nadie que estaba ahí. Sí, eso haré. Me quedaré aquí hasta que se vaya con su amiga y me deje tranquilo. ¿Quererla? ¿Cómo se me ha ocurrido decirle eso a una desconocida? ¡Estoy loco! Y se tumbó en el sofá color azul oscuro de la habitación en la que se hallaba. Se giró y se puso de cara a la pared con los brazos bajo un cojín, y lentamente pensando en todos los errores que había cometido en su vida, se durmió.
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Mientras, a metros de donde el chico de los pelos rizados descansaba, a una chica de melena larga y castaña se le aceleraba el corazón. Liam venía sonriéndole y con la intención de hablarle. Tenía la respiración entrecortada e, instintivamente, se llevó la mano a la boca para morderse las uñas. Y entonces llegó a su altura y no pudo evitar abrir los ojos de sorpresa. Era mucho más guapo en persona de lo que se había imaginado. El chico enamorado de ToyStory y el corazón más grande que ella hubiera conocido la abrazó.
-¿Eres la amiga de Lana, verdad? Yo soy Liam. - ¡Cómo si no lo supiera ya! Pensaba al mismo tiempo que le devolvía el abrazo, recuperándose poco a poco del aturdimiento.
-Yo soy Natalie, pero todos me llaman Nie. - Le dedicó una ancha sonrisa y se aclaró la voz; miró hacía abajo un poco ruborizada y las palabras salieron de sus labios sin apenas pararse a pensarlas. -Ya sé quién eres, soy Directioner desde que aparecisteis en Factor X...
Se quedó sin aire al llegar a las últimas sílabas, el orgullo que en ese momento sentía al recordar tanto tiempo atrás y la conmoción de estar conociendo a sus ídolos se habían mezclado y no la dejaban respirar con tranquilidad. Entonces Liam la volvió a abrazar con una sonrisa en sus labios y ella se sonrojó.
Lo habían hablado detenidamente Louis, Niall y él, ya que Zayn estaba demasiado ausente los últimos días hablando con Perrie, y esta era su oportunidad. Conseguirían sonsacarle toda la información sobre Lana que pudieran a su amiga. No estaban dispuestos a permitir que esa chica, esa desconocida que había aparecido delante de su coche un día, borracha y casi incapaz de mantenerse en pie, le rompiera el corazón al benjamín. Pero no pudo evitar sentirse mal, él no era así, no jugaba con las personas; y mucho menos con una de sus fans. Movió la cabeza y Nie lo miró confundida, ya que justo antes había tenido una preciosa sonrisa en su cara.
-Ven, que en el camerino tengo bolígrafos. - Y puso un brazo por encima de sus hombros, llevándola casi a rastras hasta la habitación, ya que ella seguía conmocionada y apenas podía moverse. -También tengo chocolate, por si quieres, y si no te gusta, pues... Niall siempre tiene comida.
Soltó una pequeña carcajada que hizo reaccionar a Nie. Estaba con su ídolo, por fin, tras tanto tiempo, lo había conocido y ahora tenía la oportunidad de pasar unos minutos con ellos. La comisura de sus labios se elevó de nuevo, movió la cabeza de un lado a otro suavemente y se centró en ser ella; no iba a dejar que los nervios la traicionaran en un momento tan especial.
-No hace falta, -el tono dulce de sus palabras pareció relajar mucho más la situación mientras iban andando, -me gusta el chocolate. Si le robo algo de comida a Niall, sé que no saldré viva...
Ambos rieron durante unos metros y se dieron cuenta de que podían tratarse como amigos. Pero Liam tenía que seguir el plan, por mucho que le costara... Y lo hizo. Giró la cabeza hacia la derecha, justo donde estaban Niall y Louis y les levantó las cejas. Ambos entendieron el gesto a la perfección y se acercaron felizmente a ellos.
Los ojos de Nie brillaron al ver acercarse a dos más de sus ídolos. Por su mente ya no había ningún pensamiento razonado, y por sus mejillas descendieron dos lágrimas. No pudo evitarlas, ese era el momento con el que tanto había soñado y ahora se había hecho realidad. Louis se dio cuenta de esto y se acercó más a ella, apartando a Liam y abrazándola.
-¡Eh! - Enterró su cara en su hombro, mojándolo y sintiéndose avergonzada por ello, pero sin poder apartarse. -Está prohibido llorar con One Direction, ¿entendido?
La preciosa chica de los ojos grises asintió con la cabeza y se separó. No voy a seguir quedando en ridículo. Comenzó a andar con tranquilidad, y todos hicieron como si no hubiera pasado nada. Charlaban de todo un poco, e intentaban contarle historias que ella ya conocía, lo que siempre le provocaba risas. Y entonces, llegaron al camerino y todos se miraron. Durante un segundo fue como si el mundo se parara y ellos tres se entendieron, bajaron la cabeza y atravesaron la puerta.
Allí estaba Harry, tirado en uno de los sofás de cara a la pared y haciendo ruiditos mientras respiraba. No esperaban encontrárselo allí, aunque si estaba dormido... Louis frunció el entrecejo. No había esperando tener que contarle nada de lo que hablaran esa noche a Harry, pues no sabía cómo le iba a afectar, pero si estaba allí y los veía hablando de ella, seguro que se interesaría... Movió la cabeza de un lado a otro y despejó su mente de estos pensamientos, era ahora o nunca. Quién sabía cuándo iban a volver a ver a esa preciosa chica y era la oportunidad que tenían de saber más cosas de la rubia... Era el momento. Se armó e valor y la miró a los ojos profundamente, con una pequeña sonrisa para que no pensara en la razón de lo que iba a hacer y habló.
-Y bueno Nie, ¿qué cosas de la misteriosa Lana nos quedan por saber? -Le sonreía abiertamente, mostrando amistad y amabilidad.
Tenía varias escusas bajo la manga por si ella preguntaba para qué querían saber todo eso, pero fue más fácil de lo que pensaron. La chica sonrió con mucha dulzura y dijo, como si no fuera nada importante, lo que ya llevaba tiempo sospechando.
-Si supiera yo todos los secretos que tiene, podría escribir un libro. - Soltó una risita por lo bajo y se sentó en el sofá en el que no estaba Harry; lo volvió a mirar a los ojos y añadió: -Pero bueno, ¿qué queréis saber?
No lo dudó ni un instante, ahora o nunca, se repitió para sus adentros.
-Todo lo que puedas decirnos. - Entonces ella suspiró con pesadez mientras cerraba los ojos con cansancio.
-Sentaos, que esto va para largo. -Los miró a los tres, ya sin sonrisa en la cara y preguntándose el por qué de hacer eso, pero sabía que no era un error, su instinto se lo decía. -Lo primero que tenéis que saber es que ha sufrido más de lo que parece, y todo empezó cuando Blair y Brown llegaron a su vida.
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HOLA HOLAAAAAA. He de decir que he tardado la vida en subir, y lo siento. Pero no he estado en mi casa y estaba liada con la familia, y cuando no no podía acceder a las listas de la gente a la que avisar... en resumen, no he podido. Pero bueno, aquí está el cap. ¿Qué os ha parecido? ¿Os esperabais que reaccionaran Lana y Harry así? ¿Cuál creéis que es la historia de Lana? ¿Y qué pasará cuando se entere de que se la ha contado Nie? Oh, esperad, ¿se la contará al final? CHAN CHAN CHAN. Tampoco tiene tanto, pero en el capítulo 12 se desvelan muchas respuestas... Gracias por leer, espero vuestros comentarios.

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 10

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, concierto de One Direction.
-¡Y esto ha sido todo! - Gritó un chico rubio que estaba cumpliendo su sueño subido a un escenario.
Miles de voces aclamaban más y más, pero no tenían tiempo y el cansancio los invadía. Se alejaron poco a poco de la vista del público, dando pasos cortos y mandando besos con la mano, al mismo tiempo que otros de sus compañeros dibujaban corazones. Primero atravesó la cortina Liam, al que Nie se quedó embobada mirando. Tras él iba Louis, que gastaba bromas con el más bajito de los cinco. Y, por último, el más moreno de todos pasó medio aturdido al lado de sus compañeros con la mirada fija en el móvil, el cual no paraba de vibrar con mensajes. Solo la chica del pelo largo y liso se dio cuenta de que el chico de los ricitos no había aparecido y supo que había ido a buscar a Lana, pero ella estaba en la dirección contraria esperándolo. ¿Dónde se habrá metido? Se preguntaba cuando se acercó un chico a ella. Solo con ver la camisa de cuadros entre los demás trabajadores del concierto supo que Liam iba a hablarle, y que sería inolvidable. Sus ídolos, su sueño, su amor platónico se acercaba con una sonrisa en la cara.
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Apenas nadie de sus amigos se había dado cuenta del cambio de dirección del chico de los hoyuelos hipnotizantes. Se había adentrado por la zona en la que el resto de los trabajadores tenían los aseos y por allí andaba buscando a Lana cuando uno de ellos lo paró. Puso su mano en el hombro de Harry por detrás, y este se giró bruscamente, pero con una dulce sonrisa dibujada en los labios pensando que podía ser ella. Pero allí solo había un hombre bajito y medio calvo de ojos verdosos.
-Me han dicho que te diga que vayas al camerino que te tienen que preparar para no sé qué M&G o algo por el estilo. - Su voz era grave e imponente, pero la forma de hablar dejaba mucho que desear en cuanto a seguir sus órdenes al instante se trataba; continuó sin fijarse demasiado en la cara de aturdimiento de Harry, que no parecía saber de qué hablaba. -Y es urgente. Así que ve ya de ya y deja lo que estés haciendo, que seguro que no tiene ni la menor importancia. Ale, ¿a qué esperas? ¡Vamos!
Movió sus pies entonces hacia la zona de camerinos sin saber muy bien por qué obedecía las órdenes de ese hombre al que dudaba haber visto nunca,  pero lo hizo. Llegó a un largo pasillo por el que no pasaba nadie, ya que solo había tres puertas que conducían a sus camerinos. Pasó delante de las dos primeras sin inmutarse, aun  pensando en Lana y con el ceño fruncido. Lentamente y con pesados pasos atravesó la tercera puerta, pero dentro solo había oscuridad. Fue a encender la luz a la derecha, pero alguien lo abrazó por detrás y le tapó los ojos con una tela negra. Sin necesidad de darse la vuelta supo que la chica a la que antes había buscado se encontraba justo detrás suyo, podía percibir su habitual olor a jazmín y ese suave toque a menta que desprendía su pelo. Entonces los suaves labios de ella toparon con su cuello y le dieron pequeños mordiscos, descendiendo lentamente hasta sus hombros.
-Lana... - Dejó la frase en el aire, diciéndolo todo pero sin palabras. -Para, por favor...
En ese momento soltó un pequeño gemido pues ahora la tenía delante suya dándole besos por el pecho y bajaba peligrosamente. Cerró los ojos y se dejó llevar para disfrutar de las caricias de Lana, pero antes de querer darse cuenta notó su respiración en frente suya. Se quitó la venda lentamente y la vio mirándolo, con ese verde selva brillando en la oscuridad que los rodeaba. No pudo aguantarlo más y la besó como nunca antes lo había hecho. Con pasión, con furia, con rabia, pero a la vez con delicadeza y cuidado. Ambos sentían chispas, como si la saliva del otro fuera fuego para ellos.
Juguemos, pensó Lana. Abrió poco a poco su camisa, desabrochando uno a uno los botones. Paseó sus manos por el pecho de Harry, que no pudo evitar el impulso de ir a besarla. Pero ella se alejó dando la vuelta por su hombro y lo abrazó por detrás. Lo estaba volviendo loco, lo sabía, y aun así, siguió. Se acercó a su oreja y le mordió el lóbulo lentamente, al mismo tiempo que acariciaba sus dos costados. Mientras, él permanecía con los ojos cerrados, disfrutando de ella como nunca pensó que podía hacerlo. Pero su control tenía un límite, y en el momento en que notó su aliento cerca, volvió a lanzarse a sus labios. Y esta vez, Lana se dejó llevar. Entonces ella se separó con una risita y le dijo al oído suavemente:
-No me has dedicado mi canción favorita, esto te lo guardaré para siempre. - Le dijo y se alejó un poco, y ahora ambos tenían los ojos abiertos y se sentían flotar en una nube.
Entonces Lana se fijó bien en él, en la forma de su nariz, en la de sus ojos, sus pequeñas cejas, sus graciosos labios, el filo de las orejas que era capaz de verse através de todo esos caracoles que lo caractirzaban, y lo volvió a besar. Sonreía en su interior por la sensación que le producía, las cosquillas en su estómago que no desaparecían y por los flequillos que chocaban. Cuando se separaron juntaron ambas frentes y ella puso sus labios en la nariz de Harry, como le gustaba hacer. Y, sin previo aviso, empezó a cantar.
Las notas de "She" atravesaban la garganta de Harry llenas de sentimiento. Se la estaba cantando a la chica en la que se había inspirado y tenía intención de hacerlo con todo su corazón. Lana, mientras, solo podía disfrutar de ese momento que estaba segura nunca olvidaría.
Tras esos casi cuatro minutos, la preciosa melodía terminó y Harry miró a Lana con un brillo especial en sus ojos. Ahora lo sabía con certeza, esa chica, la chica rubia que tenía delante suya, era más que uno de sus ligues de una noche, más que una desconocida cualquiera que ha pasado por sus labios, más que cualquier otra mujer en la que él haya pensado, y lo dijo, sin pararse a razonar, pero con todo su corazón.
-Lana, - la miró a los ojos intensamente-, te quiero.
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Buenas y londinenses tardes:') Publico desde la ciudad de los nenes, ¿y a qué no sabéis que he visto hoy? Un hotel de la cadena Thistle [en el que se ven por primera vez Lana y Harry] y me he motivado como nadie. Y sí, yo también estoy desesperada por ver las listas y LAS QUIERO YA DE YA. Pero mientras, en la espera, he decidido publicar. Y ¿cómo creéis que reaccionará Lana? CHAN CHAN CHAN. ¿Y os habéis fijado en la felicidad de Nie, pasará algo con Liam? Tututututururur. Pues no os adelanto nada. Que espero que os haya gustado y que me dejéis un comentarior, porfa plis:) xx

Interludio 9/10

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. The O2 Arena, concierto de One Direction.
Era tan solo Abril y los cinco estaban acalorados. Subidos a un escenario, como siempre habían soñado estar, cantaban para quince mil personas que coreaban sus voces. La melodía de sus canciones, mezclada con el eco de los gritos de las fans y el sonido de mil flashes al unísono retumbaba por el estadio. Era el momento en el que ellas, las Directioners que los apoyaban y habían llevado a la cima, aclaraban sus dudas a través de twitter. Tras preguntarle al rubio si sería capaz de rapear el solo de Zayn a su lado y de retar a Louis a imitar el 1,2,3...FLICK! de Liam, hubo una  pregunta dirigida al ricitos:  "¿Qué le está pasando al armario de Harry? xx Shanon." Al principio no supo reaccionar y en su frente aparecieron arrugas de preocupación. En ningún momento, después de todas las emociones de la noche, hubiera esperado tener que responder a eso. Después una sonrisa apareció en sus labios al pensar en Lana y se le escapó una carcajada al recordar a la chica rubia corriendo descalza en lo que él había llamado "misión teléfono" y, por último, movió lentamente sus pies hacia la pantalla del escenario, para mirar discretamente a los ojos verdes tras la cortina. 
Ella lo observaba desde allí, pensando en qué hacer y decir. Entonces se dio cuenta de que por mucho que sus padres trataran de ocultarla a la prensa, en este caso no era ella la que podía salir a la luz y una sonrisa apareció en sus labios. Se la dedicó a él, que se había puesto de frente al público y metió la mano en una bolsa oscura que estaba a su lado. De ahí sacó su jersey y su famoso gorro, lo que hizo que se sorprendiera.  Dando pasos dubitativo se acercó a Lana.
-¿Y eso? - Dijo cogiendo ambas prendas con la mano en la que no llevaba el micrófono; ella lo miró y le susurró en el oído.
-Creo que a tus fans les va a gustar el regalo. - Entonces le dio la vuelta y le pegó en el culo con una sonora carcajada.
Harry la miró por última vez ya de nuevo en el escenario y le guiñó un ojo. En ese momento con un grito le dijo a sus fans:
-¡LA QUE CANTE MÁS ALTO UP ALL NIGHT SE LLEVA AMBAS COSAS! - Y levantó las prendas que sostenía en su mano izquierda mientras coreaban "and find a girl and tell her she's the one".
De nuevo se giró para poder mirarla, pero ya no estaba ahí. Vio su melena rubia alejarse mientras Nie la miraba con el ceño fruncido. Se preguntó a dónde iría y, por un momento que afortunadamente duró solo unos segundos, se olvidó de que estaba subido a un escenario y avanzó con curiosidad a donde antes había estado. Entonces se dio cuenta de que las fans seguían cantando y volvió a la realidad, aunque no del todo, ya que seguía pensando en el lugar al que había ido Lana. Estará en el baño. Se decía a sí mismo, pero, en el fondo, sabía que se equivocaba. Entonces el temor de que se hubiera ido y no la hubiera despedido lo invadió. Y se dio cuenta de que pensaba demasiado en ella, que había pasado los últimos días a su lado y aun así la necesitaba más. Sacudió la cabeza y se concentró en lo que estaba haciendo, lo que de verdad le importaba, su sueño. Pero mientras cantaba, no podía parar de escuchar su risa...

viernes, 27 de julio de 2012

Capítulo 9

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Zona de alrededor del O2 Arena.
¿Dónde estará? Harry Styles corría por las calles de alrededor del estadio en el que dentro de menos de media hora tendría que hacer un concierto, persiguiendo a una fan con su teléfono móvil, pensando en por qué callejuela se podría haber metido la chica rubia. Esto es absurdo... Sus pies lo guiaban a mucha velocidad por cada calle que creía escuchar pasos y el sudor empezaba a gotear por su frente. Realmente ni si quiera sabía por qué lo había hecho, qué lo había llevado a saltar, aunque lo intuía. Lana. Estaba  pensando tanto en ella que creyó verla.
Su melena rubia blanquecina parecía haber pasado por delante de sus ojos. Se paró en seco y revolvió la cabeza. Es imposible. Y entonces escuchó pasos cerca suya. El teléfono. Salió de su aturdimiento y volvió a su anterior carrera. Nunca le había importado demasiado el aparato en sí, y los números los tenía en otro sitio guardados, pero las fotos... Ella no podía salir a la luz cuando no había nada entre ellos. En ese momento giró a la derecha y la vio. No tuvo ninguna duda, era ella. Lana estaba allí, corriendo al igual que él.
Se volvió a parar en seco, deseando que ella girara y lo viera. El día anterior lo había pasado a su lado, pero si ahora tenía la oportunidad de verla de nuevo... En ese momento, alguien chocó con él por detrás.
-Pero, ¿qué... -Se dio la vuelta completamente y la vio allí, detrás suya, caída en el suelo y el teléfono varios metros alejado. -¡Tú!
Poco después la chica, con su larga melena rubia se levantó y ambos corrieron a por el móvil. Uno de ellos lo cogió.
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Harry, aparece de una vez. Una chica de pelo rubio blanquecino corría por las calles de la zona cercana al estadio en el que se daría en breve un concierto. Tenía los pies doloridos, ya que estaba descalza, y no tenía ni la menor idea de dónde podría encontrarse. Había huido detrás de un rumor y había dejado a su amiga sola. Pobre Nie. Se lamentaba por ella, pero sabía que se las apañaría sola. Ahora tenía que centrarse en encontrar al chico del pelo rizado, la razón de que ella estuviera ahí... Y entonces lo escuchó.
-¡Mierda! - Es él.
Salió de la calle por la que acaba de entrar y lo vio ahí tirado, sujetándose la rodilla y maldiciendo en voz alta. Su  primer impulso fue el de abrazarlo y ayudarlo, pero entonces vio la melena rubia que corría en dirección contraria y supo lo que tenía que hacer. Empezó a mover las piernas a más velocidad incluso de a la que iba cuando el hombre de la gabardina la perseguía, y pasó al lado del chico, que seguía tirado en el suelo intentando levantarse.
-¡Lana! - Hizo el amago de ponerse de pie, pero se torció el tobillo y volvió a caer al suelo con un grito; ella pasó a su lado sin detenerse.
-¡Voy a por tu teléfono, ahora vuelvo a  por ti! ¡No te muevas! -Y dicho esto giró en la misma esquina que lo había hecho la chica.
Se sorprendió mucho de ver que ahí no había nadie, pero la calle estaba cerrada, no tenía salida y en las paredes no había ninguna puerta. Aunque... Se acercó lentamente a un grupo de cajas que había apiladas en la esquina. Fue haciendo el menor ruido posible, deseando que si estaba ahí, no sospechara que ella se acercaba. Se encontraba a menos de un metro cuando empezó a escuchar sollozos. Entonces apareció su parte más dulce y su mirada cambió radicalmente.
Giró y la vio allí, sentada, encogida sobre sí misma con el iPhone en su mano derecha. No pudo evitar sentir una lástima muy profunda por ella, en ese momento parecía una niña pequeña perdida, sin nadie conocido, alejada de su familia.
-¡Eh! ¿Qué pasa? - Se agachó para quedarse a su altura y el crujido de sus rodillas la hizo reaccionar.
Cuando levantó sus ojos vio lo preciosa que era. Con una sonrisa perfecta, de dientes pequeños y blancos. Sus ojos eran de un azul muy claro, como el del cielo, y su piel tenía un tono blanquecino y puro. Sus facciones afiladas, de una belleza sobria, le daban un aspecto de más mayor de lo que su cuerpecito decía. Y sus labios estaban pálidos, casi como sin vida. En su mirada se veía reflejado el miedo.
Extendió una mano temblorosa y le dio el teléfono a Lana, que lo cogió sorprendida. Supo que no podía dejarla ahí, que tenía que ayudarla, y la abrazó. Apoyó las rodillas en el suelo y la metió entre sus brazos, sujetándola con fuerza y dándole palmadas de ánimo.
-¡Eh, ya vale! - La alejó un poco de ella para poder mirarla a los ojos y le dedicó una sonrisa de esas que tranquilizan. -¿Por qué has hecho eso? Seguro que hay una razón de peso, cuéntamela, tal vez te pueda ayudar.
Las lágrimas recorrían las mejillas de la preciosa chica a una velocidad escalofriante. Su cuerpo se agitaba con fuerza y temblaba, no tenía apenas voz; pero, con un esfuerzo infinito, consiguió pronunciar las palabras.
-Le robé el dinero de las entradas a mi madre. - Volvió a quedarse sin aire y esperó pacientemente a que pudiera hablar de nuevo. -Las compré la semana pasada, en e-bay, a más de quinientas libras... Ella no sabe que estoy aquí. -Le tembló la mandíbula y Lana frunció el entrecejo. -Si se llega a enterar... Tengo que devolvérselo. Yo... pensé que si lo vendía... el teléfono de Harry Styles, ¡¿quién no iba a pagar miles de libras por él?! Y... y ahora le he hecho daño a uno de mis ídolos y-y no voy a poder recuperar todo ese dinero.
Estalló de nuevo en sollozos y se sumergió en sus brazos de nuevo. Ella la agarró con más fuerza aun, dándole ánimos. Pensó un plan rápido, y no le importó el precio de este, tenía que hacerlo por ella.
-Vamos a hacer una cosa. -La chica levantó la mirada, suplicante y sorprendida. -Ahora vas a irte a disfrutar del concierto, pero antes me vas a decir tu número de teléfono y mañana a las diez te quiero en Trafalgar Square. Y allí te doy todo lo que necesites devolverle a tu madre. ¿Te parece?
Tardó varios segundos en asimilar lo que le dijo y, cuando lo hizo, levantó la mirada incrédula. No era posible que una desconocida le estuviera ofreciendo tanto dinero después de lo que le había hecho pasar.
-Pero... ¡Son cerca de 600 Libras! ¡Estás loca! - No alzó apenas la voz, ya que no tenía muchas fuerzas, pero sí que la elevó un poco más de lo normal; a Lana le sacó una enorme sonrisa.
-Puede que sí, pero no me importa. ¿Cuál es tu nombre? - No había desaparecido el tono maternal de su voz, y la chica cada vez estaba más tranquila.
-Alexia. ¿Y tú? - Una débil sonrisa apareció en sus labios, que comenzaban a recobrar color.
-¿Y cuántos años tienes? - Ignoró la pregunta, ya que sabía que no debía dejar que la gente la conociera.
-Casi catorce. ¿De verdad me vas a ayudar? - La súplica en su voz hizo que el corazón de Lana se rompiera en pedacitos y una lágrima cayó por su mejilla.
-Sin dudarlo. - Volvió a abrazarla y entonces se escucharon pasos bastante descoordinados. Se levantó a toda velocidad y se llevó un dedo a los labios para indicarle a Alexia que guardara silencio; esta la miró interrogante pero sin decir nada. -Harry, he encontrado tu teléfono. Vamos al concierto que va a empezar tarde por tu culpa y no querrás hacer esperar a tus fans, ¿verdad?
Giró unos milímetros la cabeza y le guiñó un ojo a la chica, que sonría con agradecimiento. Empezó a andar y se acercó al chico, que acaba de girar la esquina y observaba el callejón con el ceño fruncido.
-No la vas a encontrar, ha saltado la valla, pero ha lanzado el móvil y ha caído a mis manos. -Lo agarró del brazo y lo obligó a girarse en dirección contraria; sin decir nada, le hizo un gesto con la mano a la chica para que esperara un poco y volvió a hablar. -¿Por qué lo has hecho?
No hacía falta que explicara qué estaba preguntando, ya que Harry la entendió en el primer momento.
-¿Y tú por qué estás aquí? - Su habitual juego, el de eludir preguntas, había pasado a dirigirlo él, pero Lana estaba tan cansada que no se negó a ello.
Volteó la cabeza y lo miró. Lentamente se acercó a su oreja y le susurró al oído.
-Por ti. - Besó suavemente su cuello y vio como un escalofrío le recorría el cuerpo, lo que le provocó una sonrisa. -Me dedicarás una canción, ¿verdad?
Soltó una risita por lo bajo mientras escondía la cara en la curva de su cuello. Él sonrió y la observó, fijándose en las transparencias de su camisa.
-Todas las que quieras. - Entonces se paró en seco y la obligó a levantar la mirada cogiéndola de la barbilla con suavidad.
Lentamente se acercó a ella, entrecerrando los ojos. Pero, cuando se quiso dar cuenta los labios de ella presionaron los suyos durante unos pocos segundos y la sintió alejarse. Abrió los ojos después para ver como se iba, descalza y corriendo, de nuevo al estadio en el que lo esperaban. ¡El concierto! Y aceleró como si fuera su vida en ello.
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Buenas cieletes :3. He vuelto ya de mi retiro en mitad de la nada y como la preciosa de @ssaronna9 me lo pidió, he subido:) así que este va dedicadísimo a ella, además de que uno de que Alexia se parece a uno de sus personajes [TODOS A LEER SU NOVELA QUE ES DEMASIADO SDFGHJKL]:) y nada, espero que os haya gustado. Que sé que este no deja con mucha intriga, pero pensad que ahora en el concierto se verán y que después de él estarán juntos... o tal vez no... quién sabe. ¿Qué nuevas traerá la chica? Buena pregunta que dejó ahí:) xx