You are beautiful

viernes, 27 de julio de 2012

Capítulo 9

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Zona de alrededor del O2 Arena.
¿Dónde estará? Harry Styles corría por las calles de alrededor del estadio en el que dentro de menos de media hora tendría que hacer un concierto, persiguiendo a una fan con su teléfono móvil, pensando en por qué callejuela se podría haber metido la chica rubia. Esto es absurdo... Sus pies lo guiaban a mucha velocidad por cada calle que creía escuchar pasos y el sudor empezaba a gotear por su frente. Realmente ni si quiera sabía por qué lo había hecho, qué lo había llevado a saltar, aunque lo intuía. Lana. Estaba  pensando tanto en ella que creyó verla.
Su melena rubia blanquecina parecía haber pasado por delante de sus ojos. Se paró en seco y revolvió la cabeza. Es imposible. Y entonces escuchó pasos cerca suya. El teléfono. Salió de su aturdimiento y volvió a su anterior carrera. Nunca le había importado demasiado el aparato en sí, y los números los tenía en otro sitio guardados, pero las fotos... Ella no podía salir a la luz cuando no había nada entre ellos. En ese momento giró a la derecha y la vio. No tuvo ninguna duda, era ella. Lana estaba allí, corriendo al igual que él.
Se volvió a parar en seco, deseando que ella girara y lo viera. El día anterior lo había pasado a su lado, pero si ahora tenía la oportunidad de verla de nuevo... En ese momento, alguien chocó con él por detrás.
-Pero, ¿qué... -Se dio la vuelta completamente y la vio allí, detrás suya, caída en el suelo y el teléfono varios metros alejado. -¡Tú!
Poco después la chica, con su larga melena rubia se levantó y ambos corrieron a por el móvil. Uno de ellos lo cogió.
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Harry, aparece de una vez. Una chica de pelo rubio blanquecino corría por las calles de la zona cercana al estadio en el que se daría en breve un concierto. Tenía los pies doloridos, ya que estaba descalza, y no tenía ni la menor idea de dónde podría encontrarse. Había huido detrás de un rumor y había dejado a su amiga sola. Pobre Nie. Se lamentaba por ella, pero sabía que se las apañaría sola. Ahora tenía que centrarse en encontrar al chico del pelo rizado, la razón de que ella estuviera ahí... Y entonces lo escuchó.
-¡Mierda! - Es él.
Salió de la calle por la que acaba de entrar y lo vio ahí tirado, sujetándose la rodilla y maldiciendo en voz alta. Su  primer impulso fue el de abrazarlo y ayudarlo, pero entonces vio la melena rubia que corría en dirección contraria y supo lo que tenía que hacer. Empezó a mover las piernas a más velocidad incluso de a la que iba cuando el hombre de la gabardina la perseguía, y pasó al lado del chico, que seguía tirado en el suelo intentando levantarse.
-¡Lana! - Hizo el amago de ponerse de pie, pero se torció el tobillo y volvió a caer al suelo con un grito; ella pasó a su lado sin detenerse.
-¡Voy a por tu teléfono, ahora vuelvo a  por ti! ¡No te muevas! -Y dicho esto giró en la misma esquina que lo había hecho la chica.
Se sorprendió mucho de ver que ahí no había nadie, pero la calle estaba cerrada, no tenía salida y en las paredes no había ninguna puerta. Aunque... Se acercó lentamente a un grupo de cajas que había apiladas en la esquina. Fue haciendo el menor ruido posible, deseando que si estaba ahí, no sospechara que ella se acercaba. Se encontraba a menos de un metro cuando empezó a escuchar sollozos. Entonces apareció su parte más dulce y su mirada cambió radicalmente.
Giró y la vio allí, sentada, encogida sobre sí misma con el iPhone en su mano derecha. No pudo evitar sentir una lástima muy profunda por ella, en ese momento parecía una niña pequeña perdida, sin nadie conocido, alejada de su familia.
-¡Eh! ¿Qué pasa? - Se agachó para quedarse a su altura y el crujido de sus rodillas la hizo reaccionar.
Cuando levantó sus ojos vio lo preciosa que era. Con una sonrisa perfecta, de dientes pequeños y blancos. Sus ojos eran de un azul muy claro, como el del cielo, y su piel tenía un tono blanquecino y puro. Sus facciones afiladas, de una belleza sobria, le daban un aspecto de más mayor de lo que su cuerpecito decía. Y sus labios estaban pálidos, casi como sin vida. En su mirada se veía reflejado el miedo.
Extendió una mano temblorosa y le dio el teléfono a Lana, que lo cogió sorprendida. Supo que no podía dejarla ahí, que tenía que ayudarla, y la abrazó. Apoyó las rodillas en el suelo y la metió entre sus brazos, sujetándola con fuerza y dándole palmadas de ánimo.
-¡Eh, ya vale! - La alejó un poco de ella para poder mirarla a los ojos y le dedicó una sonrisa de esas que tranquilizan. -¿Por qué has hecho eso? Seguro que hay una razón de peso, cuéntamela, tal vez te pueda ayudar.
Las lágrimas recorrían las mejillas de la preciosa chica a una velocidad escalofriante. Su cuerpo se agitaba con fuerza y temblaba, no tenía apenas voz; pero, con un esfuerzo infinito, consiguió pronunciar las palabras.
-Le robé el dinero de las entradas a mi madre. - Volvió a quedarse sin aire y esperó pacientemente a que pudiera hablar de nuevo. -Las compré la semana pasada, en e-bay, a más de quinientas libras... Ella no sabe que estoy aquí. -Le tembló la mandíbula y Lana frunció el entrecejo. -Si se llega a enterar... Tengo que devolvérselo. Yo... pensé que si lo vendía... el teléfono de Harry Styles, ¡¿quién no iba a pagar miles de libras por él?! Y... y ahora le he hecho daño a uno de mis ídolos y-y no voy a poder recuperar todo ese dinero.
Estalló de nuevo en sollozos y se sumergió en sus brazos de nuevo. Ella la agarró con más fuerza aun, dándole ánimos. Pensó un plan rápido, y no le importó el precio de este, tenía que hacerlo por ella.
-Vamos a hacer una cosa. -La chica levantó la mirada, suplicante y sorprendida. -Ahora vas a irte a disfrutar del concierto, pero antes me vas a decir tu número de teléfono y mañana a las diez te quiero en Trafalgar Square. Y allí te doy todo lo que necesites devolverle a tu madre. ¿Te parece?
Tardó varios segundos en asimilar lo que le dijo y, cuando lo hizo, levantó la mirada incrédula. No era posible que una desconocida le estuviera ofreciendo tanto dinero después de lo que le había hecho pasar.
-Pero... ¡Son cerca de 600 Libras! ¡Estás loca! - No alzó apenas la voz, ya que no tenía muchas fuerzas, pero sí que la elevó un poco más de lo normal; a Lana le sacó una enorme sonrisa.
-Puede que sí, pero no me importa. ¿Cuál es tu nombre? - No había desaparecido el tono maternal de su voz, y la chica cada vez estaba más tranquila.
-Alexia. ¿Y tú? - Una débil sonrisa apareció en sus labios, que comenzaban a recobrar color.
-¿Y cuántos años tienes? - Ignoró la pregunta, ya que sabía que no debía dejar que la gente la conociera.
-Casi catorce. ¿De verdad me vas a ayudar? - La súplica en su voz hizo que el corazón de Lana se rompiera en pedacitos y una lágrima cayó por su mejilla.
-Sin dudarlo. - Volvió a abrazarla y entonces se escucharon pasos bastante descoordinados. Se levantó a toda velocidad y se llevó un dedo a los labios para indicarle a Alexia que guardara silencio; esta la miró interrogante pero sin decir nada. -Harry, he encontrado tu teléfono. Vamos al concierto que va a empezar tarde por tu culpa y no querrás hacer esperar a tus fans, ¿verdad?
Giró unos milímetros la cabeza y le guiñó un ojo a la chica, que sonría con agradecimiento. Empezó a andar y se acercó al chico, que acaba de girar la esquina y observaba el callejón con el ceño fruncido.
-No la vas a encontrar, ha saltado la valla, pero ha lanzado el móvil y ha caído a mis manos. -Lo agarró del brazo y lo obligó a girarse en dirección contraria; sin decir nada, le hizo un gesto con la mano a la chica para que esperara un poco y volvió a hablar. -¿Por qué lo has hecho?
No hacía falta que explicara qué estaba preguntando, ya que Harry la entendió en el primer momento.
-¿Y tú por qué estás aquí? - Su habitual juego, el de eludir preguntas, había pasado a dirigirlo él, pero Lana estaba tan cansada que no se negó a ello.
Volteó la cabeza y lo miró. Lentamente se acercó a su oreja y le susurró al oído.
-Por ti. - Besó suavemente su cuello y vio como un escalofrío le recorría el cuerpo, lo que le provocó una sonrisa. -Me dedicarás una canción, ¿verdad?
Soltó una risita por lo bajo mientras escondía la cara en la curva de su cuello. Él sonrió y la observó, fijándose en las transparencias de su camisa.
-Todas las que quieras. - Entonces se paró en seco y la obligó a levantar la mirada cogiéndola de la barbilla con suavidad.
Lentamente se acercó a ella, entrecerrando los ojos. Pero, cuando se quiso dar cuenta los labios de ella presionaron los suyos durante unos pocos segundos y la sintió alejarse. Abrió los ojos después para ver como se iba, descalza y corriendo, de nuevo al estadio en el que lo esperaban. ¡El concierto! Y aceleró como si fuera su vida en ello.
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Buenas cieletes :3. He vuelto ya de mi retiro en mitad de la nada y como la preciosa de @ssaronna9 me lo pidió, he subido:) así que este va dedicadísimo a ella, además de que uno de que Alexia se parece a uno de sus personajes [TODOS A LEER SU NOVELA QUE ES DEMASIADO SDFGHJKL]:) y nada, espero que os haya gustado. Que sé que este no deja con mucha intriga, pero pensad que ahora en el concierto se verán y que después de él estarán juntos... o tal vez no... quién sabe. ¿Qué nuevas traerá la chica? Buena pregunta que dejó ahí:) xx

Interludio 8/9

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Dirección O2 Arena.
Eran cerca de las nueve de la noche cuando dos chicas, vestidas de forma muy distinta, salieron de un edificio con fachada antigua. Una de ellas, la que era un poco más bajita y tenía el pelo bastante más largo en color castaño, llevaba una falda verde clara en tono pastel un poco vaporosa sujetada por un cinturón trenzado negro, con una camiseta de licra pegada y por el interior en el mismo color, de manga larga pero sin llegar a la muñeca y con los hombros al descubierto; en cuanto al calzado unos tacones cerrados altos en negros. La chica de al lado, un flequillo hacia abajo y el pelo de un tono rubio muy claro llevaba una camisa sin mangas y transparente en color negro, con el filo de los botones opaco, una falda nada  pegada del mismo color y unos botines con tacón ancho y plataforma de leopardo. El maquillaje era sencillo, y lo único que más destacaba eran los labios de la segunda chica, en rojo sangre. Andaban con paso decidido, pisando fuerte con sus tacones y sonriendo de par en par; colgado al cuello dos pases con las letras VIP grabadas, además de M&G.
Ambas se montaron en un coche negro, riendo y gastando bromas. La de menor altura, Nie, tenía un nudo en el estómago que por mucho que intentara, no se iba. Llevaba siendo Directioner cerca de tres años, casi desde el principio, y por mucho que viviera en su misma ciudad o hubieran hecho un tour por allí y estuvieran en medio de otro, nunca los había visto si quiera e. Nunca había tenido la  oportunidad de verlos en persona, ni de mirar hacia arriba y encontrarse con sus ojos y sus sonrisas. Para ella era como un sueño imposible, y deseaba con todas sus fuerzas equivocarse. Y ahora, en ese mismo momento, se dirigía con su mejor amiga a verlos en su concierto. Apenas podía pensar en otra cosa que no fueran las bromas de Louis, los preciosos ojos azules de Niall, la sonrisa de Harry, la mirada penetrante de Zayn y el amor por sus fans de Liam. Estos cinco chicos habían pasado a formar parte de ella de una forma demasiado especial y ahora por fin podría decírselo a la cara... Como si fuera un sueño, y no quería despertar.
Al mismo tiempo, Lana iba pensando en esos ojos verdes que tanto la perturbaban. Su voz siempre tratando de conquistarla y esos hoyuelos que hacían que se derritiera... Durante todo ese mes anterior no había dejado de pensar ni un minuto en él, a pesar de todos los chicos con los que había estado. Se acordó de uno que había estado una semana detrás de ella. Había jugado como la mejor con él. Creo que incluso se le escapó una lágrima, pobre. Una sonrisa con malicia apareció en sus labios y, mientras ambas pensaban en sus cosas, llegaron al estadio.
Bajaron del coche cerca de la entrada, donde había miles de chicas apiladas en la entrada. Unas lloraban, otras cantaban a pleno pulmón y otras se dedicaban a pintarse todas las partes de su cuerpo visibles con cualquier cosa que solo una Directioner pudiera entender. Ambas tenían dibujada una sonrisa en los labios, aunque una de ellas reflejaba ansiedad en su mirada, y emoción por lo que se avecinaba. Iban en dirección a la puerta mientras muchas las miraban cuando un murmullo empezó a extenderse por todas partes.
Dejaron de cantar y algunas empezaron a chillar, pero esta vez había un deje de miedo en ellas. Miraron extrañadas a su alrededor y los de seguridad comenzaron a actuar de forma extraña. Corrían de un lado a otro, las fans en cola esperando se revolucionaron y todo se descontroló. Se podía observar como la policía intentaba calmar a quienes esperaban para el concierto, pero cada vez era más difícil. Asustadas, se acercaron a la valla.
-¿Sabes qué puede estar pasando? - Lana le preguntó a su amiga, mirándola con el ceño fruncido, pensando que tal vez ella lo sabría.
-Ni idea. - Miró hacia el frente y se fijó en una chica con el pelo castaño oscuro y con los ojos marrones.
Avanzaron hacia ella, recreando hipótesis y completamente aturdidas. No sabían qué se podían esperar y contenía la esperanza de aclarar sus dudas.
-Perdona, - dijo Lana, -¿sabéis qué está pasando?
La chica las miró sin entender por qué no sabían ya la razón del revuelo, y les respondió:
-Harry. -La mirada de Lana se tornó extraña y turbada al escuchar su nombre. -Ha saltado la valla y ha salido corriendo. Creíamos que había vuelto, pero queda menos de media hora para el concierto y aún no lo han localizado, por eso no han abierto las puertas.
A Lana se le paró el corazón. No sabía qué podía haber pasado, pero intuía que algo malo. Se quitó los tacones y se sacó el pase VIP por la cabeza. Se lo tendió a la chica.
-¿Cómo te llamas? - Dijo con la voz acelerada.
-Andrea.
-Bonito nombre. Hoy es tu día de suerte, toma mi entrada, yo no la necesito. -Se la dio y la chica se quedó petrificada al ver que iba a conocer en persona a sus ídolos. -Podéis pasar tus dos amigas y tú. ¿Nie, vienes?
No le salía la voz, ni a ella ni a Andrea, así que simplemente tiró los tacones al suelo y salió corriendo en la dirección que todos decían que se había ido. Harry  Styles, a mi no me vas a dejar con las ganas de oírte cantar en directo. 
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Hola, hola. La chica que sale que consigue ver a sus ídolos es @MssFallingfor1D así que todos a seguirla que es un amor. :3

viernes, 20 de julio de 2012

Capítulo 8

5 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Mayfair, casa de Lana.
-¿Pintalabios rojo o rosa? - Una chica alta, de pelo castaño muy largo y ojos grisáceos hablaba con su preciosa voz dulce mientras se miraba en un gran espejo rectangular.
-Ninguno de los dos. Color natural. - Otra chica, un poco más alta, con el pelo castaño claro cortado a la altura de los hombros y unos preciosos ojos verde oscuro le contestó mientras rebuscaba algo en un cajón. -Los ojos muy negros, con...¡esta sombra de aquí!
Levantó triunfante una cajita redonda y con la tapa transparente, en la cual se leía "M·A·C" y contenía un color negro muy intenso con una pizca de brillo. Ambas se encontraban en una habitación enorme, más bien era un vestidor, rodeadas de ropa por todas partes. Estaban en la parte del tocador, al final de todo, que consistía en un enorme espejo rectangular y una mesa blanca llena de cajones debajo. Al lado, en una de las paredes había una estantería llena de cosas de maquillaje. Al otro, había un espejo enorme de cuerpo entero que ocupaba lo que quedaba de pared. Justo en esa esquina, había una puerta enorme que daba a otra sala, la cual estaba llena de zapatos.
En el momento en que Lana encontró lo que buscaba, giró la silla en la que se encontraba su amiga y la colocó mirando hacia a ella. Puso cara de concentración y empezó a crear el maquillaje. Mientras lo hacía sacaba la lengua, lo que provocaba una risita en la chica a la pintaba que la hacía mirarla con odio. La chica del pelo rizado, que en ese momento lo llevaba sin peinar y en un recogido deshecho, movía lentamente la brocha, dando suaves pinceladas. Tras varios minutos con los ojos, pasó a la cara, poniendo con cuidado la base de maquillaje y dejándola natural y lisa. Como colorete, un sutil tono tostado, y de pintalabios, uno de color piel. Cuando acabó, sonrió al ver lo bien que había quedado y la giró de nuevo.
-Ya puedes abrir los ojos. - Lentamente, levantó los párpados para quedarse sorprendida.
-Pe...pero, ¡si apenas llevo nada negro! - Abrió de forma muy exagerada los ojos, completamente impresionada.
-No lo necesitas. Ya son preciosos tus ojos así, déjalos que no necesitan más. - Mientras decía ésto, guardaba todos los instrumentos que había utilizado para su amiga y solo dejaba un pintalabios rojo pasión en la mesa. -Y... bueno, yo...
Su amiga notó el titubeo de sus palabras, y entendió que quería decirle algo. No supo el qué, aunque pensó que podría tener algo que ver con el cantante del concierto, el cual seguía siendo una incógnita para ella. La miró a los ojos, dándole fuerzas, diciéndole que lo dijera, que ella seguiría ahí.
-Seré directa. El chico del que te hablé, no es un chico, digamos, normal. ¿Sabes esa banda, One Direction? ¿El de los pelos rizados, Harry? Puede ser que me acostara con él la noche de mi cumpleaños, pero... no era yo. - La chica de la larga melena castaña abrió mucho los ojos, y antes de que pudiera hablar, Lana la interrumpió. -A ver, era yo, pero llevaba una peluca. Me quise ir a... desfasar, por decirlo así, y para una vez que tenía libertad de hacer lo que quiero pues... decidí cambiar un poco. Llevo todo este mes haciéndolo, por eso no suelo quedarme hasta tarde cuando salimos. Ya sabes, de flor en flor; uno cada noche. ¡Pero no vayas a pensar que me acuesto con ninguno de ellos! Lo de Harry fue... un poco especial. - Paró durante unos segundos, recordando aquella noche, aunque no podía hacerlo muy bien ya que apenas sabía su nombre en ese momento; los pocos recuerdos que conservaba le sacaron una sonrisa. -Y ese día, y todos estos, yo... salgo con otro pelo y bastante más maquillaje del normal. ¿Los ojos negros que te gustan, esos de las fotos de truble o trumbl o algo así? Y bueno... ellos no saben nada de mi. No les he dicho mi edad verdadera, ni si quiera mis apellidos... Desconocen mi historia. Yo... lo siento mucho Nie, por no haber confiado antes, pero es que no podía...
Se le entrecortó la voz y las lágrimas se acumularon en sus ojos intentando salir. Ella no lloraba, era tan raro que lo hiciera como que se pusiera nerviosa, pero mucho tiempo atrás había cometido el mayor error de su vida. Blair la había traicionado y ya no lo tenía a él como pilar, pero en realidad siempre había habido alguien mucho más fuerte que ellos dos para soportarla. Nie había estado desde el principio ahí, aunque nunca supo verla. Y, en el momento en el que se despejó la mente esa noche un mes atrás con Harry, lo había descubierto. Había pasado cada tarde desde entonces juntas y se habían vuelto inseparables, pero aunque le había confesado uno de sus secretos, el de su madre aun no estaba preparada... Las dos personas que lo habían llegado a saber estaban ahora fuera de su vida y le habían causado más problemas de los que nunca llegó a imaginar; no estaba dispuesta a pagar el mismo precio con ella.
-Lana, claro que lo entiendo. - La miró con una dulce sonrisa dibujada en sus labios. -Es imposible no entenderlo después de saber lo que te hicieron esos dos... Entonces, ¿es verdad que vamos a ir a un concierto de mis niños?
Ambas se lanzaron a los brazos de la otra con una brillante sonrisa. Ahora era mejor, estaban más unidas tras ese pequeño gesto.
-¿Tus niños? - Dijo Lana separándose de ella suavemente. -Anda, vamos, que llegamos tarde.
Al mismo tiempo, Londres, Inglaterra, The O2 Arena.
Cinco chicos estaban sentados en unos sofás de color azul, aburridos, esperando a que les dieran la señal de que tenían que salir al escenario para cantar delante de miles de fans. Entonces, en las afueras del lugar en el que ellos se encontraban las Directioners empezaron a gritar su nombre al unísono.
-¡One Direction! ¡One Direction! - Se escuchaba de las voces de todas las chicas y los chicos que hubiera.
Entonces se miraron entre ellos y se entendieron, sabían que todos querían hacer lo mismo y se levantaron a toda velocidad. Salieron al pasillo corriendo y esquivaron a todos los agentes de seguridad que trataban de impedirles llegar a la salida. Entonces abrieron la puerta y se las encontraron allí, entre ríos de lágrimas y gritos.
-¡¿Qué pasa, Directioners?! - El que habló fue el chico del pelo rizado, con su potente y profunda voz.
En respuesta recibió muchos más chillidos, llantos, sentimientos desbocados en personas que iban a escuchar cantar en directo a sus ídolos.
Se acercaron a la valla y charlaron con ellas. Las hicieron sonreír, les firmaron autógrafos y todas las partes del cuerpo que tenía visibles. Mientras hablaba con un grupo de tres chicas y un chico pelirrojo sonó su teléfono. Lentamente y con el entrecejo fruncido preguntándose quién sería, sacó el aparto del bolsillo y vio su número en la pantalla. El mensaje decía así: ¿Estás preparado? Te espera una sorpresa, Lana. xx. Inmediatamente una sonrisa apareció en sus labios y fue a contestarle. Pero el destino tiene planes distintos para nosotros de los que ya hemos hecho. En ese momento Niall apareció por detrás y lo golpeó sin querer, haciendo que su precioso iPhone cayera al suelo, donde estaba el pie de Zayn para golpearlo contra la masa de fans. Asustado, abrió mucho los ojos y fue a agacharse a cogerlo, pero una chica rubia y algo bajita se adelantó y, con una sonrisa de infinita felicidad, salió corriendo en dirección contraria. Ahora solo podía pensar en una cosa, las fotos, no pueden salir a la luz. Y, sin pararse a razonar, saltó la valla.
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He de decir, que este capítulo lo odio. ¿Razón? Se me ha borrado casi entero cuando lo iba a publicar y lo he tenido que reescribir a la bulla y corriendo, porque yo soy así de... torpe, es la palabra. Pero bueno, además es aburrido. Aunque deja un poco con la intriga. ¿Qué secretos tiene Lana que le tenga que confesar a Nie? ¿Y qué pasará ahora que Harry ha saltado la valla? CHAN CHAN CHAN. ¿Habéis visto que mal se me da eso de dar intriga preguntando? Si es que... para lo que no se vale, no se vale. (Se me va) Y eso, que os dejo de dar el coñazo. Twit a @livingin1derlan si quereis que os avisa y hago follow back:) xx

domingo, 15 de julio de 2012

Capítulo 7

4 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra.
-¿Dónde vamos? ¡Llevamos veinte minutos andando! - Lana se rió del comentario de Harry, ya que le recordaba a un niño pequeño, y sin llegar a responderle se giró y lo besó. -Vale, podemos ir a donde quieras si sigues haciendo eso.
Se rió de la cara de tonto que se le había quedado y de lo último que había dicho y, mientras miraba al suelo, añadió:
-Ya queda poco. - En ese momento cruzaron una esquina, todavía cogidos de la mano, y aparecieron en un mercado enorme. -Aquí es.
Estaban en una plaza, cuadrada y muy grande, entre edificios bastante antiguos y no muy altos. Ésto hacía que entrara bastante luz a pesar de que el cielo de Londres estuviera encapotado como siempre. Había puestos de toda clase, aunque la mayoría eran de comida, y se diferenciaban por el color de los toldos. Una sonrisa enorme apareció en la cara de Lana al estar de nuevo en aquel lugar tan especial.
-¿Sabes lo mejor de este sitio? - Al decirlo, se agarró más fuerte al brazo de Harry y empezó a tirar de él hacia un puesto de color rojo, dulces. -Las manzanas.
-¿Las manzanas? - Se encontraba con el ceño fruncido y completamente desorientado, arrastrado por su fuerte brazo.
Le preocupaba que alguien pudiera reconocerlo y estaba centrado en como salir de allí corriendo. Si en la esquina de la derecha no hay una puerta, puedo salir por allí y aparecer en la calle principal, y ya coger un taxi. Lana levantó un brazo para señalarle a lo que se refería y guió su mirada hacía allí. Un pequeño establecimiento, dirigido por un hombre muy mayor, estaba lleno de manzanas caramelizadas y recubiertas de muchos tipos de chocolates y coberturas. En la cara de ella apareció una sonrisa brillante que a Harry le recordó a la de una niña pequeña con su primera muñeca. Empezó a tirar de él con más fuerza aún, llegando casi a empezar a correr, y parándose en seco sin previo aviso justo delante del hombre, que se encontraba de espaldas.
-¡Jack! - Lentamente el señor del puesto se dio la vuelta, sorprendido al escuchar que lo llamaban.
-¿Lana? ¿Eres tú pequeña? - Tenía los ojos entrecerrados, ya que no veía bien a pesar de las gafas.
La piel de su cara y sus manos estaba completamente arrugada. Llevaba unas pequeñas gafas, las cuales se le resbalaban por su gran nariz aguileña y apenas le servían. Iba vestido con una camisa beige, una chaqueta marrón y unos pantalones negros. Estaba muy delgado, de lejos se podían pensar que era todo huesos y se movía un poco encorvado, aunque con bastante soltura. Sus ojos de color azul claro, parecían estar tristes todo el tiempo, hasta que vio a Lana, la cual hizo que apareciera un brillo de alegría en ellos.
-Sí, soy yo. Me he cambiado un poco el pelo, pero soy yo. - La sonrisa no desaparecía de sus labios y no dejaba de apretar fuertemente el brazo de Harry, al cual seguía cogida.
-Imposible no reconocerte con esos ojos tan bonitos que tienes. ¡Pero cómo has crecido! - Salió de detrás del puesto y se fue directo a abrazar a Lana. -Estás muy guapa. Cada día te pareces más a tu madre. Hacía mucho tiempo que no venías por aquí.
-Ya, no tenía nadie a quien quisiera traer. - Se habían separado ya, y cogía la mano de Harry con fuerza.
Él simplemente observaba la escena. Se fijó en la felicidad que ambos desprendían, en como se notaba que se conocían desde hacía muchos años y que tenían confianza. Hablaban tranquilamente, de muchos temas a los cuales no prestaba atención, solo se podía centrar en el hecho de que tenía la mano de Lana cogida a la suya. En ese momento no sabía lo que sentía. Quería salir corriendo de allí y besarla hasta estar sin aire, pero, a la vez, quería quedarse allí con ella cogida de la mano, viendo lo feliz que era, contemplando su sonrisa. Se revolvió el pelo nervioso, preocupado por sus pensamientos, cuando ella lo sacó del lío en el que estaba.
-Elige una. - Le hizo una seña con la mano para que viera todas las que había y empezó a explicarle de qué era cada una. -Éstas son las caramelizadas normales, las azules de ahí son con sabor a nube, las amarillas son las de limón, las rosas lisas son de fresa y las que llevan blanco tienen nata. Estas con virutitas son de chocolate blanco con cacahuetes. Y los de aquí... - Iba señalando uno a uno los tipos que nombraba cuando Harry le puso un dedo en los labios suavemente.
-Quiero la que tú quieras. - La miró sonriendo y ella se la devolvió; seguía recordándole a una niña pequeña.
-Jack, dos. - Sacó su monedero del bolso y la paró en seco.
-¿No creerás de verdad que te voy a dejar que pagues, no? - Mientras decía ésto, sacó varias libras de su bolsillo y le pagó a Jack, el cual le entregó dos manzanas.
Eran completamente blancas, recubiertas que una finísima capa de un polvo del mismo color. Se miraron y se pusieron de acuerdo para probarlas a la vez. Lana cerró los ojos mientras mordía y se dedicó a observarla mientras masticaba. Vio como dulcemente saboreaba lo que tenía en la boca y sonreía de felicidad. Harry solo trataba de identificar qué estaba comiendo.
-Chocolate blanco y azúcar glas. - Habían empezado a andar y ahora caminaban tranquilamente por calles que él no había visto ni visitado nunca antes.
Se había olvidado por completo de que podían reconocerlo y que tendría que irse corriendo y simplemente disfrutaba de estar al lado de Lana. Gastaban bromas, se abrazaban, se perseguían y se perdían. Se habían terminado las manzanas hacía un rato, cuando giraron en un callejón completamente oscuro y sin nadie en él. Iban cogidos de la mano, como llevaban haciendo todo el camino y, de pronto, Harry la rodeó por la cintura y la encerró contra la pared. Lentamente se fue acercando a ella, haciendo cada vez menor la distancia que los separaba.
-Llevo esperando para hacer ésto mucho tiempo. - Dijo muy lentamente mientras empezaba a cerrar los ojos.
Lana, que se encontraba con una sonrisa pícara en sus labios y los brazos apoyados en la pared, le puso dos dedos en la boca, haciéndolo parar y mirarla.
-¿Quién ha dicho que yo quiera? - Sin ningún momento dejar de sonreír, levantó el brazo que seguía abajo y le rodeó el cuello.
-Tampoco has dicho que no. - Volvió a cerrar los ojos, pero esta vez ambos lo hicieron y se fundieron en un beso suave, que fue aumentando de intensidad.
Llevaban un rato allí, los dos solos compartiendo saliva, cuando el teléfono de Harry empezó a sonar. Éste suspiró y se separó de ella, que solo podía pensar en que necesitaba más de él. Cogió el teléfono y, sin llegar a mirar quién llamaba, respondió.
-¿Ya vais para allá? - Puso cara de concentración e hizo soltar una pequeña risa a Lana, que miró hacia abajo y le cogió la mano. -Vale, sí. ¿Calle? Ajá. Sí, vale, sí, ya sé. Voy para allá entonces. Ah, ¿me recogéis? Sí, vale, Ok. Allí estaré, hasta luego Louis. Sí, te quiero.
Su mirada se había tornado triste, se le veía más decaído y cuando guardó el teléfono de nuevo en el bolsillo, solo abrazó a Lana con fuerza. Ésta se lo devolvió, apretándolo con fuerza para que supiera que no quería separarse de él, pero suponiendo la razón de tener que irse.
-¿Dónde hay que ir? - Mientras decía ésto lo agarró de nuevo de la mano y empezó a andar, guiándolo hacia la dirección que le había dicho, pero él la paró.
-Primero una foto de recuerdo. - Le sonrió con un pequeño brillo de tristeza en sus preciosos ojos verdes que le hizo imposible negarse.
Estuvieron un rato intentando poner el móvil apoyado de forma que no se cayera en un saliente de una ventana de la calle. Harry hacía los intentos y, cuando parecía que se quedaba y sonreía con orgullo, volvía a caerse, haciendo estallar en carcajadas a la a chica rubia que lo acompañaba. Tras varios minutos sin éxito, lo intentó Lana, consiguiéndolo a la primera y obteniendo un motivo para burlarse de él todo el camino de vuelta. Pusieron el temporizador y se sentaron en el suelo, mirando a la cámara pero, segundos antes de que se hiciera la foto, se puso a mirarla. La observó detenidamente, hasta que ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo y giró también la cabeza, apareciendo una sonrisa en sus labios al mirarlo a los ojos.
-¿Qué? - Se acercaban lenta y peligrosamente.
-Eres preciosa. - Y la besó, saltando el flash en ese momento y guardando en la memoria del aparato ese momento tan especial que habían compartido.
Cuando sus labios se separaron, sus frentes entraron en contacto. Tras un instante así, tiempo que ambos disfrutaron juntos, Lana habló.
-¿Qué te parece una normal? - Se separró de él y se levantó en dirección al teléfono, dejando al chico del pelo rizado en el suelo suspirando y observando como andaba. -Ya está, cuenta hasta diez.
Se acercó sonriendo y se puso a su lado. Él la abrazó y ella apoyó su cabeza en su hombro. Se miraron durante menos de un segundo y posaron para la foto, quedando deslumbrados por la luz. En cuanto se hizo, se levantaron y comenzaron a andar con tranquilidad, cogidos de la mano.
Cuando llegaron, una furgoneta negra los esperaba justo ahí. Harry bajó la mirada triste, pero ella le levantó la barbilla y lo obligó a mirarlo a los ojos.
-Eh, todavía tienes mi teléfono. Llámame cuando quieras, ¿vale? - Le dio un beso en la mejilla y se alejó mirando hacia atrás, sonriendo pero con un poco de tristeza reflejada en la mirada.
El chico del pelo rizado se subió al coche lentamente, no queriendo separarse de la chica rubia que se alejaba de allí. Bajó la mirada para ver donde pisaba y no volvió a levantarla durante una parte del recorrido, hasta que sus compañeros le hablaron.
-Harry, - Era Louis el que hablaba. -¿qué es lo que pasa con Lana?
Lo miraba interrogante, sabiendo que no era momento de bromas por cómo estaba su amigo, pero que no tardaría nada en serlo. Había que animarlo, no podía estar así por una chica a la cual había visto tres veces en su vida. No sé que pretende. Se preguntaba una y otra vez, intentado averiguar qué es lo que ella quería, si fama, dinero, diversión o solo sexo. El aludido lo miró, sin entender muy bien y con una pizca mínima de odio reflejada en sus ojos, y suspiró, volviendo a bajar la mirada.
-Nada, es solo un juego. - Sacó el teléfono móvil y empezó a teclear algo.
Para ti no lo es. Louis lo conocía demasiado bien, veía que ella se estaba volviendo importante en su vida y no quería verlo sufrir por una persona a la que apenas conocía. Se obligó a si mismo a recordar que tenía que hablar con ella cuanto antes, aunque ahora sería un poco complicado, o hacer que Harry la olvidara durante lo que quedaba de Tour. Decidió crear un plan en el que le robaba el número de Lana, quedaba con ella y lo averiguaba todo. No sería fácil hacerlo sin que él no supiera nada, pero estaba decidido. Por su amigo, su hermano, cualquier cosa.
En el mismo momento que en la mente de uno de ellos se tramaban planes, el otro escribía un mensaje. El Sábado por la mañana tengo un hueco libre, ¿cine y palomitas en mi casa? xx . En el instante en el que pulsaba el botón de enviar, una preciosa sonrisa apareció en su rostro al pensar que la vería de nuevo, aunque desapareció cuando la respuesta le llegó. Tengo cosas que hacer, ya nos veremos en otro momento. XX Y, en la otra punta de la ciudad, la chica rubia que escribía con tranquilidad en su móvil, sonrió con felicidad mientras le entregaban un sobre; uno que contenía dos papeles de tamaño rectangular y dos tarjetas con las siglas VIP grabadas, para un concierto de un grupo conocido como One Direction.
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Hola holaaaaaaa. He de deciros, que aquí en Málaga me hallo derritiéndome, literalmente. Es bastante largito, así que espero que de para muuuuchos días de espera, porque estoy seriamente estancada en el capítulo 10, y se acerca el momento de publicarlo a pasos agigantados. Lo cierto es que no opino de esto en twitter, porque pasan de mi, pero a mi las peleas entre FM me parece que solo dan una mala imagen de las Directioner españolas. Y de corazón deseo que los chicos vean ambos, los dos, y les gusten los dos, porque llevan mucho esfuerzo y dedicación. Y después de eso, nada, no os doy la paliza. Besos, C. xx

lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo 6

4 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Trafalgar Square.
Eran ya las nueve, la hora a la que había quedado con él en esa plaza y seguía sin aparecer. Lana llevaba unos pantalones cortos de un rosa muy saturado, atados con un cinturón que parece una cadena y termina en dos plumas. En la parte de arriba se había puesto una camiseta, no muy larga, en color gris oscuro, ancha y de manga de tirantes sin escote ninguno. Para quitar el frío se había puesto una rebeca bastante larga de encaje, con un forro debajo que no dejaba pasar para nada la temperatura del ambiente. En los pies llevaba unas Vans en color negro y el pelo, como siempre, suelto, liso y con el flequillo hacia abajo. Se sentó en uno de los escalones de la plaza, observando como los turistas se subían a los leones y se hacían fotos encima de ellos. Recordó entonces una foto de ella de pequeña, antes de que sus padres se separara, con apenas un año, subida encima de uno de ellos junto a su madre. Pero esa foto siempre la entristecía, no porque fuera un mal momento, ambas sonreían aunque ella fuera muy pequeña, sino por el hecho de que al fondo de la foto se podían ver a los paparazzis. Ellos habían hecho que sus padres se separaran al difundir cada día rumores absurdos sobre infidelidades. Mientras pensaba en lo agobiante que sería para ella si supiera todo el mundo de quién es hija, un chico que conocía apareció por la esquina.
Llevaba el pelo completamente tapado con un gorro de lana gris y unas gafas negras cubrían sus ojos. Se había puesto un jersey azul marino, unos vaqueros blancos y unas Converse en el mismo color que la parte de arriba. Andaba de forma acelerada y mirando a todas partes, por si alguien lo reconocía. Inmediatamente, desde que cruzó la esquina de la plaza, una sonrisa apareció en sus labios al ver el pelo rubio muy claro de una chica en las escaleras. Se olvidó entonces de ir casi corriendo y empezó a avanzar con tranquilidad y muy feliz. Al acercarse más, la chica lo vio a él y se levantó para acercarse, lo que le sacó una sonrisa.
-¿Por qué sonríes tú? - Se paró antes de llegar a él y le devolvió la mirada.
-¿De verdad crees que alguien puede no sonreír a tu  lado? - Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, cogiéndola por la cintura.
-Por supuesto. - Mientras decía ésto se separaba de él y lo cogía del brazo. -¿Por qué llevas este gorro tan horrible?
Levantó el brazo que le quedaba libre y se lo quitó, dejando a la luz sus preciosos rizos todos aplastados. Inmediatamente giró la cabeza y se los arregló, quedándoles igual de perfectos que siempre. Entonces se acordó por qué lo llevaba e intentó quitarle el gorro a Lana, la cual lo ponía fuera de su alcance.
-Porque me gusta llevarlo. Dámelo, venga. - Ahora le ponía cara de cachorrito mientras ella lo miraba con una sonrisa de satisfacción.
-Oh, no, ni hablar. Primero que no me gusta. Segundo que es horrible. Tercero que te tapa tus rizos y, la verdad, me encantan. Así que de ponértelo de nuevo, nada de nada. - Cerró los ojos y puso la cara más dulce que podía, haciendo el papel de niña buena que la había ayudado tantas veces a conseguir lo que quería y obligando a lanzar un suspiro a Harry.
-Al menos devuélvemelo, ¿no? - Seguía estirando el brazo, con la esperanza de conseguir alcanzarlo en algún momento.
-Mmmm.... - Lo miró de arriba a abajo, como evaluando la situación. - Tal vez, pero solo tal vez, podamos hacer un trato. Bueno, más bien un intercambio. ¿Qué te parece?
Lo miraba expectante, esperando que aceptara para iniciarlo en su juego. Ahora conseguiré que me diga quién es. Al ver que tardaba mucho en decidirse volvió a hablar.
-Espero que sepas que si no aceptas no vas a volver a tener ni tu gorro ni tu jersey, el cual sigue en mi posesión... - Dejó el tema en el aire, girando la cabeza y dejando de mirar a su compañero para observar la calle por la que andaban.
-¿Me vas a obligar a darte algo a cambio de mis cosas? - Dijo mirándola con la sorpresa reflejada en sus ojos y enfatizando mucho el adjetivo posesivo.
-Eso es. - Se separó de él y se alejó corriendo un poco, mientras le enseñaba el gorro y sacaba el jersey de su bolso.
-¡Vale, intercambiamos, pero ven! - Se revolvió en el sitio en el que estaba, nervioso, sabiendo que si alguien lo reconocía tendría que irse de allí y no quería separarse de Lana.
-Así me gusta. - Dijo volviendo a su lado y sonriendo con satisfacción. -Tienes que decirme la verdad, y te devuelvo ambas cosas.
-¿La verdad sobre qué? - La miró con el ceño fruncido y sin saber a qué se refería.
-Sobre quién eres. - Ya no sonreía y se le veía en la mirada que quería saber todo lo que tuviera relación con eso, y él supo verlo, suspirando y armándose de fuerza para hablar.
-Soy Harry Edward Styles, tengo 19 años. - La miró con la esperanza de que eso fuera suficiente, pero ella quería más. - Soy... cantante. Mundialmente conocido y con dos discos grabados. Y ahora estoy de gira dando conciertos en Reino Unido e Irlanda, ahora en Londres, igual que el día que nos conocimos en Cardiff.
Suspiró entre aliviado y cansado de recordar todo lo que eso significaba. Como tenía los ojos cerrados nos vio como la chica que iba a su lado se acercaba lentamente a sus labios hasta rozarlos con ternura y delicadeza.
-No solo te has ganado la ropa. - Ambos abrieron los ojos y sonreían. -¿Seguimos?
Harry asintió con la cabeza y movió las piernas para empezar a avanzar, pero su mente estaba mucho más lejos. Lo sabe, lo sabe y no le importa. Algo dentro de él le decía que eso era importante, pero otra parte se moría de ganas por preguntar cómo lo había averiguado. ¿Y si no quiere hablar del tema? Se mordió el labio en señal de preocupación y frunció el entrecejo, como llevaba haciendo bastantes veces desde hacía un tiempo.
-¿Harry, estás ahí? - Lana lo miraba expectante, con la curiosidad reflejada en su mirada; al ver que asentía con la cabeza, continuó hablando. -Que digo que si quieres ir a una cafetería normal o te llevo a un sitio especial.
-No hace falta que me lo piense dos veces, a donde tú quieras. - Volvió a sonreír y a mirar hacia delante, aunque ahora ambos andaban callados; se armó de valor para preguntárselo. -Lana...
-Dime. - En ese momento se puso delante suya para andar por una acera estrecha por la que solo cabía una persona y lo cogió de  la mano para no tener que separarse de él.
-Ya sabías quién era. - No era una pregunta, sino una afirmación y Lana asintió con la cabeza dándole la razón. -¿Cómo lo supiste?
Empezó a reírse suavemente, como tratando de ocultar que lo estaba haciendo, mientras sorteaba los obstáculos como farolas o postes de luz de la acera de una forma muy ágil y rápida, a Harry le recordó a una bailarina.
-Así. - Entonces se paró sonriendo y miró a su derecha, dónde había una pared llena de carteles enormes de conciertos.
Harry agachó la cabeza con una sonrisa que expresaba muchas cosas. Entre ellas sorpresa, porque no se esperaba que lo hubiese descubierto así, también había ironía porque había tratado de ocultarle algo que estaba delante de sus ojos y por último, pero no menos importante, una sonrisa que tapaba el momento de preguntarle qué le parecía su música. Estuvieron un rato en silencio, yendo por esa calle sin apenas acera y casi muriendo cada vez que pasaba un coche, cuando Lana habló de nuevo.
-¿No quieres saber qué me parece tu música? - No lo miraba y tampoco sonreía, pero en sus ojos había un brillo de felicidad.
-No me atrevía a preguntar. - En un arrebato de sinceridad, le dijo lo que en ese momento pensaba.
-Pues no deberías de tenerlo, me encantan todas. - Se giró para que viera como sonreía y se diera cuenta de que estaba siendo sincera.
-¿De verdad? - Su mirada se iluminó y una gran sonrisa apareció en sus labios. -¿Cuál es tu canción favorita?
Habían vuelto a andar, aunque ahora habían girado y estaban en una calle un poco más ancha, por lo que ya estaban de nuevo cogidos del brazo y el uno al lado del otro.
-She. Definitivamente, She es mi canción favorita. - Se paró unos segundos para recordar el resto de canciones que no le habían llamado tanto la atención. -Y, creo que del primer disco, las que más me gustan son Moments More Than This. Soy mucho de canciones lentas, por si no te habías fijado.
Le sacó una sonrisa y ella lo miró, contagiándose de ésta. Segundos después, bajó sus ojos y miró hacia el suelo.
-Y me identifico bastante con Same Mistakes. - Lo dijo suavemente, como si no quisiera que su interlocutor se enterara, pero éste estaba tan pendiente de ella que le fue imposible no escucharlo.
Entonces a Harry se le escapó una pequeña lágrima, de la que Lana no se dio cuenta. Se la quitó rápidamente y la abrazó fuertemente. Ella se dejó y no dijo nada ni hizo nada por apartarse. Que bien huele. Era lo único en lo que podía pensar, en eso y en la letra de la canción que había compuesto él, tanto letra como música. She trataba de una chica, una chica que conoció por casualidad y que lo volvía loco. Jugaba con él y se había vuelto adicto a ella, mostrando lo doloroso que puede ser amar y no ser amado. Era una canción lenta, cantada entera por él y que se encontraba en un pack especial lanzado hacía pocos días con cinco canciones cantadas enteras por cada uno de los miembros de la banda, que ella ya la hubiera escuchado le llegó al corazón. Y más aún sabiendo que She, era ella. La chica rubia que tenía entre sus brazos era la misma que protagonizaba su canción favorita.
-¿Y la tuya? - Aún seguían juntos, disfrutando de la seguridad que le daba estar en los brazos del otro.
-La mía está entre mis brazos. - Se separó de ella y con una mano empezó a acariciarle la mejilla.
Ella cerró los ojos y disfrutó del tacto suave de las preciosas manos de Harry, que la transportaban a un lugar muy alejado de allí. Poco a poco, él se acercó más, cerrando los ojos y poniendo sus labios en los de ella. Lentamente, tras varios segundos así, el beso se hizo más intenso. Cuando pararon a respirar, ambos sonreían y empezaron a avanzar tranquilamente, hablando con felicidad en sus voces de cualquier tema. Ninguno quería pensar en lo que tenían. ¿Qué es lo que pasa entre nosotros? Ambos querían la respuesta a esa pregunta, pero no la formulaban en alto. Les gustaba la relación que tenían ahora, ese juego de niños que incluía cosas de adultos. Sin compromiso, sin celos, sin presiones, sin etiquetas, sin fechas. Sin problemas, ¿o tal vez sí que los hubiera?
Dicen que los corazones rebeldes no pueden romperse, pero ¿quién dice que dos personas con esa mentalidad no pueden destrozarse la una a la otra?
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Hoy nuestro fandom se viste de negro, la muerte de dos Directioners marca el día de hoy. Manon y Lydia, siempre seréis recordadas. xx

Interludio 5/6

Una hora después, Londres, Inglaterra. Westminster School.
Una chica de pelo castaño y corto se apresuraba por los pasillos del antiguo colegio. Llevaba su uniforme habitual, una falda verde oscuro de tablas y completamente lisa, una camisa blanca remetida por dentro y una blazer gris oscura. Me voy a tener que apuntar a atletismo como siga a este ritmo. Cerró los ojos y suspiró de alivio al ver que el profesor aún no había llegado a la clase. Andando lentamente se acercó a una chica alta, de pelo castaño claro muy largo y liso. Sus preciosos ojos grisáceos brillaron al ver aparecer a Lana y se acercó a ella, separándose del grupo en el que estaba.
-¿Hoy tampoco ha venido? - Preguntó mirando por encima del hombro de su amiga para observar a las demás chicas que hablaban por detrás; ella negó con la cabeza.
-Creo que debemos de empezar a asimilar que Brown también se ha ido. - La miró con tristeza, esperando a darle un abrazo en el momento apropiado.
-Pero... él no tenía motivos. Probablemente estará enfermo, ya volverá, seguro... - Reflejaba desesperación en su voz, deseos de volverlo a ver, de volver a mirar en sus ojos oscuros, de perderse en sus besos...
-Lana, regresa al mundo. Ha pasado un mes, no va a volver. Olvídate. ¿El chico especial ese que me contaste, el misterioso? Llámalo, queda con él, haced cosas guarras, ¡yo qué sé! Pero del otro te olvidas, ya has sufrido mucho todos estos meses. - En ese momento la abrazó, dándole fuerzas, demostrándole su amistad, diciéndole te quiero sin palabras; entonces suavizó su tono de voz y volvió a ser tan melodioso como acostumbraba. -Está aquí ya el profesor Humphrey, ¿has traído el justificante?
Lana asintió con la cabeza y sacó un papel doblado de su mochila. Lo desdobló y empezó a leer:
-La señorita Lana Donahue no ha podido asistir hoy a clase día tres de Abril, porque ha tenido que una revisión médica, blah blah blah. - Mientras decía ésto, empezó a volver a doblar el papel y lo guardó de nuevo. -Tengo diez más en mi casa sin fecha, así que puedo faltar cuando quiera.
Sonrió con satisfacción y pasó por el umbral de la puerta.
-Cada vez te pareces más a ella, eh. - También sonreía, pero en su voz iba un deje de ironía que solo Lana supo captar.
-Entonces aleja a tu novio de mi. - Y ambas estallaron en carcajadas mientras se sentaban en sus respectivas sillas; entonces se acordó de las entradas que recogería al día siguiente. -Por cierto Nie, ¿te apetece un concierto este viernes?
-Está bien. ¿Me ayudas tú con la ropa? - Le respondió su amiga en un susurro.
Ésta asintió y miró al frente. Mientras el profesor escribía en la pizarra varios datos de la literatura del Barroco que dentro de poco tendría que estudiar, sacó el móvil y se encontró un mensaje: Quiero mi jersey de vuelta, ¿puedes quedar mañana temprano y desayunamos juntos? H xx. Al leerlo se le iluminaron los ojos. A las nueve en Trafalgar Square. Levantó entonces los ojos de la pantalla y guardó el móvil. Cogió un bolígrafo y empezó a copiar los apuntes del tema. Creo, que voy a tener que ir a por más justificantes pronto... Y una sonrisa apareció en sus labios.

viernes, 6 de julio de 2012

Interludio 4/5


Madrugada del 2 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Cocina de la casa de Louis y Harry.
-Lana, soy Harry. Sé que ha pasado mucho tiempo pero no he estado por casa y bueno... Te llamé un par de veces hace varias semanas atrás, pero no me lo cogías y no me respondías, estarías ocupada o algo. Que estoy en Londres unos días y por si podíamos quedar y hacer algo... Lo que tú quieras. Llámame cuando veas ésto, besos.
-¿Sigue sin haber suerte? - Louis le preguntaba mientras le daba unos golpes de ánimo en la espalda; Harry negó con la cabeza. -Bueno, ya te llamará. Al menos te debe un jersey.
Consiguió sacarle una sonrisa, pero aún así no podía sacársela de la cabeza. Su pelo rubio muy claro, sus preciosos ojos verde oscuro, su sonrisa deslumbrante, como lo trataba, como lo hacía olvidarse de que era famoso... ¿Y si ha descubierto quiénes somos y no le gusta nuestra música, o no le gusta como canto, o no quiere estar conmigo por ser famoso? 
-Harry, no te atormentes más querido mío. Me voy a acostar, buenas noches. - Y mientras salía por la puerta, se giró, le guiñó un ojo y añadió. -Te quiero.
Y se fue sonriendo mientras marcaba un número de teléfono. Se quedó allí un rato, sentado en uno de los taburetes. Tenía el ceño fruncido y en sus manos una taza con leche caliente se iba enfriando poco a poco. En ese momento cogió el teléfono e inició sesión en twitter. Nada interesante, nada interesante, ¡espera! ¿Es ese su pelo? Rápidamente entró en el perfil de la chica y se dio cuenta de que no era. Se había levantado del sillón por la emoción de creer haberla encontrado y, decepcionado, se volvió a dejar caer en el asiento. Nunca la encontraré.... Se repetía a si mismo una y otra vez, hasta que se dio cuenta de que estaba sufriendo por nada. Se levantó, cogió el teléfono, dio el último sorbo de leche y dejó la taza en el fregadero. No volveré a llamar. Y con esta mentalidad, se acostó y se durmió, sin saber que en unos días le esperaba una sorpresa.

Capítulo 5

Antes de nada aclarar que lo que hay después, el interludio, va antes de esto, pero que no es imprescindible leerlo. Lo siento, nada más empezar y ya la cago de esta forma... delito tengo. Perdonad.
3 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra.
-¡Harry! ¡Harry! ¿Nos firmas un autógrafo? - Mientras tres niñas de unos 15 años estaban emocionadas y se mordían las uñas, él simplemente les firmaba el brazo con una sonrisa en la boca. -Estuvimos en el concierto de ayer y...
-¡Dios, fue fantástico! - La más alta fue la que habló en esta ocasión.
-Muchas gracias. - Les devolvió el bolígrafo y las abrazó.
Se despidió de ellas con la mano y se alejaron sonriendo y haciendo gestos raros, a la única que no habló se le escapó una lágrima de emoción.
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No muy lejos, a un solo par de callejuelas de distancia, una chica de pelo rubio corría apresuradamente, huyendo como venía siendo costumbre en ella. Llevaba una sencilla camisa beige, bastante transparente, de manga corta y tipo murciélago. Ésta iba remetida en unos pantalones en color verde militar, muy pegados y que parecen de montar a caballo, sujetados por un finísimo cinturón marrón. De accesorios lucía un collar de cruces plateadas, de longitud media, y una pulsera ancha de oro en la muñeca derecha. De zapatos llevaba unas botas militares con tacón en forma de plataforma en color marrón, igual que el doctor bag. Y, por último, un trench en el mismo color que los pantalones, aunque un poco más oscuro.
Cada pocos metros avanzados, miraba hacia atrás, esperando encontrarse a ese hombre con gabardina que llevaba tantas semanas detrás de ella. Empezaba a sospechar quién era, pero todavía no se atrevía a decirle nada a su padre por miedo a tener que dejar su nueva vida apartada. Ahora que empiezo a conseguirlo, ahora no. No quería dejar apartado lo que tanto trabajo le había costado. Ahora empiezo a entender lo que tengo que hacer, ahora empiezo a saber lo que quiero ser. Continuaba rápidamente por las calles en las que se metía para despistar, pisando suavemente  para hacer el menor ruido posible y que la perdiera de su vista. Entonces apareció en una calle principal y pensó un plan rápido para que la dejaran en paz. Agárrate a la primera persona que pase por la calle y que se vaya, siempre que estoy con gente se va. Y lo cumplió, nada más aparecer en la acera se agarró al brazo de un chico que no pudo ver por la luz.
-Wowowow, hay más fans, no puedo ser exclusivo preciosa. ¿Tienes un bolígrafo y te firmo un brazo? - Como siempre, hablaba lento y con su voz grave modulada de forma que toda chica que lo escuchara se derritiera y la empezaba a apartar con delicadeza.
-¿Harry? - Menos mal que mi plan ha salido bien.
-¿Lana? ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué me coges del brazo? - La seguía intentado apartar, pero ella se agarró más fuerte.
Miró hacia atrás, sin poder controlar sus nervios. La situación que estaba viviendo ahora era la única que la ponía nerviosa, la única capaz de perturbar su habitual tranquilidad. Al ver que el hombre de la gabardina había girado y se dirigía en el sentido contrario de la calle, se relajó y soltó un gran suspiro de alivio. Harry la miraba extrañado y con el ceño fruncido. Algo en su estómago se revolvía al verla de nuevo.
-Me perseguían. No tenía ganas de seguir corriendo y, bueno... Esta ropa no es nada cómoda, ¿sabes? Voy a cambiarla en cuanto pueda. - Sonreía mientras se apartaba un poco el flequillo de la cara, el cual se encontraba alborotado y despeinado.
-¿Te persiguen y te agarras a la primera persona que aparece por la calle? Creo que tu plan de salvación no es el mejor, que digamos... - Ambos rieron y se percataron de que seguían cogidos, pero ninguno quiso separarse. -¿Y quién es el que te persigue? ¡Yo te defenderé!
Infló el pecho de aire al decir ésto y dejó de respirar, para mantener la parte de arriba del cuerpo de un tamaño un tanto exagerado. Lana se rió coquetamente de la actuación de Harry y miró al suelo para ver por dónde andaba.
-Bueno, no lo sé, la verdad. Pero no me importa mucho, así me reencuentro contigo. - Lo miró sonriendo, con un brillo especial en sus preciosos ojos verde selva. -¿Y tus... primos?
Enfatizó bastante esta última palabra, dando a entender que sabía que no lo eran, pero sin querer descubrir que lo sabía; un juego sutil. Lo miró expectante, con una sonrisa de ironía en los ojos.
-Todos duermen, pero yo no he podido seguir dentro de la cama con el precioso y extraordinario día tan fantástico de hoy, y he salido a darme un paseo para relajarme. - Al mismo tiempo que decía ésto, giraba la cabeza y se revolvía el pelo, recolocándoselo con la mano segundos después.
Lana se fijó en su ropa. Iba con una sencilla sudadera gris, unos vaqueros oscuros y unas Vans rojas. Lo estaba mirando de arriba abajo, embobada por su olor. Dios, es perfecto. Se acordó de la primera vez que estuvo con él, apenas había sido capaz de darse cuenta de lo que le atraía el aroma de la colonia que llevaba debido al alcohol pero ahora... ahora era todo distinto. Cerró los ojos disfrutando del olor, y Harry se dio cuenta, provocándole una inmensa sonrisa de satisfacción.
-Te gusto, admítelo. - Y en ese momento la dirección del viento cambió y le llegó a él la colonia.
Un aroma a jazmín, suave pero a la vez muy conseguido penetró por sus fosas nasales, haciéndole cerrar los ojos y perder su sonrisa de seductor nato. ¿Estoy en el paraíso? Se preguntaba una y otra vez mientras respiraba fuertemente para coger el olor de la colonia. En ese momento Lana tenía la sonrisa de Harry de instantes atrás, como si se la hubiese traspasado.
-Y yo a ti. - Ahora se miraban fuertemente, como ese momento en la furgoneta en el que la tensión sexual era palpable.
-Vente esta noche a mi casa. - Lo dijo en un susurro suave, directamente pronunciado en el oído de Lana, la cual se giró y le mordió el lóbulo de la oreja.
-No puedo, y ahora me tengo que ir, pero puedo darte mi número nuevo. El que te di la última vez lo perdí. - Esta vez le dio un suave beso debajo de la oreja.
Se apartó por fin de él, ya que llevaban todo el rato caminando y cogidos del brazo y sacó un bolígrafo. Cogió el brazo de Harry y empezó a apuntar cifras, al final del listado, dibujó una L y un corazón.
-Llámame y te devuelvo tu jersey. - Se acercó lentamente a sus labios como para besarlos.
Tenían los ojos cerrados. Harry la cogía por la cintura y ella estaba agarrada a su cuello. Los separaban unos pocos milímetros, apenas había nada entre ellos, respiraban el mismo aire y, cuando parecía que se iban a besar, Lana se puso de puntillas y topó con sus labios en su nariz. Sonrió aún con los ojos cerrados.
-Hasta la próxima, Harry. - Se fue sonriendo mientras llamaba a un taxi.
Él se quedó allí, con una sonrisa de bobo e iluso que no podía hacer desaparecer de su boca. En ese momento volvió a emprender el camino y sacó el móvil. Entró en twitter y escribió: Ir andando por la calle y, antes de darte cuenta, tener la posibilidad de recuperar tu jersey. La gente empezaba a preguntarse qué le pasaba al armario de su ídolo.
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Buenaaaaaaaaaaaas:) Sí, he subido ya, y van tres días seguidos. A este ritmo me quedo sin capítulos jajajaa. Pero me lo han pedido y mañana no subiré porque me voy a pasar el día en Marbella así que... el Domingo habrá un interludio, que es como un minicap; por desgracia, este cap es tan peque que lo podía haber metido pero... así puedo publicar el domingo jajaja Y nada eso, que en el anterior cap recibí mi primer comentario y fue como dfghjkli y ya está jajaja. Y que muchas gracias por leerla xxxxxxxxxx (inifnito amor)

jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 4

4 de Marzo de 2013. Aeropuerto de Cardiff, Gales.
-Pero tío, ¡llámala! - Dijo Louis, mientras pasaban en la parte de al lado de las cabinas telefónicas; todos coincidían en que eso era lo que debía hacer Harry. -Si no es para conoceros más, al menos que te devuelva tu ropa.
-Pero... ¿y si no quiere hablar conmigo? - Estaba preocupado y se había dado cuenta de que esta chica lo alteraba.
-Tiene que hablar contigo. - Louis dijo, marcando fuertemente la primera palabra; al ver el ceño fruncido y la mirada de no comprender de su amigo, añadió. -Porque tiene que devolverte tu jersey. ¡Qué te lo regalé yo!
Todos sonrieron y Harry asintió, dando por finalizado el tema que había ocupado todo el camino al aeropuerto.
-Siguiente parada: ¡Irlanda! ¿Tienes ganas ya, eh, pequeño duende? - El coro de risas se expandió entre los chicos, que avanzaban tranquilamente escoltados por el equipo de seguridad de camino al avión.
Poco antes de despegar, el chico del pelo rizado escribía en twitter: Despertarse un día y tener un jersey menos. Yo ya lo dije, el mundo desnudo es un mundo mejor.  Nadie lo entendió, pero eso era habitual en lo que escribía.
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Al mismo tiempo, en el mismo aeropuerto, una chica de pelo castaño y rizado, cortado a la altura de los hombros, se acercaba a una cabina telefónica para llamar a su casa. Llevaba una preciosa falda rosa claro, de talle alto y nada pegada. En la parte de arriba, por dentro de forma que quedara tipo globo, una camisa de un rosa pastel muy suave y apenas perceptible y, por el cuello, un fular largo y terminado en flecos en color azul bebé, el cual llegaba hasta el final de la falda. Llevaba además unos preciosos botines de tacón marrones, de ante y una gabardina beige sin cerrar. Metió unas cuantas monedas y marcó el número de teléfono de su casa.
-Hogar de la familia Donahue. - Una voz grave, masculina, contestó en la línea del otro lado.
-Soy yo, Lana. Pásame con mi padre. - Suspiró, sabiendo que ahora tendría que esperar.
-Su padre no puede ponerse en estos momentos, si puedo ayudarla en algo señorita Donahue. - Lo sabía.
-Sí. En una hora sale mi avión.
-¿De Cardiff?
-Ajá. Para que viniera alguien a recogerme.
-Allí estará Frank.
-Vale, muchas gracias John. ¡Hasta luego!
-Adiós señorita Donahue. - Y se acabó la conversación telefónica.
¿Qué pasa que últimamente siempre me encuentro con grupos de niñas locas? Pensando en ésto, entró en el aeropuerto y se dirigió a su avión. Sin percatarse del grupo de personas que ella conocía y que se encontraban en el sentido contrario.
Tiempo después.
-¡Hola Frank! ¿Sabes si mi padre ya está en casa? Necesito hablar con él. - La chica sonreía y mostraba sus perfectos dientes.
Empezaba a oscurecer ya y apenas pasaba luz por las nubes que siempre cubren el cielo de Londres, pero el pelo de Lana brillaba sin parar.
-Buenas tardes, señorita Donahue. - Decía mientras subía la maleta amarilla, llena de ropa, al maletero del Mercedes negro que conducía. -Sí, antes de venir a por usted lo he dejado en su casa. ¿Se ha hecho algo en el pelo?
-Sí, me he cortado las mechas. Ahora es todo color natural, cuando crezca las volveré a hacer. ¿Te gusta? - No había desaparecido la sonrisa de su cara, pero en sus ojos se podía apreciar que algo más pasaba por su mente.
-Usted siempre está guapa, señorita Donahue. - Al mismo tiempo que decía ésto habría la puerta trasera para que pasara.
-¡Muchas gracias, Frank! Pero os tengo dicho que me llaméis Lana. - Se metió en el interior del coche tranquilamente y se cerró la puerta tras de sí.
En sus ojos había un brillo extraño, una pizca de tristeza mezclada con arrepentimiento. Le di mi número de teléfono antiguo, ahora creerá que no quiero hablar con él y no llamará nunca. Se echaba la culpa de haber cometido ese error y se obsesionaba cada vez más. Sabía que me arrepentiría. Así no es como tienen que ir las cosas. Siguió comiéndose la cabeza durante todo el camino, mirando por la ventana pero sin ver. Pasaron por paredes llenas de carteles que anunciaban conciertos, uno de ellos tenía cinco chicos. En ese momento, al ver el pelo rizado de uno de ellos se dio cuenta de lo mucho que le sonaba.
-Para aquí un momento Frank, por favor. - Inmediatamente después, Lana estaba en frente de uno de esos carteles contemplando la foto de unas personas que había conocido la noche anterior.
-Con que una visita a vuestra tía... Por lo que veo ninguno ayer dijo la verdad. - Seguía mirando, observando cada pequeño detalle, entre ellos el hecho de un cartel rojo tapando el precio de las entradas en el que ponía 'agotadas'. 
Se fijó en las fechas de los conciertos y una idea pasó por su mente. No me puede llamar, pero yo sí puedo ir a verte de nuevo. Hace tiempo que quiero ir a un concierto... Sonrió y un nuevo brillo asomaba a través de sus pestañas. One Direction. Nota mental: buscar su música y comprar entrada. Se dio la vuelta y, con un nuevo brillo asomando a través de sus largas y espesas pestañas, entró en el coche.
-¿Vamos, Frank? - Cerró la puerta tras de sí, y miró por la ventana, girando la cabeza para ver desaparecer el anuncio de un concierto, aunque sabía que para ella significaría mucho más.
Estaban ya llegando a la casa de la familia Donahue, una preciosa casa en la zona de Mayfair. Desde la ventana del coche pudo apreciar su edificio, de color rojo con empedrado en color arena oscuro por la mayor parte de la fachada delantera. Tan solo tenía tres plantas y la del suelo, la segunda entera era de su familia. Siempre le había encantado su casa. Y su habitación. Y la cocina. Y el cuarto que tenía para pintar cuando era más pequeña. Seguía embobada observando su casa a lo lejos, aunque cada vez más cerca, cuando le hablaron y la sacaron de sus ensoñaciones.
-Se me ha olvidado preguntarle antes. ¿Qué tal la celebración de su 17 cumpleaños? - Preguntó Frank.
-Oh, pues muy... - Se acordó de la noche con Harry  y sonrió. -Interesante. Me lo pasé bastante bien.
-Me alegro mucho, señorita Donahue.
-Laaaaaana, me llamo Lana. Y, Frank, ¿crees que mi padre me podría conseguir entradas para un concierto para el que están agotadas? - Cientos de planes le recorrían la mente, uno de ellos era la forma de salir de su casa con el pelo castaño y aparecer allí con el pelo rubio, y la otra era de como librarse de quién quiera que la perseguía desde hacía varios días.
-Su padre haría cualquier cosa, y estoy seguro de que si quisiera podría conocer al cantante. Pero, ahora se lo pregunta usted misma, hemos llegado.
Inventar excusa de que he perdido el teléfono y pedir otro. Pedir pases VIP para el concierto. Difundir nuevo número entre mis contactos. Llamar a...¿a quién puedo llamar?
Mientras esos pensamientos bombardeaban su cabeza, entró en el salón de su casa con un pequeño temor en el cuerpo. Nunca le había pedido mucho a su padre, pero siempre que lo hacía recibía más de una restricción. Esperó que, tras haber pasado por tanto los últimos meses, fuera capaz de entender que lo que quería no era más que un capricho, y que no hiciera preguntas, demasiadas respuesta tendría que dar.
Se escuchaban sus pasos al tiempo que su padre soltaba una bocanada de humo. Fumando, siempre fumando. El señor Donahue era un hombre musculoso y joven, a pesar de que a veces reflejaba mucha edad en su mirada cansada. De ojos castaños y pelo del mismo color, unas cuantas canas empezaban a asomar en su cabeza. El traje era su más común forma de vestir, ya que su trabajo lo requería. Nunca había sido un hombre de familia, pero al separarse de su mujer, tuvo que afrontar la paternidad con una niña de tan solo dos años. Por la mente de Lana pasaron los recuerdos de las cientos de veces que había entrado ahí, sigilosamente, con cara de niña buena, y buscando algo que solo su padre pudiera darle. Nunca se había llevado bien con él, ni parecido, añoraba la libertad que él no le daba y había crecido ocultada, aunque esto sí se lo agradecía. Pensó en la última vez que su padre había estado orgullosa de ella, y fue cuando le anunció su relación con el hijo de su socio; la única vez que lo había visto sonreírle de verdad... Suspiró y se sentó en la butaca de enfrente, esperando que se diera cuenta de su presencia. Tras varios minutos de incertidumbre y sin dejar de apartar la mirada de los papeles que leía, habló.
-¿Y bien? - Su tono cortante hizo que a Lana se le erizara el vello de la nuca, pero tenía que hacerlo.
Se directa, es lo mejor. 
-He perdido el teléfono y quiero un número nuevo. - Su padre asintió con la cabeza, ya que sabía que había algo más bajo esa petición. - Y entradas VIP para el concierto de One Direction.
-¿Por qué ambas cosas deberían de ser un problema? - Habló con indiferencia, con un tono tan duro que a Lana se le inundaron los ojos en lágrimas.
-Están agotadas. - Logró decir con la voz etrecortada; durante varios minutos su padre la ignoró por completo, haciendo como si no existiera y centrado en sus papeles. -Papá, por favor...
El hombre levantó la mirada, con una ceja elevada y expresión de sorpresa. Tardó varios segundos en hablar, y durante ese tiempo Lana solo podía pensar en qué le castigaría su padre en esta ocasión, no se equivocaba.
-Ya te avisaré de cuándo las recoges. Y con respecto a lo del teléfono... me parece que esta semana te lo vas a pasar bien encerrada en casa. - Dio una última calada a su cigarrillo y lo apagó, dando por finalizada la conversación con su hija, que se levantó y se fue sin mediar palabra, pero una sonrisa apareció en su rostro al pensar que volvería a ver al chico de los ricitos y los preciosos hoyuelos.
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¡NIALL ESTÁ EN MÁLAGA Y YO VOY A IR A VERLO! Bueno, quien dice 'ir a verlo' dice 'darse un paseo que dure todo el día por Marbella rezando para encontrarselo', pero algo es algo. Y me he puesto taaaaaaan eufórica al pensar que está a menos de cuarenta kilómetros de mi que... bueno, he subido jajaja Espero que os guste. Ya sabéis, si queréis que avise twit a @livingin1Derlan y hago followback si me sigues :3 Os quiero mucho mucho, más que la trucha al trucho.

miércoles, 4 de julio de 2012

Capítulo 3

4 de Marzo, Cardiff, Gales. Habitación de Harry.
-Lana, apenas me conoces y estás borracha. No me voy a quedar a aprovecharme de ti. - Harry lo dijo muy serio y mirándola sin sonreír, ya sin jugar con su voz. -No voy a hacer nada contigo de lo que mañana puedas arrepentirte.
La única reacción que provocó en ella fue la risa. De su boca fueron emitidas varias carcajadas que extrañaron a Harry y lo hicieron fruncir el ceño.
-Solo quiero hablar. - No había vuelto a abrir los ojos pero gracias al tono de su voz se percibía que estaba bastante despierta.
-¿De qué? - Aún inseguro, se sentó en el borde de la cama.
-Túmbate a mi lado. - Ahora lo observaba, detenidamente, fijándose en los pequeños detalles que se pasan siempre por alto.
-No sé si es buena idea... - Antes de que terminara de hablar, ésta le había cogido un brazo y lo había empujado hasta tumbarlo.
-Solo hablar... - Lo dijo en un susurro, un pequeño murmullo al oído de Harry que lo convenció totalmente.
-Di entonces de qué quieres... hablar. - Mientras decía ésto, Lana lo había girado y puesto sus brazos alrededor de su cintura, quedando abrazados.
-De ti. Quiero conocerte rizitos. - Acariciaba sus manos de forma suave, cuidadosa, como si se fueran a romper. -Tienes unas manos preciosas...
-¿Quieres hablar de mis manos? - Seguía hablando lentamente, pero esta vez había una sonrisa pícara en sus labios que se reflejaba también en sus ojos.
Tras una pausa en la que ninguno de los dos dijo nada, le respondió.
-¿Quieres saber la verdad? - Lana se dio la vuelta, de forma que sus caras quedaban de frente y solo les separaban unos pocos centímetros; Harry asintió levemente con la cabeza. -En realidad, quiero besarte hasta dejarte sin aire desde la primera vez que te vi.
Lo dijo en forma de susurro, suavemente, como si del viento se tratara. Lo miraba a los ojos, sin bajar en ningún momento la intensidad y los sentimientos que expresaban. Poco a poco, milímetro a milímetro, al mismo tiempo que sus párpados bajaban, sus caras se acercaban. Podían sentir la respiración del otro, escuchar los latidos de su corazón. Apenas los separaba el aire de la habitación cuando sus labios se juntaron. Un pequeño roce, una sensación mínima, una suave caricia al corazón. Se separaron y se acercaron, echando de menos el sabor de sus labios.
Ya no era un simple contacto, ahora eran besos de verdad. La mano de Harry descendía suavemente por la espalda, la cual estaba al descubierto por el escote del vestido. Bajaba lentamente tocando cada una de las curvas de Lana; su hombro, su cintura, su cadera... Conforme volvía a ascender levantaba la falda, hasta sacársela por completo a través de la cabeza. Durante los segundos que no se pudieron besar, la pasión se avivó entre ellos. Sus labios se reencontraron, sus lenguas jugaban al compás de su respiración. Mientras seguían sin separarse, Lana desabrochaba uno a uno y con rapidez los botones de la camisa de Harry, hasta acabar por quitársela de una forma que parecía desesperada.
Puso su mano en su pecho, tocando sus abdominales y bajando a la parte del pantalón. Con un juego de dedos desabrochó el cinturón tan fácil como si de respirar se tratara. Al mismo tiempo, Harry deshacía el cierre del sujetador color champagne de Lana. Justo después, mientras ella hacía desaparecer todo lo que cubría sus piernas y su cadera, él bajaba sus pantalones y ropa interior, quedando ambos desnudos. Durante unos segundos se separaron. Se observaban tocándose dulcemente, controlando la pasión que recorría sus venas en ese momento y mirándose intensamente a los ojos.
-Mañana, cuando puedas pensar, te arrepentirás. - La intentaba advertir, pero en su mirada solo apareció un brillo indescifrable.
-Si lo haces bien, no. - Y se lanzó a él, juntándose y uniéndose en un solo cuerpo.
Tiempo después.
Ambos se encontraban desnudos, tumbados en la cama y abrazados. Habían dejado de respirar entrecortadamente y los latidos de sus corazones se habían calmado. Harry le acariciaba el pelo, pasando su mano suavemente con los dedos medio abiertos a través de su cabello. Lana simplemente observaba el techo.
-Todavía sigo queriendo hablar de ti. - Dijo, mientras miraba hacia arriba y parecía completamente ausente.
-Pero mi vida ya me la sé. Quiero conocerte mejor. - Seguía acariciando su pelo, derritiéndola con ese pequeño gesto que a ella le encantaba.
-Pregunta. - Pero no tendrá muchas respuestas. No me puedo arriesgar a que descubra nada. 
-Edad. - Ojalá que no sea muy  pequeña...
-18. - Empiezan las mentiras.
-¿De dónde eres? - Londres, Londres, Londres, que diga Londres.
-Londres. - Al menos en ésto sí puedo decir la verdad...
-¿Por qué estás aquí?
-Varias cosas se torcieron en mi vida y quería despejarme. - Si supiera la verdad...
-¿Qué cosas? - Que no sea nada raro, por favor.
-¿Y tú? - No le digas la verdad.
-Ya te lo hemos dicho, una visita a nuestra tía. - No le digas la verdad.
-No me lo creo. - Se levantó y apoyó su peso en el codo, mientras se apartaba el flequillo, el cual llevaba hacia abajo y en ese momento estaba completamente despeinado.
-Créete lo que quieras, pero - Antes de que pudiera continuar, Lana apoyó sus labios en  los de él y lo calló con un beso.
-No me importa. Y, como ya dije antes, si lo hacías bien no me arrepentiría. - Volvió a besarlo y se subió encima de él.
-¿No te cansas nunca? - Entre beso y beso la pasión volvía a desatarse entre ambos.
-No, ¿y tú? - Sonrió mientras empezaba a mordisquear su cuello, bajando lentamente hasta el pecho.
-No. - Y volvieron a fundirse en uno solo.
6:58 pm. Cardiff, Gales.
Lana abrió los ojos, deslumbrada por los rayos de Sol que entraba por la ventana y con un dolor de cabeza que deseó no volver a tener nunca. Medio cegada por la luz consiguió levantarse para ir a mirar la hora. Abrió el pequeño bolso de mano en color rojo, exactamente igual que el de los tacones, y fue a sacar el móvil. Mierda. Había olvidado que ya no lo tenía. Ahora tenía que conseguir un nuevo aparato y un nuevo número. A papá no le va a gustar nada ésto... Mientras pensaba eso, vio el móvil de Harry en la mesita de noche y se acercó a ver la hora. Que guapa es su madre. Las siete, ducha y me voy. Volvió a dejar el iPhone donde lo había cogido y se dirigió al baño. Se recogió el pelo en un moño mal hecho y lo sujetó con un bolígrafo que encontró por la habitación.
El agua caliente le sentó bien y la relajó mucho más de lo que ella se esperaba. Cada día tenía las ideas más claras y estaba más segura de qué es lo que quería. La vida es un juego, pues juguémosla. Se decía a sí misma, sabiendo lo que eso significa en su historia.
Salió de la ducha, se secó y entró de nuevo en la habitación completamente desnuda, llevando tan solo el pelo suelto a la espalda. Se puso su ropa interior, las medias y el vestido. Se agachó entonces a recoger sus tacones y, al levantarse, pudo ver por la ventana el frío. Sí, ver. Se podía observar en como la gente se escondía bajo sus abrigos del viento gélido que corría y utilizaban sus bufandas como escudo. Parecen tortugas. Sonrió por su propia comparación y se acercó a la maleta de Harry para cogerle algo de abrigo. Le pareció perfecto un jersey de lana rojo, del mismo color que los tacones y el pequeño bolso de mano. Se lo puso por encima del vestido y, aunque le quedaba un poco largo, se apreciaba un pequeño filo blanco, haciendo el efecto de llevar una falda.
Ya preparada para irse miró por última vez a Harry, el cual todavía dormía. Entonces su parte más sensible apareció y se sintió mal por no haber podido darle las gracias. Tras cerrar los ojos y asumir que después se arrepentiría de ésto, cogió el bolígrafo y un papel y escribió una nota:
"Me he tenido que ir y hacía mucho frío en la calle, espero que no te importe que te halla cogido un jersey rojo. Llámame y te lo devolveré. Muchas gracias por todo y dáselas a los demás de mi parte también. Hasta la próxima, Harry.
                                                            Lana xx "
Puso su número de teléfono y salió por la puerta sin mirar hacia atrás. Bajó en ascensor los 19 pisos que la separaban del suelo y desde la entrada pudo ver la multitud de chicas que se amontonaban en la puerta. ¿Por qué dondequiera que están estos chicos hay un grupo de niñas chillando? Con estos pensamientos que no le parecieron importantes, se alejó de allí subiéndose a un taxi.
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Hola holita amorcitos :) ¿qué os ha parecido? A mi este me gusta muuuuchio, un poco perve el capítulo la verdad, pero está chachi ^^. Me acabo de hacer polyvore y no sé cómo pero he acabado con un nombre que ni yo sé de dónde ha salido (claudi-claqui) y si alguna me sigue o lo que sea que se haga allí, y me ayuda con él, pues yo seré feliz jajajaja y nada eso, espero vuestras opiniones:) y ya sabéis, si queréis que os avise twit a @livingin1Derlan . Os loveo mucho.

lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo 2


Noche del 3 al 4 de Marzo de 2013, Cardiff, Gales.
-Harry tío, nada más entrar ya tienes a todas las chicas a tus pies. - Dijo Louis provocando un coro de risas entre sus amigos.
-¿Qué dices, tío? ¡Te miran a ti! - El chico de los rizitos se defendió, provocando más risas.
-¡Calla! Yo tengo a mis zanahorias y no necesito nada más... - Dijo y posó de forma femenina.
-¿A mi no me necesitas? Louis, creía que lo nuestro era especial... ¡Me has decepcionado! - Harry se llevó el brazo a la cara haciendo como que se secaba unas lágrimas inexistentes.
-¡Oh! Lo siento Hazza, espero que puedas perdonarme porque te amo con todo mi corazón. - Mientras decía ésto, una sonrisa de no haber roto nunca un plato aparecía en sus labios.
-Te perdono solo si me das un beso... - Antes de que pudiera terminar ya se le había abalanzado y había hecho como que le robaba el aire por los labios. -¡Pero tío, que has hecho que se vayan las chicas!
-¡Calla que tienes novia! - Al mismo tiempo que estas palabras eran pronunciadas por Liam, Zayn le daba un golpe en la cabeza a Louis.
En ese momento otro grupo de chicas se acercaron a ellos y se separaron, comenzando así la noche. Bailaron, bebieron, disfrutaron y Harry intercambió saliva con varias chica. ¿Entendéis, no? Pero el pasarlo bien tiene sus consecuencias y una de ellas es lo rápido que pasa el tiempo. Antes de que quisieran darse cuenta, eran las tres y la furgoneta que los llevaba de vuelta al hotel los esperaba a la salida. Resignados y queriendo quedarse muchas horas más, fueron recolectados uno a uno por Liam y obligados a subir.
-Tío...¿de verdad que tenemos que irnos ahora? Pero me refiero a 'ahora, ahora, ya'. Es que estaba con una chica...
-Harry, cállate que ya que ibas a por la cuarta. - Louis lo interrumpió mientras lo miraba con odio y el culpable agachaba la cabeza.
Entonces empezaron a contar anécdotas de la noche. Mientras ellos pasaban el tiempo entre historia e historia una chica rubia de pelo casi blanco aparecía, completamente aturdida y corriendo con los tacones en la mano, de un callejón.
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Llevaba corriendo mucho tiempo, no era apenas capaz de recordar cuando había empezado. ¿Quién la perseguía y por qué? ¿Qué es lo que quería? ¿A quién se lo podía contar? Se llevó las manos a la cabeza, la cual parecía que le iba a explotar. ¿Dónde estoy? Creo que me he perdido. Sus pensamientos vagaban del desconcierto a los intentos por pensar con claridad, sin éxito, debido a la elevada cantidad de alcohol en sus venas. ¿Cual era mi hotel? ¿Cómo voy a llegar? Tengo que hacer algo... Mientras sus piernas se movían a mucha velocidad, ya casi por costumbre, sus pies se resentían. Oh, Dios, los tacones. En ese instante en el que se agachó a quitárselos, el hombre que la perseguía reapareció por una de las esquinas. Al sentir sus pasos detrás suya, el suspiro que emitían sus labios se cortó. Corre, más rápido, más. ¡Huye! Su instinto la guiaba ahora, con el corazón paralizado por el miedo y estando demasiado ebria para pensar. Entonces salió del callejón en el que se encontraba y apareció en una calle principal. Perfecto, ahora solo tengo que hacer que un coche me lleve a donde quiera que esté mi hotel... Antes de terminar de asimilar sus planes, el ruido de una gran furgoneta negra al frenar la sorprendió en mitad de la carretera. Oh, mierda... Fue lo último que pudo razonar, dentro de lo que cabía, antes de desmayarse.
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 Por un momento, un instante que duró suficiente como para cometer un error, se olvidaron que eran famosos y salieron. Abrieron las puertas de la furgoneta que los llevaba a su hotel y se acercaron a la chica que yacía en el suelo. Su precioso vestido blanco, con un escote redondo en  la espalda y pedrería muy fina en los hombros, se encontraba manchado por la suciedad del suelo, los tacones que llevaba en la mano esparcidos a su alrededor y el pequeño bolso que le colgaba del hombro se había abierto.
-¡Hay que llamar a una ambulancia! -Liam, el que era como un padre para todos, cogió inmediatamente el teléfono y marcó el número de urgencias.
-¡Liam, para! Nos tenemos que ir de aquí y no podemos dejarla tirada. -Niall se había percatado de lo que se les venía encima.
-¿Por qué? ¡Pero necesita un médico! - Mientras decía ésto se giraba en la dirección que seguía la mirada del joven rubio.
-¡Mierda! - Louis también lo había visto.
-Tíos nos tenemos que ir ya o las fans se nos comerán, a nosotros y a ella. - En ese mismo momento Louis la cogió en sus brazos y los cinco chicos corrían al interior de la furgoneta.
-¡Vaya al hospital más cercano! - Zayn apremió al conductor para que arrancara lo antes posible ya que las chicas más rápidas habían alcanzado su coche y golpeaban los cristales.
-¿Y ahora qué hacemos? - La preocupación de los chicos se podía notar en sus voces, en como miraban por la ventana sin saber qué hacer y en como, inconscientemente, jugueteaban con los móviles o cualquier cosa en sus manos.
-¿Y si se despierta? - Harry habló mientras la miraba con el ceño fruncido y observaba como sus párpados comenzaban a moverse. -Porque creo que le queda muy poco...
Dejó la última frase en el aire y todos la miraron de nuevo. Comenzaba a respirar más fuertemente y su pecho subía y bajaba con mayor rapidez de la habitual.
-¿Por qué no le hacemos nuestro saludo? Así, si es Directioner, al menos habrá tenido algo bueno del mal rato que tiene que estar pasando. - Louis hizo sonreír a todos los presentes y acordaron que sería eso lo que harían.
Todos se encontraban más relajados cuando la chica comenzó a mover las manos y a levantar la cabeza. Apoyó sus brazos en el asiento en el que se encontraba y entreabrió los ojos.
-¿Dónde estoy? - Con apenas un hilo de voz pronunció estas palabras que demostraban que estaba despierta, aunque eso no signifique atenta.
-¡Hola, nosotros somos...! - Comenzaron a pronunciar los chicos todos a coro cuando la joven hizo un gesto con la mano para que pararan.
-Me da igual quiénes seáis. Me pitan los oídos... - Mientras decía ésto, los chicos se miraban entre ellos, atónitos. -Bueno, ¿qué es lo que queréis?
Abrió por fin los ojos, de color verde selva, y todos pudieron ver como estaban enrojecidos. Ninguno sabía qué hacer o decir. Tampoco es que estuvieran muy lúcidos, ya que el alcohol hace su trabajo bien, pero aún así la situación los desconcertaba. Se encontraban pensando en quién podría ser esa chica cuando Liam, el único que no había bebido, habló.
-Un gracias por haberte recogido cuando te has desmayado, pero poco más. - Todos lo miraron sorprendidos de la seriedad de su respuesta, pero no les extrañó que se comportara de forma rara dada la poco común situación que estaban viviendo.
-¿Gracias? Lleváis días persiguiéndome y ahora que me tenéis me decís que solo queréis un gracias por "salvarme"...Ésto es surrealista. - Volvió a tumbarse al decirlo, levantando el brazo derecho, apoyándolo en su frente.
-¡Eh! Que nosotros no te hemos perseguido. Es más, no te habíamos visto en la vida. Y ahora sí que no te perseguiremos con lo antipática que eres. - Louis intervino en este caso y les sacó, como siempre hacía, una sonrisa a todos.
La chica tardó varios segundos en asimilar la respuesta, pero una vez transcurrido ese tiempo abrió un ojo y miró con recelo al chico que lo había dicho. Llevaba un rato mirándolo cuando intervino Harry, desviando su atención.
-Yo sí que te he visto antes, yo y todos. - Lo dijo lentamente, con una sonrisa pícara en sus labios.
-¿Seguro? Yo a vosotros... - De pronto se levantó rápidamente y tardó varios segundos en recobrar la compostura y perder el mareo. -¿Sois los chicos del hotel? ¿Tú eres el rizitos?
-¿La chica que nos dio los buenos días? - Preguntó Zayn mirando a Niall.
-Esa misma. ¡Oh, Dios! Pensaba que erais otras personas. ¡Qué alivio! - Cerró los ojos y sonrió con un poco de cansancio. -Me debería de haber presentado en ese momento, sois todos muy guapos.
Lo dijo mirando a Niall, el cual se enrojeció y miró a Zayn, que lo observaba con burla en la mirada.
-Bueno, ¿quieres saber quiénes somos o nos vas a volver a interrumpir? - Harry no había dejado de mirarla en todo el tiempo con una sonrisa que marcaba sus preciosos hoyuelos.
-Con que me digáis vuestros nombres para daros las gracias me basta. Yo soy Lana. - Le devolvió la mirada y la sonrisa y por un momento la tensión sexual entre ambos se hizo palpable.
-Harry. - Lo dijo lentamente, como si su nombre fuera la técnica de seducción más fácil, rápida y efectiva. -Harry St...
-He dicho que solo nombres, solo los de pila. Cuando conoces el apellido la cosa se complica. - Había desarmado completamente al chico del pelo rizado, que simplemente la miraba mostrando que había ganado esa batalla, pero no la guerra.
-Yo soy Louis.
-Liam.
-Zayn.
-Niall. - Los iba mirando uno a uno, como dándoles el turno de palabra para hablar.
-Pues "Harry", Louis, Liam, Zayn y Niall, muchísimas gracias a todos por haberme... salvado. - Sonrió de la forma más dulce que una persona puede sonreír estando borracha y ralentizando el primero de los nombres. -Ahora, si no os importa decirme dónde vamos...
-Al hospital. - Le respondió Liam, haciendo que reaccionara de forma brusca.
-¡No! Cambiad la dirección ahora mismo. No puedo ir al hospital, no puedo. Se enteraría mi padre y... ¡me mataría! ¿No me podéis llevar a otro sitio? - Empezó a sentirse mal y se tumbó de nuevo, pero las náuseas no desaparecían.
-Te habías desmayado, ¿dónde esperabas que te lleváramos? - Niall la miró y vio su cara de asco. -¿Quieres salir a vomitar?
-Sí, por favor... - Se tocaba la barriga, intentando que se le pasara el mal estar, pero no lo conseguía.
Zayn, que iba más cercano al conductor, le pidió que parara y éste lo hizo inmediatamente después. No había tráfico a esas horas y, nada más salir, Lana expulsó toda la cena y las copas de la noche.
-Oh, que asco... ¿Alguno me pasa un pañuelo? Tengo dentro de mi bolso. - Liam le bajó uno y ella se limpió. -Muchísimas gracias, de verdad. ¿Me quedo aquí o me lleváis a mi hotel?
-Anda, sube. No podemos dejarte tirada, te hemos cogido cariño ya. - Le sonrió y la ayudó a volver a subir. -Zayn, dile al conductor que cambie de ruta, otra vez.
-¿Nueva dirección? - Miró a la chica, que tenía el ceño fruncido tratando de recordar cuál era la calle de su hotel.
-¿Vosotros recordáis la dirección? - Los miró a todos de forma suplicante, esperando que alguno supiera la calle dónde estaba el lugar en el que se alojaba.
-Nos topamos con el hotel por casualidad... - Niall iba a continuar hablando cuando Harry lo interrumpió.
-Dile al conductor que nos lleve a nuestro hotel. - Zayn le hizo caso y todos lo miraron extrañados, pensando que se había vuelto loco o ciego y había dejado de ver a la chica, o ambas opciones a la vez. - Lana puede dormir en mi habitación y yo me voy con Louis.
-¿No sois de aquí? - Los miraba extrañada, clavando sus preciosos ojos verdes en el último que había hablado e intentaba asimilar toda la información, pero aún le duraba la borrachera.
-No, nosotros estamos aquí que esta mañana hemos dado un... - Harry se abalanzó encima de Louis para hacerlo callar.
-Te quiero, Louis. Nunca me abandones. Eres mi vida amor. - Pero mientras en voz alta decía estas palabras, en un susurro pronunciaba otras. - No le digas quiénes somos.
Ambos se levantaron, ya que habían caído al suelo de la furgoneta y se arreglaron un poco.
-Que esta mañana hemos dado una visita a nuestra tía. - Terminó la frase lanzándole una mirada asesina a Harry, el cual le sonreía de forma infantil.
-¿Sois todos familia? - La chica no era capaz de asimilar que todos fueran parientes, no les encontraba ningún parecido.
-Sí, bueno, primos lejanos lejanos. - Harry fue el que respondió, ya que era el único capaz de pensar en lo que estaba pasando, al fin y al cabo había sido idea suya no decir nada. -¡Ya hemos llegado!
Subieron sin conversación alguna en el ascensor; todos seguían aturdidos por lo sucedido esa noche y no sabían qué decir ni de qué forma para romper el silencio. Al llegar a la planta 19 del hotel en el que se alojaban, giraron hacia el pasillo de la derecha. La primera habitación era la de Liam, seguida por Zayn, después Niall, Louis y, por último, Harry. Ambos, Lana y el chico del pelo rizado pasaron dentro de la habitación. Al ver que lo miraba de una forma rara que no supo identificar que significaba, le explicó el motivo por el que aún seguía ahí.
-Vengo a darte algo de pijama y mi portátil, pero ya me voy. - Seguía hablando lento, intentando seducir a su interlocutor, fuera quien fuera.
Tumbada en la cama con los ojos cerrados y en postura fetal, Lana habló en apenas un susurro. Fue una sola palabra, una que cambiaría muchas cosas.
-Quédate.
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Bueeeeeeeenas:) Este capítulo es un tanto largo, pero como veis ya pasan más cosillas. Se me olvidó deciros que si queréis que os avise enviadme un twit a @livingin1Derlan [está mal escrito, lo sé] y si queréis seguirme en mi personal es @claudiaglow_ . Y solo deciros que no hay mucha gente que lea mi novela, así que si os gusta y no os importa difundirla pues... mejor que mejor! jajaja muchos besos, C. :) xx