6 de Abril de 2013, Londres, Inglaterra. 10:37 am, casa de Louis y Harry.
Miraba el reloj a cada segundo después de haberse ido Louis. Tal vez lleve razón y oculte algo... Ladeó la cabeza y se colocó el pelo bien de nuevo. En ese momento bajó la vista y observó cómo iba vestido: una simple camiseta blanca con las costuras en azul, vaqueros oscuros y converse blanca; algo sencillo, al fin y al cabo, ¿iba a acabar sin ella? Puso los ojos en blanco y dibujó una sonrisa, pero la quiero.
Se levantó y fue al frigorífico para ver qué cupcakes había comprado su amigo y se sorprendió. Allí, en los pastelitos, había un mensaje escrito en glasé rojo: no duermo en casa. Su sonrisa se ensanchó y no pudo evitar una carcajada. Entonces, sin previo aviso, empezó a desternillarse sin control, pero antes de querer darse cuenta escuchó levemente el sonido de la puerta. ¿Qué se abrá dejado Louis? Se preguntaba vagamente, sin darse cuenta de que si fuera él, hubiera abierto con sus llaves.
Cogió el móvil de su bolsillo derecho y se acercó a la puerta sin mirar por donde iba, sin despegar los ojos de la luminosa pantalla. Dando pasos inconscientemente, llegó y abrió. No se atrevía a pensar en los número que veía que le decían que ella ya llegaba 20 minutos tarde e ignoraba el sentimiento que lo recorría por dentro de que no aparecería. Unos pies pasaron bajo su descentrada mirada, pero no fue la visión lo que le hizo levantar la cabeza, sino el ruido de tacones. ¿Qué hace Louis con... Y al levantar sus preciosos ojos verdes la encontró a ella, sonriéndole pícaramente.
Al principio se quedó parado, creyendo que tal vez fuera la vecina del tercero, que estaba constantemente subiendo a su casa pidiendo sal, y cada vez con menos tela recubriendo su cuerpo... Pero no, allí estaba ella, y él apenas se lo podía creer. ¿Por qué no puedo pensar que sea real? ¿Qué me está pasando? Pero sí que sabía la respuesta a esa pregunta, se llamaba enamorarse y ya lo había sentido antes.
-Bueno... - empezó a decir Lana, ya que veía que Harry no iba a hacer nada-, supongo que el beso te lo tendré que dar... yo.
Rápidamente se acercó a sus finos labios y los presionó, al principio con dulzura, con la suavidad típica de una niña que acaricia el rubio cabello de su muñeco, pero después la pasión llegó a ellos. Lentamente acompasaban sus respiraciones, las manos de ella se entrelazaban con los suaves rizos de él, cuyas manos recorrían la espalda de la chica que sujetaban. Con un fuerte y potente movimiento la levantó y ella cruzó sus delgadas piernas alrededor de su cintura.
La pasión se avivaba entre ellos a cada segundo que sus labios permanecían en contacto, pero el ruido de la puerta al cerrarse por el viento los despertó. ¿Qué está haciendo? Se separó de ella y la dejó caer lenta y suavemente al suelo, como si se fuera a romper. Sus tacones resonaron en el parqué y crearon un silencio desgarrador. El ceño de Lana se encontraba fruncido, así como los labios de Harry, que se morían por hablar.
-¿Qué ha pasado? - El fuego que ardía entre ambos verdes parecía enfriar y calentar al mismo tiempo toda la estancia, que no era para nada pequeña.
-Juegas conmigo. - No era una pregunta, sino una afirmación, que ambos se dieron cuenta de que provenía de lo más profundo del corazón.
Pasó un tiempo que a los dos se les hizo eterno, unos segundos llenos de incertidumbre y tensión, llenos de pensamientos... pero con pocos latidos. Nada parecía tener sentido en ese momento, nada parecía significar lo que significaba segundos antes, nada parecía seguir la misma dirección...
Lana se movió cuidadosamente dentro de la sala, sin mediar palabra con el chico del pelo rizado que lo miraba con expresión indescifrable. Anduvo con tranquilidad hasta el salón, observando detenidamente cada pequeño detalle; las cortinas de un suave dorado que daba calor, las lámparas de diseño con miles de pequeñas lucecitas que parecían estrellas, un gran ventanal que dejaba ver las preciosas vistas de la ciudad. Había visto muchas casas, en los lugares más bonitos del mundo y con los muebles más cuidadosamente elegidos, pero había algo en aquella que la hacía especial. Dio vueltas con los ojos y entonces lo descubrió, era esa pared cubierta de fotos. Había carteles, cartas, todo tipo de recuerdos enviados por fans, peluches en el suelo y cientos de muestras de amor hacia ellos dos. Sonrió con dulzura y se sentó en el sofá de cuero marrón, quitándose los zapatos y cruzando las piernas bajo su cuerpo.
-¿Y tú conmigo no? - Levantó los ojos con una pizca de indiferencia brillando en su profunda mirada. -Te lanzas desde el principio a decirme lo que sientes, pero no eres si quiera capaz de ver que tienes miedo.
Enderezó la espalda y sonrió débilmente, rozando sus espesas y negras pestañas con algún pelo del flequillo. El chico del pelo rizado frunció el ceño sin entender a qué se refería.
-Todavía tienes a ese gran amor escondido en lo más profundo de tu corazón, y te asusta; - se levantó con sutil elegancia y apoyó sus delicados pies en la suave y clara alfombra que destacaba en la oscura y cálida madera.
Fue andando lentamente con pasos de bailarina mientras movía delicadamente la cadera hasta situarse detrás de Harry, que la observaba moverse con una mirada brillante y los labios fruncidos. Se colocó en su espalda y acercó su boca a la escondida oreja del chico.
-Pero la mejor manera de superar los miedos, - empezó a decir con un susurro que lo hizo estremecerse de arriba a abajo; -es enfrentarse a ellos.
Se adelantó y miró hacia atrás sonriendo con los ojos. Entonces se revolvió el pelo y se alejó de vuelta al sofá andando de la misma forma. Harry se quedó observando con los puños cerrados inconscientemente como se ponía sus botines negros y se miraba las manos con curiosidad, enseñando sus largas uñas pintadas en un rojo pasión. Su casi blanca melena refulgía con la grisácea luz que entraba del gran ventanal y sus negros ojos contrastaban con su blanquecina piel. De pronto algo le trajo a la memoria muchos momentos de su vida en los que nunca creyó que volvería a pensar, pero había algo raro en ellos...
Movió la cabeza de un lado a otro y olvidó completamente esos últimos segundos, justo a tiempo para oler la colonia de jazmines de Lana y verla salir por la puerta con tranquilidad. Oyó tras él el golpe y su corazón se encogió. Igual que la última vez. Los azules ojos de Caroline aparecieron delante suya brillando, el sabor acaramelado de sus labios volvió a su paladar, el sonido de su voz retumbó en sus oídos, fue capaz de sentir el tacto de su suave piel de nuevo bajo sus dedos y el sutil aroma a vainilla que desprendía su pelo lo cautivó de nuevo. Cerró los ojos con un dolor en el corazón que creía desterrado para siempre tras conocer a Lana. Lana...
De pronto sus pies empezaron a moverse más rápido de lo que nunca creyó que lo harían tras una chica en la que su corazón sí creía. Las imágenes de su anterior novia habían aparecido fuertes y sin avisar, pero las de ella brillaban más que nunca en su interior. Notaba su corazón palpitar a gran velocidad mientras bajaba las escaleras de los quince pisos que lo separaban del suelo. ¿Por qué demonios nunca están los ascensores en la última planta? Llegó a la planta baja sin aliento y apenas aire, pero a tiempo. Las puertas se abrieron tras un 'clic' y ella salió, con la mirada gacha y sin sonreír. Pero antes de que pudiera darse cuenta se lanzó a ella ávido de sus besos.
Los labios de él se encontraron con los de ella, y el impulso los hizo entrar en el ascensor. Harry pulsó el botón del último piso mientras acariciaba su cuello suavemente con dulces besos.
-Ayúdame a superarlo. - Se separó de ella y la miró a los ojos, reteniendo su cara con las manos y frente contra frente. -Déjame demostrarte que el miedo no va a ganar la batalla. Que puedo hacerte feliz, que puedo volver a estar con alguien...
Paró durante un segundo. El tiempo parecía haberse detenido y Lana se dio cuenta de que su sonrisa brillaba más que nunca. ¿Qué está pasando? Tenía la respuesta a esa pregunta, pero no estaba aun preparada para si quiera pensar en ella. Entonces Harry volvió a hablar, haciéndole soñar de nuevo con tener esos labios presionando contra los suyos.
-Déjame demostrarte que te quiero. - Algún día seré capaz de volver a decir yo lo mismo.
Y con este último pensamiento se lanzó a él, entregándole sus besos, su cuerpo, su tiempo. Y, sin saberlo, su corazón...
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Tamborileaba con los dedos en la pared de aquél gran y brillante ascensor. La espera se le estaba haciendo eterna, y los nervios empezaban a recorrerla. Odio que estas revistas siempre tengan que tener las vistas en lo más alto. Miraba de un lado a otro con los ojos entrecerrados sin parar ni un segundo. De pronto se escuchó un 'clic' y las anchas puertas se abrieron, dando paso a una blanca recepción. La decoración minimalista reflectaba la luz que entraba tras las paredes de cristal y hacía que la estancia pareciera aun más grande de lo que era.
Alexia se acercó con pasos firmes a la mesa de la recepcionista y carraspeó, esperando ser invitada a hablar. Una chica de grandes ojos marrones y el pelo rubio y corto levantó la mirada. La observó durante unos segundos y volvió a bajar la vista, tecleó un par de palabras en el ordenador y marcó el uno en el teléfono. Segundos después se escuchó el sonido de haber descolgado y la recepcionista habló:
-Voy a acompañar a la chica hasta su despacho. -Acto seguido pulsó el botón rojo y se levantó. -Sígame por aquí, por favor.
La chica de los ojos azules avanzó con una sonrisa de superioridad pintada en su suave e infantil rostro. Había algunas personas trabajando con sus ordenadores, imprimiendo fotos o simplemente limándose las uñas, y al final de ese gran piso, estaba la oficina a la que la llevaban. La mujer tocó la puerta con suavidad y se escuchó un grave y profundo 'adelante' proveniente del interior. Le abrió la puerta y pasó, cerrándose tras ella sin ningún ruido.
Por un momento se quedó sin respiración, el hombre que se encontraba en frente suya observándola la miraba amenazante y nunca antes nadie había sido tan imponente. Pero fue solo un pequeño instante tras el que se recompuso y empezó a avanzar con paso firme hasta sentarse en el sillón de cuero que le estaba esperando. Sin mediar palabra, metió la mano en su bolso y sacó el teléfono móvil. Buscó las imágenes y lo bloqueó de nuevo.
-Como ya sabrá, - empezó a decir el hombre con su profunda voz, e hizo que un escalofrío recorriera todo el cuerpo de Alexia, - está usted en una revista en la que trabajan profesionales, entre los que me incluyo yo. He de aclararle, - continuó mostrando fiereza en el tono de su voz, -que los sábados por la mañana no entran en mi horario de trabajo y que si estoy aquí es por única y exclusiva petición suya. Así que, al menos, podía haber tenido la decencia de una presentación adecuada a la situación.
La chica se quedó de piedra. No recordaba haber tenido más miedo en su vida, de hecho no recordaba tener miedo desde hacía años, pero había algo en el hombre que tenía en frente que parecía intimidarla más que nada en el mundo. Quería hablar, pero las palabras no salían de su boca. El hombre, suspirando y mostrando una sonrisa de impaciencia en su cara, habló de nuevo.
-Pero muéstreme, vamos, - empezó a decir con un cierto tono de burla, -no sea tímida y ya que me ha hecho perder el tiempo, que al menos haya valido la pena.
Sin ser capaz de decir nada desbloqueó el teléfono, marcó la contraseña y le enseñó la primera foto del beso . Algo en su mente se activó cuando vio que el hombre parecía bastante interesado en ellas, así que rápidamente apartó el aparato de cerca suya.
-Como verá, -Empezó a decir intentando parecer calmada, -su tiempo ya ha sido pagado con la primera de las fotos. Ahora, - una sonrisa con una pizca de malicia apareció en su rostro, -yo también tengo que ser recompensada. -Cogió el móvil y pasó a la siguiente de las imágenes. -Y estoy segura de que el dinero a cambio será mucho mayor con... esto.
La foto de la cara de Lana apareció delante del hombre, que se quedó atónito. Le sonaban ese verde, esa sonrisa, ese achinamiento de ojos en las fotos... La hija de Donahue. Inmediatamente bajó el teléfono, sabiendo que esa fotos no podían salir a la luz.
-Seis mil libras. -Dijo con potencia y determinación en su voz. Los ojos de Alexia se abrieron de par en par, nunca habría sido capaz de esperar tantísmo dinero, -y la exclusividad de que nunca nadie más verá esas fotos.
-Trato hecho. -Dijo con la voz más firme que pudo, pero en su interior la felicidad la embriagaba.
¿Cuánto dinero más me vas a dar, eh, Lana?
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IMPORTANTE: he perdido la lista en la que tengo apuntada a la gente que aviso, así que si me lo decís de nuevo pues... mejor. De todas formas yo apuntaré de nuevo a la que avisé la última vez. Y si no quieres que te avise más me lo dices y listo:)
Mes y medio y aquí estoy de nuevo. Juju. Espero que os haya gustado al menos, voy a ver si puedo subir más a menudo pero no creo, porque apenas escribo ya y tengo más proyectos en mente y pfpfpfpfpfpfpfpf. Y nada eso, que felices fiestas a todas y que espero que estéis pasando unas buenas y merecidas vacaciones:). Por cierto, ¿qué pasará con las fotos de Lana y Harry? Porque recordemos que ella es una persona anónima y que él está acostumbrado, pero ¿cómo afectará esto en la forma en la que Lana actúa junto a Harry? Lalalalalala.
MADRE MÍA. CAPITULAZO. Me encanta, siempre me encantan tus capítulos porque me encanta como escribes y como te expresas. Ay, Harry *-* asdfghjk Siguiente :3 @IamMaríaSmile.
ResponderEliminarWow, me encanta.
ResponderEliminarEspero que escribas pronto, porque es una pedazo de novela.
Aquí tienes mi twitter, por si puedes avisarme: @ohsweetstyles.
:) x
CAPITULAZO, por fin vuelves, se te echaba de menos:) Soy @meerystyles me encantaria que me avisaras:) .x
ResponderEliminarsoy muy fan de tu novela.. adoro como escribes.. como cuentas esta historia tan bonita..
ResponderEliminaradoro cada parrafo de cada capitulo y me gustaria saber cuando volveras a subir..
estoy deseando leer el siguientee !
por cierto me llamo Sonia :P
Dios!!! Es genial , dudo que encuentre otra historia tan buena como esta, es la mejor, ¡¡Me has dejado con intriga!!
ResponderEliminarDios!!! Es genial , dudo que encuentre otra historia tan buena como esta, es la mejor, ¡¡Me has dejado con intriga!!
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