You are beautiful

domingo, 18 de noviembre de 2012

Capítulo 15

6 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. Trafalgar Square. 
Ya era la hora, se iba a encontrar con ella de un instante a otro. Tocaba su bolso de vez en cuando, comprobando que aun seguían ahí todos los billetes. Pues sí que le costó la entrada... Empezaba a arrepentirse de su decisión, pero en ese momento le pareció la más correcta; una pobre chica que solo quería cumplir su sueño... no podía dejarla tirada. Y la forma de llorar. Le había llegado a lo más profundo del corazón.
Poco a poco fue apareciendo, con la melena rubia recogida en una coleta alta. Llevaba rimmel y la raya negra, además de una sencilla camiseta de manga larga blanca con coderas oscuras y unos vaqueros. Pensó que esa chica era brillante, que era especial, que había algo en ella que la hacía única... pero no supo decir el qué; como un aura distinta.
Llevaba una dulce sonrisa dibujada en sus rosados labios y en sus ojos se reflejaba felicidad. Andaba tranquila, apoyando con fuerza el suelo bajo sus converse y daba la sensación de que el mundo temblaba a su alrededor.
Una sensación de miedo la recorrió y un mal presentimiento la hizo fruncir el ceño. Qué extraño... Hasta hacía segundos la había visto perfecta, y ahora le parecía... escalofriante, capaz de todo y de pasar por encima de cualquiera que se interpusiera en su camino. Y temió haberse equivocado con ella. Giró la cabeza de un lado a otro, eliminando todas las tonterías que en ese momento pasaban por ella.
Se acercó a ella, ya sonriendo, y la abrazó. Fue débil, suave, con miedo a romperla, pero ella se lo devolvió con fuerza e ímpetu.
-Gracias, - empezó a decir en voz medio baja, procurando que solo Lana la escuchara -, de verdad, me has salvado. - Una lágrima descendió por su blanquecina mejilla. - Mi madre ya se ha dado cuenta de todo el dinero que le falta, está fatal, no sabe qué vamos a hacer este mes...
Su mentón tembló y empezó a llorar desconsoladamente, sin poder parar. Respirando con fuerza y sorbiendo por la nariz. Estuvo minutos así, encerrada en los brazos de la chica rubia que tenía delante y tratando de recuperar fuerzas. Definitivamente me había equivocado con ella. 
Suspiró pesadamente y miró fijamente al suelo, dándose palabras de ánimo.
-Vamos Alexia, no seas niña chica. - Aumentó de tamaño su pecho y fijó sus azulados ojos en los verdosos de Lana. - Lo siento... Todavía no se lo he dicho y... no sé cómo agradecértelo.
Y la rodeó con sus delicados brazos de nuevo, reteniéndola con más fuerza aun. Entonces la más alta se separó un poco y sacó de dentro de su bolso una cajita de metal de promoción de CocaCola de hacía bastantes años. Se la entregó y la vió sorprenderse.
-Ahí está todo. - Le dedicó una dulce sonrisa y añadió. -Me quedaría encantada el resto del día contigo, pero tengo que irme. -Tocó de nuevo la caja, que yacía en las finas y delicadas manos de Alexia. -Dentro está mi teléfono, llámame para lo que sea.
Le guiñó un ojo y le dio un abrazo, para luego alejarse entre la multitud. La pequeña chica rubia se quedó allí, observando a las personas de su alrededor y en como ninguna podría sospechar lo que había dentro de esa caja; y mucho menos lo que haría a continuación. Enarcó las cejas y avanzó con paso ligero hasta la estación de taxis. Próxima parada: miles de libras más y tal vez, a arruinar la vida de esa chica. Soltó una de sus frías carcajadas y entró por la negra puerta del coche que la llevaría a la redacción de la revista.
Casa de Harry y Louis.
-¿Cómo de tarde llega? - La dulce voz de un chico de ojos azules salía de la cocina.
El del pelo rizado suspiró mirando el reloj. Las diez y media. Se quedó unos segundos con la vista fija en la esfera numérica cuando se acordó de que no estaba solo. Levantó la cabeza y se encontró con Louis, que lo observaba con una cerveza en la mano desde la puerta de la cocina.
Le iba a contestar que había quedado justo ahora cuando se escuchó el timbre del portero. Rápidamente, Harry se levantó bajo la inquisitiva mirada de su compañero y fue a cogerlo. Descolgó e, inconscientemente, una sonrisa apareció en sus labios al pensar que volvería a ver a Lana. Tío, estás loco, ¡la viste ayer! Pero ni diciéndose eso a él mismo consiguió acallar los latidos de su corazón, que ahora estaban acelerados.
-¿Si? - Preguntó pulsando el botón que lo comunicaba con el portero.
-Señor, el repartido de The Hummingbird Bakery está aquí. - Su entrecejo se frunció en un gesto de sorpresa.
-¿Pasteles? Pero si yo no he... - Soltó el botón y miró a su derecha.
Y ahí estaba, Louis tirado en el suelo muerto de la risa con la cerveza sujetada por dos débiles dedos. Le lanzó una última mirada de odio y se volvió a comunicar.
-Sí, dígale que suba. - Bajó el mango de la puerta y la dejó entreabierta.
Avanzó hasta Louis que le tendió una mano pidiéndole ayuda para levantarse mientras seguía sin parar de reír en el suelo. Harry lo levantó y, en cuanto estuvo en el aire, le pegó en la nuca.
-¡Eh! - Se quejó el agredido. - Me despiertas a las diez un sábado, y encima que hago que te traigan el desayuno, me lo devuelves así. Además, te lo debía por lo de ayer... - El chico del pelo rizado le lanzó una mirada de odio y empezó a andar hacia las escaleras.- ¡No sé cómo seguimos siendo amigos!
Chilló mientras Harry subía las escaleras al piso en el que se encontraban las habitaciones. Entonces se dio cuenta de que ya estaba vestido y preparado para la visita que venía, y que estuviera en esa parte de la casa no podía significar nada bueno.
Echó a correr subiendo los escalones de dos en dos y se encontró lo que más temía.
-No, Harry, eso sí que no. - Levantó las manos en señal de rendición, de una paz que no aventuraba nada bueno entre esos dos individuos. - Deja las tijeras donde yo pueda verlas...
Pero el delincuente las cerró alrededor de la prenda que sostenía entre sus manos. Los ojos de Louis se salieron de sus órbitas y se lanzó hacia su amigo, que apretó más fuerte la tijera para pararlo.
-¿Has quedado ya con Eleanor? - Preguntó sin separar ni un milímetro el afilado metal, que rozaba peligrosamente la delicada tela.
-S...sí. - Intentó acercarse lentamente pero su amigo frunció con más fuerza el arma entre sus manos, lo que hizo que se separara y mantuviera su gesto pacifista. - Vamos Harold, la camiseta del partido no... por favor...
Pero el del pelo rizado no se apiadó de él. Con una mirada que exigía respuestas rápidas, habló como él siempre hacía, lento y grave.
-¿Te vas a ir ya? - En los ojos del preguntado apareció un débil brillo.
-Sí. - Se atrevió un poco más, deseando que su tortura tocara a su fin. -Vamos, H, que sabes que esa camiseta es importante...
El nombrado con una sola letra enarcó una ceja y dibujó una sonrisa con un deje infantil y un débil brillo de superioridad.
-Entonces ya sabes qué hacer... - Pero el que llevaba unos pantalones rojos no se movió ni un ápice, así que   volvió a hablar con su profunda voz: - Y no vuelvas hasta mañana.
Su compañero suspiró cerrando los ojos. Se dio la vuelta lentamente y, tras dos pasos, giró la cabeza y dijo con pesadez en su voz:
-Ya sabes que esa chica... - Pero no puedo terminar la frase cuando el timbre de la puerta sonó.
Harry bajó las tijeras y la importante camiseta suspirando y poniendo los ojos en blanco, mientras Louis respiraba aliviado. El de los ojos azules bajó lentamente las escaleras mientras el del pelo rizado entraba de nuevo en la habitación de su amigo y colocaba con cuidado la tela en el armario. Después fue a su propio cuarto y vio los cojines perfectamente colocados, la colcha estirada y completamente lisa, las suaves cortinas recogidas en unos preciosos lazos de tonos ocre... Nadie pensaría que era el lugar donde duerme un chico normal de 19 años; aunque claro, él no era normal.
Suspiró pensando en todo lo que había cambiado su vida, y sin darse cuenta sonrió. No sería un chico cualquiera que va a la universidad cada día, pero tenía la vida de sus sueños; y había conocido a una chica especial. Escuchó vagamente la conversación entre Louis y el repartidor y salió, cerrando con cuidado la clara puerta. Descendió con una sonrisa dibujada en sus finos labios.
-He pedido todos los que te gustan, - retumbó la voz dulce voz de su amigo en el piso de abajo, -hasta los caros esos, los que tienen animalitos de glasé...
Ambas miradas se encontraron y el del extraño peinado puso cara de burla mientras entraba a la cocina.
-Para que luego me abandones por una chica... -Paró durante un segundo mientras se volvía a asomar, ya sin la bandeja en la mano y observaba la cara divertida de Harry con una ceja levantada. - Y encima como ella... ¡Y no me defiendes!
El benjamín continuó con su expresión mientras hablaba, pero por alguna razón no perdía la felicidad, se sentía tan afortunado en ese momento...
-¿Qué pasa con ella? - Se apoyó en la blanca pared de su amplia y luminosa cocina. -¿Por qué no te gusta, Louis?
El aludido se quedó parado durante un segundo sujetando el pomo de la gran y metálica puerta del frigorífico; acto seguido lo apretó con fuerza y la abrió, haciendo retumbar las botellas de cristal del interior. Con cuidado, y aun ignorando a su amigo colocó la bandeja de cupcakes en la tercera balda y dobló más la espalda hasta llegar al cajón de las verduras. Entonces cogió un manojo de zanahorias y se acercó a la mesa.
Miró a Harry, que seguía en la pared apoyado y se sentó en uno de los oscuros taburetes. Bajó la cabeza haciéndole un gesto de que fuera, al cual obedeció sin problemas.
-¿Y bien? - Su grave y modulada voz dio paso a que su compañero empezara la explicación.
-Veamos, - separó cinco zanahorias y las puso todas juntas encima de un bote decorativo. -Supongamos que estos somos nosotros en el coche la noche que la conocimos.
Cogió a dos de ellas y las levantó, empezando a hablar con voz aguda.
-¡Oh Louis, eres el mejor! Te quiero mucho, eres mi vida, ¡no me dejes nunca! - Al que representaba el vegetal empezó a reír descontroladamente encima de la clara encimera mientras que el de los pantalones rojos lo acercaba al muñeco que era él. - No, Harry, no puedo. ¡Tengo novia! Pero te amo igual, no me dejes nunca.
Las lágrimas por la risa descendía por las mejillas del chico de los hoyuelos, que no podía más que ver la parte divertida de la vida, además, ¿qué era lo más difícil de ella aparte de andar por la calle sin echarse fotos?
-¿Ese es el problema, -respiraba entrecortadamente mientras que a su amigo se le escapaba alguna que otra carcajada y hacía como que daba pequeños besos con sus representaciones; - que nosotros zanahoria nos queremos mucho?
Puso los ojos en blanco y sacó su BlackBerry con una sonrisa dibujada en su rostro. Bajo la atenta mirada de su compañero, que escondía el resto de su cara en sus brazos, la colocó delante de "ellos".
-No, Hazz, éste es el problema. - El aludido frunció el entrecejo, aun con la húmeda marca de la risa. - Que a simple vista parece lo mejor de lo mejor, - entonces sacó la batería del móvil y cerró de nuevo la tapa, -pero no hace falta mucho para darse cuenta de que falla algo.
Levantó la mano con el negro aparato, que ahora apenas pesaba, dando a demostrar que ese era el evidente fallo.
-¿Lo peor? - Dejó la BlackBerry cerca de la batería y juntó ambas manos, apoyándose en sus codos y mirando directamente a los verdes ojos de su amigo. - Hay algunos señoritos de pelo rizado que solo son capaces de ver lo bonito que es el recubrimiento brillante de la funda.
Durante cerca de un minuto permaneció todo congelado: la conversación, la cocina, el reloj del móvil.
-Así que por eso no me gusta Lana. - Se levantó y guardó de nuevo las zanahorias, mientras que Harry no se movió ni un milímetro. - Esconde algo... y no es bueno.
Y lo averiguaré por ti. Se prometió a sí mismo mientras cogía las llaves de su coche y salía sin mirar atrás por la pesada puerta de su casa.
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HOLA HOLAAAAAA hoy no ha pasado un mes, eso es "bueno" aunque el capítulo es caca. Y nada, eso, que este capítulo lleva escrito muuucho tiempo, y da la casualidad que decido publicarlo cuando todo lo de Larry y tal... y es que además trata muchos de los temas que se están discutiendo pero bah, en el anterior estaban enfadados y en este están perfectamente, y así espero que sea todo con ellos siempre:) Por cierto, ¿qué es lo que creéis que hará Louis para averiguar cosas sobre Lana? Y el principio del capítulo, la revista a la que va Alexia, ¿qué pasará cuando las fotos salgan a la luz? JUJU
P.D.: quiero tantos coments como en el otro, porfis :')

6 comentarios:

  1. Te mereces todo lo bueno.

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  2. Me encanta, mucho. Louis y Harry tienen una preciosa amistad (tanto en la realidad como en tu novela) y Louis se preocupa por él. Espero que las fotos no salgan a la luz al final. Siguiente :3 @IamMaríaSmile.

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  3. Hola Claudiaa, aqui @Laritamelgarejo otra vez, porque te puse un simple comentario en twitter, pero claro, en 140 letras no puedo expresar todo esto tan kaksdlqlsndksls.
    Mira, no se como lo haces pero me matas, cada vez que subes lo haces y en realidad me alegro de que seas tu la que me hace morir.
    Te mereces toda la atención del mundo, miles de comentarios. Porque tu novela es lajsslqlsjdhsls y dudo, sinceramente, que encuentre alguna parecida, gracias por hacerme soñar los cinco minutos que he estado leyendo.
    Admiro tu trabajo y el tiempo que le pones a la novela, te mereces todo lo que te dan y más.
    Obviamente te amo.
    Att: Tu fan número uno.
    (Ahora no estoy inspirada para escribirte un comentario emotivo, lo siento :/)

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  4. Por si lo dudabas, la del primer comentario soy yo.
    Y te quiero mil millones de infinitos al cubo.
    "Y AQUI TU MEJOR FAN SOY YO, ¿VALE???????" EA.

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  5. NUEVA LECTORA! Me encanta tu novela, me encanta como escribes enserio eres genial:) Por cierto el otro dia encontre una pagina que pensé " le puede servir para no tener que describir la ropa que lleva lana siempre" Es esta: http://www.polyvore.com Ya pillarás como va.. Aver si te gusta jiji SIGUIENTE<3

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No me importa lo que digas, siempre es bien recibida una buena crítica, pero lo que sea, desde el respeto por favor. Gracias, eres hamor ^^.